VINO NUEVO EN ODRES NUEVOS


Sobreedificando sobre el fundamento Cristo


Gracia y Paz a todos los amados que somos el Espíritu cuerpo de Cristo, caminando aquí en el planeta tierra en vestiduras temporeras por causa de su propósito. Amados, es necesario que en esta hora gloriosa para la Iglesia que Cristo ya edificó en los lugares celestiales, que continuemos manteniendo nuestros odres o nuevo hombre interior o vasija espiritual, totalmente llena. Llena de tal modo, que no haya lugar en nuestro hombre nuevo interior creado según Dios en justicia y santidad de la verdad, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 4:24, para otra cosa que no sea la sana doctrina del evangelio de la gracia.

El apóstol Pablo nos revela en la carta a los Efesios 5:18 lo siguiente: Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay desenfreno, sino llenos con Espíritu. La palabra subrayada “llenos” es la traducción de la palabra griega “pleroûthe” que implica una acción continua de mantener llena una vasija, por lo que podemos traducir esa palabra exactamente como: “continuad llenos” porque ya había comenzado el proceso de llenar las vasijas u odres nuevos con la bebida Espíritu Cristo, la doctrina o evangelio de la gracia.

Cuando el apóstol le escribió esta carta a la iglesia que estaba en Éfeso, le estaba ordenando a los hermanos a continuar llenos de Espíritu, llenos de la doctrina de la gracia que habían recibido por medio del apóstol Pablo. Por eso le dice a los hermanos de Galacia en la carta a los Gálatas 1:6 lo siguiente: Me asombro de que así de rápidamente estéis desertando de Cristo, del que os llamó por gracia, a un evangelio diferente.

Eso es lo que el apóstol Pablo estaba poniendo en los creyentes, con la palabra ”continuad llenos,” un verbo imperativo que Reina Valera traduce como: “sed llenos” que da la sensación de que comiencen a ser llenos, contrario a lo que ya estaba sucediendo. Si se detenían del proceso de que sus vasijas estuvieran llenas de aceite o Espíritu, les iba a ser necesario ir a comprar como les pasó a las vírgenes insensatas o descuidas de la parábola.

            El apóstol Pablo nos hace una analogía muy interesante acerca del vino, pues el apóstol nos ordena a continuar embriagados de Espíritu. Cuando se ordena continuar embriagados de Espíritu lo que se nos está ordenado es que estemos en un estado de conocimiento de la doctrina, de tal modo que seamos controlados por el evangelio, ya que nuestra vida está llena de esa gracia revelada por el evangelio.

            El apóstol Pablo también revela en la carta a los Romanos 7:6 otro ángulo sobre este asunto, que nos recuerda lo que significa estar embriagados de Espíritu, cuando dice:

Mas ahora fuimos desligados de la ley, habiendo muerto a aquellos en lo cual éramos retenidos, de modo que sirvamos nosotros en novedad de Espíritu y no en antigüedad de letra.

De modo que en la gracia, hay que andar o proceder en lo nuevo, en la novedad de Espíritu o doctrina de la gracia. Fíjense amados, que el verso en su forma original en el griego no dice “novedad del Espíritu,” sino “novedad de Espíritu.” Parece lo mismo pero es distinto, porque si usamos incorrectamente la palabra “del” nos estamos refiriendo a alguien, en este caso a Dios. Mientras que el término “de” se refiere a algo, se refiere a la doctrina de Dios que es Espíritu como es la palabra de Dios.

Por tanto, la novedad de Espíritu implica estar sujeto a la doctrina de la gracia de Dios y su evangelio, que es para obediencia de fe, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 1:5. En ese Espíritu o doctrina debemos continuar embriagados por mandato del que nos circuncidó en Espíritu, haciéndonos co-participes de las promesas cumplidas a Abraham.

