JERUSALÉN LA CELESTIAL . . .


Sobreedificando sobre el fundamento Cristo


Es menester que: todos los reyes que reinan y señores que gobiernan (1 a Timoteo 6:15) que vivimos en el planeta  tierra, pero que somos ciudadanos de los cielos (Filipenses 3:20); que ya estamos trasladados al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13) por lo que en los lugares celestiales ya estamos bendecidos con toda bendición espiritual en Cristo (Efesios 1:3); ministros competentes del nuevo pacto, 2 a los Corintios 3:6, embajadores en nombre de Cristo (2 a los Corintios 5:20) y santos del nuevo pacto; dioses hijos del Altísimo (Salmos 82:6 y Juan 10:34) cuyos espíritus perfectos (Hebreos 12:23) estuvieron escondidos con Cristo en Dios (Colosenses 3:3) hasta que Cristo completó una vez y para siempre por medio de una sola ofrenda nuestra reconciliación (Hebreos 10:14); hablemos una misma cosa, que hablemos un mismo lenguaje, 1 a los Corintios 1:10.

El Señor nos dio un pacto antes de los tiempos de los siglos, 2 a Timoteo 1:9, el cual le ratificó a nuestro padre Abraham, Gálatas 3:15-18. En ese pacto el Padre Eterno estableció que seríamos bendecidos en Cristo, Gálatas 3:17. De acuerdo a la revelación, el apóstol Pablo nos enseña que ya estamos bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales, Efesios 1:3.  Este pacto fue hecho con todos nosotros antes de la creación del mundo en Cristo, es decir, que lo que llamamos el nuevo pacto nos fue enseñado por el Padre antes que fuéramos destituidos de la gloria de Dios, Romanos 3:23.  Es la razón por lo que Cristo en los días de su carne dijo: ... todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí, Juan 6:45.

Dado que somos ciudadanos de un reino diferente, pues somos de una familia diferente, la familia de la fe, somos de un mundo diferente.  Amados, es menester que entiendas, que somos embajadores de un reino diferente.  Por eso es que andamos en el espíritu, es decir, andamos como dioses.  Todo este conocimiento, solamente lo podemos recibir por la revelación del único apóstol que Dios llamó para nosotros, los que éramos llamados en el otro siglo: gentiles en cuanto a la carneAl final de ese siglo malo, nuestro apostolado era reconocido por los once apóstoles de Jesús en los días de su carne, como el apostolado de la incircuncisión, administrado por el apóstol Pablo, Gálatas 1:15-16; 2:7-8. El apostolado de la circuncisión era el cierre de la ley, razón por la que los once se quedaron predicando y guardando la ley de Moisés, el vino viejo, el cual mezclaron con la doctrina de Cristo del principio, llamada la leche espiritual de la Iglesia, pues ellos no recibieron la revelación de los misterios.

Nos revela el apóstol Pablo que por fe Abraham habitó como extranjero en la tierra de la promesa como ajena en tiendas morando, con Isaac y Jacob los coherederos de la misma promesa [10] porque aguardaba la ciudad que tiene los fundamentos, de la que artífice y hacedor es Dios, Hebreos 11:9-10. Se fijan amados hermanos, que aunque Abraham nuestro padre habitó en la tierra de la promesa en sombra, la tierra de Canaán, habitó en ella como un extranjero porque sabía que esa no era la tierra de la promesa, el le creyó a Dios por fe y así esperaba la ciudad con fundamento.

Vivían en tiendas temporeras figura de la naturaleza temporera de carne y sangre para entrar en la ciudad con fundamento, la Jerusalén de Arriba que el apóstol de la circuncisión Juan en su Rollo Profético llamado Apocalipsis llama la Nueva Jerusalén, la cual vio descender del cielo desde Dios, Apocalipsis 21:2.  En el verso [10] el apóstol de la circuncisión Juan continúa su profecía diciendo: Y me llevó en Espíritu sobre un monte grande y alto y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo desde Dios. Es menester que entiendas, que al único monte donde podemos subir en el Espíritu es el monte de Sion.

La ciudad de Jerusalén de Arriba es la ciudad con fundamento, Gálatas 4:26. El problema es que el sistema religioso ha enseñado a los niños en Cristo, los creyentes ignorante de la  revelación dada a través de Pablo, único apóstol para este pacto, a esperar la remodelación natural de la Jerusalén que estuvo abajo, Gálatas 4:25. El apóstol Pablo te revela en 1 a los Corintios 3:10-11 que él como sabio arquitecto puso el fundamento de esa ciudad y nadie mas puede poner fundamento. Ahora nosotros sobreedificamos sobre ese fundamento ya puesto por el apóstol, no para edificar la ciudad que ya está completa porque está formada por todos los Espíritus perfectos redimidos o reconciliados con Dios por él mismo, sino para anunciarle las buenas nuevas a todos los redimidos de Dios que tienen que participar de carne y sangre conforme al propósito de Dios.

Por eso unos sobreedifican con materiales del evangelio o noticias de la circuncisión, el mensaje que sirvió de enseñanza inicial o leche a la Iglesia en su infancia, y otros lo hacemos en las buenas noticias de la gracia o revelación de todos los misterios de Dios, que al principio se le llamaba el evangelio de la incircuncisión

También te invito a leer el verso [24] que dice Y las naciones mediante la luz de ella, y los reyes de la tierra traerán la gloria de ellos a ella. Las naciones son las familias de la tierra de la promesa dada a nuestro padre Abraham que serían bendecidas por el fiel creyente Abraham en su Simiente, la cual es Cristo, Gálatas 3:14-16. Esos reyes de la tierra somos los hijos del Dios Altísimo, recuerda que él es Rey de reyes. Nuestra gloria es Cristo como nos revela y enseña el apóstol Pablo en 1 a los Corintios 1:31 y 2 a los Corintios 10:17 conforme nos revela también en Romanos 5:11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios mediante el Señor de nosotros Jesús Cristo, por medio de quien ahora la reconciliación recibimos.

Por eso, nos revela y enseña el apóstol Pablo en 2 a los Corintios 1:12-14 como es que nos gloriamos, como es que lo hacemos: Porque la jactancia (también se traduce al español como: gloria, la palabra griega kaúkhesis) de nosotros ésta es, el testimonio de la conciencia de nosotros, pues en santidad y sinceridad de Dios, no en sabiduría carnal, sino con gracia de Dios, nos condujimos en el mundo, y más especialmente ante vosotros. [13] Porque no otras cosas os escribimos que las que leéis o también entendéis, y espero que hasta el final entenderéis, [14] como también nos entendisteis en parte, que gloria (o jactancia) de vosotros somos, lo mismo que también vosotros de nosotros en el día del Señor de nosotros Jesús.

El testimonio de la conciencia de nosotros es confesar todo lo que ya somos en Cristo en santidad y con sinceridad, somos perfectos, sin pecado delante de Dios y estamos resucitados que es lo mismo que decir que ya tenemos vida eterna, pero todo eso es en el Espíritu, no en carne y sangre que ninguna de las dos cosas heredó en el reino de Dios, 1 a los Corintios 15:50.

Recuerda las palabras de Cristo aún en los días de su carne en su biografía según Juan 3:6 Lo que ha nacido de la carne, carne es,  y lo que ha nacido del Espíritu, Espíritu es. También el verso 6::63 del mismo libro dice: El Espíritu es lo que vivifica, la carne no aprovecha nada; las palabras que yo os he hablado, Espíritu son y vida son. Creo que lo subrayado no necesita sobre edificación a menos que seas un niño en Cristo como los que señala Pablo nuestro apóstol en 1 a los Corintios 3:1-3. Recuerden bendecidos, en la Jerusalén de Arriba somos gloria o jactancia de Cristo por medio de la revelación del apóstol, así como el apóstol es gloria y jactancia nuestra en Cristo, de los cuales los hermanos de las primicias fueron los recipientes iniciales del mensaje.

Como última cita del Rollo Profético llamado Apocalipsis que habló de la ciudad con fundamento en profecía, te citaré el verso 27 del capítulo 21 que dice: Y de ningún modo entrará en ella (la Nueva ciudad de Jerusalén) toda cosa inmunda y el que hace abominación y mentira, sino sólo los que han sido escritos en el rollo de la vida del cordero. Sobreedificando sobre el verso anterior lo haré a la luz de la revelación del apóstol Pablo. Pero fíjate que después de manifestarse la nueva ciudad, los que no estaban preparados para entrar en ella se quedarían afuera, como sucede ahora.

Empecemos leyendo desde Efesios 2:8. En el verso 8 se nos recuerda de manera absoluta que todos nosotros ya fuimos salvados por gracia mediante una sola ofrenda como enseña y revela Hebreos 10:14. Por gracia significa que sin haber ninguna acción en lo absoluto de nuestra parte fuimos salvados. De esa misma manera fuimos destituidos y declarados en naturaleza de pecado en el primer Adán, por eso Dios es perfectamente justo. Con una sola participación todos los hijos de Dios fuimos muertos en el primer Adán, y con una sola ofrenda grata fuimos reconciliados todos de igual manera en un día, tal y como lo prometió para la nueva creación de la nueva tierra por medio del profeta Zacarías 3:9.