El apóstol Pablo nos revela esta bendita verdad desde otro ángulo cuando revela en la carta a los Romanos 2:28-29 lo siguiente: [28] Porque no en lo manifiesto Judío es, ni la circuncisión en lo manifiesto en carne es; [29] sino que el que en lo secreto Judío es, y circuncisión del corazón en Espíritu, no en letra; del cual la alabanza no proviene de los hombres, sino de Dios.

En estos versos podemos observar también cierta contraposición entre la letra y el Espíritu. El Espíritu representa el nuevo pacto, la gracia o ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, mientras que la letra representa a la ley o viejo pacto, ley del pecado y de la muerte, del cual todos fuimos liberados conforme revela el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 8:2 cuando dice: Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo te libertó de la ley del pecado y de la muerte.

De nuevo, el apóstol Pablo revela en la 2da. carta a los Corintios 3:5-6 el propósito de continuar llenos de Espíritu, de continuar embriagados con la doctrina de la gracia, cuando lo expresa de la siguiente forma: [5] No que de nosotros mismo competentes somos de tener en cuenta algo como de nosotros mismos, sino que la competencia de nosotros proviene de Dios, [6] quien también nos capacitó ministros de un nuevo pacto, no de letra, sino de Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica.  El propósito es que seamos ministros competentes del nuevo pacto, de Espíritu o doctrina de la gracia.

Ahora bien amados, hay un vino viejo del cual deben cuidarse. Deben cuidarse del vino viejo de la ley que bebió y dio a beber Israel natural o mujer ramera por medio de la ley y las obras para justificación de la carne. Fue precisamente esa mujer ramera la que estuvo ebria de la sangre de los profetas, apóstoles y santos, la que crucificó a Jesús, como declaró la profecía ya cumplida del Rollo Profético llamado el libro de Apocalipsis.

El discípulo del ministerio de la circuncisión Juan Marcos recibió a través del apóstol Pablo, que fue el ángel o mensajero de Cristo para darle ese mensaje, lo recogido en Apocalipsis 17:1-2 …Ven, te mostraré el juicio de la ramera grande, que está sentada sobre muchas aguas, [2] con la que fornicaron los reyes de la tierra, y se embriagaron los moradores de la tierra del vino de la fornicación de ella.

También en Apocalipsis 18:3 nos informa la profecía ya cumplida: Pues del vino del furor de la fornicación de ella han bebido todas las naciones, y los reyes de la tierra con ella fornicaron, y los mercaderes de la tierra del poder de la fastuosidad de ella se enriquecieron.

Todas las naciones habían sido embriagadas con aquel vino viejo de ley, las obras de justificación para la carne incluyendo los cultos extraños que no fueron enseñados por Moisés su Mediador. Para deshacer esas obras, para dar a beber vino nuevo, Dios envió el ángel que profetizó Apocalipsis 10:1-2 a quien describe de la siguiente manera: [1] Y vi otro ángel fuerte que descendía del cielo, que estaba envuelto en una nube, y el arco iris sobre la cabeza de él, y el rostro de él como el sol. Y los pies de él como columnas de fuego, [2] y que tenía en la mano de él un pequeño rollo que había sido abierto. Y puso el pie derecho de él sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra.

Ese ángel o mensajero poderoso que Dios levantó, fue el apóstol Pablo, que dio a comer pan del cielo y a beber vino nuevo. Como profetizó el verso 7, cuando ese mensajero dio a comer y beber el evangelio eterno, el misterio de Dios fue revelado, conocimos aquí en el planeta tierra que Dios mismo se había manifestado en carne, como revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a Timoteo 3:16; que el Padre Eterno participó de carne y sangre para efectuar la obra de reconciliación prometida y ya cumplida total y perfectamente, como también revela el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 2:14.

Ese mensajero poderoso puso un pie en el mar o las naciones, los gentiles en cuanto a la carne, a quienes dio a comer pan del cielo y beber vino nuevo y también puso el otro pie en la tierra o pueblo de Israel, porque con un solo mensaje unió a ambos pueblos en uno solo, como revela en la porción de la carta a los Efesios 2:11-22. El vino nuevo se conservó con todas las vasijas u odres nuevos, tanto los gentiles como los judíos del remanente guardado por Dios, pero explotó los odres viejos o vasijas que habían sido preparadas para destrucción en Israel.