Nos continúa enseñando y revelando el apóstol Pablo en el verso 9, que no es por obra como sucedía en la ley o antiguo pacto durante el período de la sombra que no tenía poder para reconciliar a nadie, sino por medio de la fe que nos fue dada por Jesús Cristo el autor y consumador de la fe, Hebreos 12:2. Por tanto, nadie puede gloriarse o jactarse en su presencia de que hizo algo para ser salvo. Te repito, todos los hijos de Dios ya están reconciliados una vez y para siempre. El evangelio de la gracia no es para anunciar arrepentimiento de obras muertas, sino para darte la buena noticia de que ya todo fue realizado por nuestro Dios mismo como había prometido por los profetas. Dios mismo vino a reconciliarnos o salvarnos de la naturaleza de pecado, la cual destruyó o redujo a la impotencia, Isaías 33:22, 35:4 y Hebreos 2:14.

En Efesios 2:10 se nos revela que nosotros somos hechura suya, fuimos creados en Cristo para las buenas obras que fueron preparadas de antemano para que ahora andemos en esas obras durante nuestra visita a este planeta. ¿Sabes cuáles son las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas? Que confiese con tu boca y creas en la mente de Cristo, sirviéndole a Dios con el corazón o nuevo hombre interior creado según Dios, Efesios 4:24, todo lo que el Señor Jesús Cristo hizo para nosotros. Que ya estamos reconciliados con él para siempre; que estamos resucitados, que en este nuevo pacto reinamos en vida cuando confesamos que somos perfectos, sin mancha ni arrugas; que somos sin pecado delante de su presencia; que somos santos; que somos Espíritus puros; que ya recibimos la herencia en el Espíritu; que somos una congregación o pueblo de primogénitos; que somos reyes, señores y dioses; que somos ministros y embajadores del reino celestial; que somos ciudadanos celestiales porque no somos de este mundo; que somos el Israel de Dios o los verdaderos hijos de Abraham, la verdadera circuncisión. Que somos una nación que nació en un solo día como lo profetizó Isaías 66:8. Que Cristo está en reposo y nosotros con él, porque si él es el Rey de Paz como lo figuró Melquisedec, la guerra o enemistad se terminó en su reino, por eso ya está reinando, etc., etc., etc.

Nos recuerda el apóstol Pablo en el verso 11, que al final del mundo antiguo, el de la ley o antiguo pacto que terminó en el año 70, que en ese viejo mundo llamado en los días de él "el presente siglo malo"  los hijos de Dios que éramos de origen gentil en cuanto a la carne, es decir, en cuanto a lo natural, éramos llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha a mano en la carne, otra forma de decir los hijos de la ley o antiguo pacto. También en el verso 12 revela que estábamos separados de Cristo, estábamos excluidos de la ciudadanía de Israel y éramos extranjeros respecto al pacto de la promesa, sin esperanza y sin Dios, desconocíamos que Dios es nuestro Padre. A eso vino Dios mismo en Jesús a la tierra, a llevarnos a nuestra casa de nuevo. Pero todo es en el Espíritu como es Dios y como nos enseña el verso 13.

Si hermanos, leamos ahora Efesios 2:14 hasta el verso 18 y entendamos de una vez y por toda porque Cristo es nuestra paz o reconciliación, pues de los dos grupos: judíos y gentiles hizo uno solo pueblo para siempre. Para eso fue necesario quitar la pared que nos dividía, la pared intermedia de partición que nos dividía en dos naciones, fue necesario derribar o abolir la ley de los mandamientos en decretos que fueron dados por medio de Moisés, el mediador de ese pacto añadido y temporero hasta que llegara el momento de restaurar todas las cosas, las cuales ya fueron restauras totalmente desde el año 70.

Pero vuelvo y te repito, todo ha sido restaurado en el verdadero orden: en el Espíritu. Tiene que vivir todas las cosas por fe aquí en la tierra. Los dos pueblos fuimos reconciliados en una sola ofrenda, como lo dijo Cristo en los días de su carne registrado en su biografía según Juan 12:32 cuando dijo: Y yo si soy levantado de la tierra, a todos atraeré a mi mismo. Recuerda que Jesús anunció que tenía otro rebaño, los gentiles, que tenía que juntarlo con el de los hijos de Jacob, para que fueran un solo rebaño, la Iglesia, dirigido por un solo Pastor, Cristo, biografía según Juan 10::16.

Cristo reconcilió la cuenta de ambos pueblos matando en Jesús en los días de su carne, su tabernáculo de barro aquí en la tierra, una vez y para siempre nuestra enemistad con Dios y nos dio acceso a ambos pueblos por un solo Espíritu al Padre Eterno, nos dio acceso a la ciudad de Dios, la misma que esperaba nuestro padre Abraham. Cristo se circuncidó de la carne para siempre y nosotros fuimos circuncidados en él, Colosenses 2:11.

Continúa el apóstol revelando en el verso 19 al 22 que por eso ya no somos mas forasteros ni extranjeros en la ciudad con fundamento de Dios, sino que somos conciudadanos de los santos y familiares de Dios. Somos los hijos del Dios Altísimo, pero es en el Espíritu como es Dios, nada de esto es en la carne, en lo natural. Fíjate bien que en el verso 21 el apóstol pablo nos revela que el fundamento de la ciudad que fue anunciado o profetizado por los profetas fue confirmado por los dos apostolados

El apostolado de la circuncisión confirmó anunciando con el evangelio de la circuncisión o leche de la Iglesia, que Jesús  a quien ellos conocieron en la carne, había sido hecho Señor y Cristo, Hechos 2:36. Reconocieron la resurrección de Jesús en la carne como correspondía a su ministerio. Fíjense bendecidos que en Hechos 2:30-32 nos confirma que ellos citan lo profetizado por David en el Salmos 89:3-4 y el 132:11 cuando dice que de la descendencia de David en cuanto a la carne levantaría al Cristo (el Mesías) para que se sentase en el trono de David..

El problema es que los apóstoles de la circuncisión todo lo vieron por la carne y la sangre y así pensaron que sería el nuevo orden de Cristo. Fíjense amados bendecidos, que cuando habla de la resurrección de Jesús según indicado en Hechos 2:31, dice que el alma de Jesús no sería dejada en el Hades o lugar de los muertos. El apóstol Pablo revela que el alma es lo mismo que la carne. Continúa el apóstol de la circuncisión Cefas diciendo: ni su carne vio corrupción. El apóstol Pablo nos revela de igual manera, que la carne o cuerpo humano es  la sangre, pero ¿saben una cosa amados? Nos revela el apóstol Pablo en 1 a los Corintios 15:50 que ni la carne o alma, ni la sangre o sangre o carne o cuerpo humano como lo llamó Cefas de acuerdo a la profecía, ninguna de las dos cosas heredó en el reino de Dios que es espiritual.

El apóstol Pablo te declara por doquier que Cristo es el Señor. Te da testimonio que Cristo es Dios mismo que se manifestó en carne . Te revela por todo el evangelio de la gracia, que Cristo es el único Señor, el único Dios verdadero y el único Espíritu Eterno. Por eso te dice finalmente en los versos 20 al 22 Efesios 2, que Cristo Jesús es la piedra angular en quien todo el edificio, el santuario o templo de la nueva ciudad de Jerusalén que descendió del cielo descansa. Por eso es que Pablo nuestro apóstol la llama la Jerusalén de Arriba en Gálatas 4:26, en esos días el templo que Cristo levantó en tres días en esperanza o posición en sí mismo, su cuerpo, crecía hasta ser un santuario santo en el Señor, lo que tenía que completarse al cierre del siglo malo de la ley o antiguo pacto ocurrido en el año 70. Por eso Dios está en reposo, porque él mora en Espíritu en nosotros. Por eso es que somos morada de Dios, pero fíjense bien amados, es en el Espíritu. Carne y sangre no cuenta en este pacto eterno.

Por eso es que nos revela Pablo nuestro apóstol en Hebreos 12:18 que nosotros no nos hemos acercado a un monte palpable y ardiendo como el monte de Sinaí; sino como revela el verso 22 nos hemos acercado al monte de Sion, a la ciudad de Dios vivo, Jerusalén la celestial, a miríadas de ángeles, a la asamblea, es decir, la Iglesia de primogénitos inscritos en el censo de los cielos, los que estamos escritos en el rollo de la vida; nos hemos acercado a Dios el Juez de todos y a los espíritus de justos que han sido hechos perfectos.

Por eso somos embajadores de nuestro reino aquí en la tierra, porque somos ciudadanos del reino celestial de Dios donde estamos trasladados en el Espíritu si creemos por fe a Dios en todo lo declarado por su revelación a través del evangelio de la gracia para el nuevo pacto eternamente y para siempre. ABBA PADRE.

 

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