Ese ángel o mensajero Pablo, como señala Apocalipsis 10:9-11, le dio a comer a Juan Marcos, como de igual manera le había dado antes a conocer a Pedro, Santiago y a los demás apóstoles y ancianos del ministerio de la circuncisión. Al principio, a ellos les fue dulce en sus bocas, pero cuando tuvieron que recibir que Dios había llamado también a los gentiles en cuanto a la carne, les fue amargo en sus vientres. Fue triste para ellos cuando vieron la triste realidad de lo que estaba aconteciendo con su ministerio de la circuncisión y trataron de vaciar del vino viejo en esas vasijas u odres nuevos, trataron de judaizarlos, como nos informa el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 2:12-14.

Metieron falsos hermanos en medio del ministerio de Pablo para espiar la libertad en Cristo que practicaban, como informa el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 2:1-6. También en un momento quisieron forzar a los gentiles a circuncidarse para no ser perseguidos, como continúa informando en la carta a los Gálatas 6:11-14. Le impusieron mediante la inspección de dos testigos que viajaron con Pablo y Bernabé a su regreso a Antioquia, para asegurarse que la carta de condiciones o cargas de cosas sobre comidas observadas en la ley fueran leídas a los gentiles como nos informa el libro de los Hechos 15:24-29. El apóstol Pablo en su infancia ministerial en la gracia aceptó de ellos varias cosas de  buena gana que luego le pesaron. El testigo Silas fue alumbrado en su limpio entendimiento y se quedó a trabajar como colaborador con Pablo mientras que el testigo Judas se volvió a la circuncisión, como nos informa el libro de los Hechos 15:33 y 40.

Esa bendita verdad de los vinos y de los odres fue enseñada por Cristo en los días de su carne, conforme lo registra su biografía según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 6:63 cuando dijo: El Espíritu es lo que vivifica, la carne no aprovecha nada; las palabras que yo os he hablado, Espíritu son y vida son. El Espíritu o doctrina de Cristo dado por sus palabras o enseñanzas es lo que nos vivifica en el Espíritu de él que está en nosotros. El vino nuevo es su palabra o doctrina, los odres o vasijas nuevas es su Espíritu en nosotros y una cosa es compatible lo uno con lo otro.

El vino viejo por su parte, era figura de las enseñanzas o doctrina de la ley de Moisés. La doctrina de la ley era compatible con la carne o alma como se vivía en la ley o antiguo pacto. Si amados, el vino viejo era compatible con los odres o vasijas viejas: el alma. Por eso dijo Jesús en su biografía según Lucas 5:37-39, en este caso cito el verso 39: Y nadie que bebió del (vino) viejo desea (el vino) nuevo; porque dice: El (vino) viejo bueno es. Lees también en lo escrito por Mateo 9:17 y Marcos 2:22. Eso es lo que le pasa a los amados bendecidos del sistema religioso de hoy, han probado el vino viejo y creen que es mejor que el vino nuevo, pero ese vino se hace amargo en ellos porque son vasijas nuevas en Cristo. Por eso son salvos así como por fuego, porque no reinan en este pacto durante su peregrinación en el planeta tierra.

Amados bendecidos, no se dejen engañar, el vino nuevo es el evangelio de la gracia que es poder de Dios y del cual debemos estar embriagados todo el tiempo. Tomar vino nuevo que es lo mismo que andar conforme a la doctrina del nuevo pacto, es nuestra evidencia de obediencia a la doctrina.

            Gracia y paz a todos los amados y bendecidos por el Padre Eterno Jesús Cristo nuestro Señor, Dios Fuerte o Todopoderoso, es el saludo de vuestro hermano Espíritu (********) conocido en la vestidura como Ramón Urbáez Caminero sobreedificador de este estudio, cuya tema fue recibido por el amado hermano Espíritu conocido en su vestidura como Kelvin Fuentes Rosa.

 

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