EL FIN DEL TIEMPO vs. EL TIEMPO DEL FIN

TERCERA PARTE



Sobreedificando sobre el fundamento Cristo


              En la segunda parte del estudio que realizamos la ocasión anterior, mostramos que las Escrituras en realidad de lo que hablan es del fin de la ley o antiguo pacto que era figurado alegóricamente como el fine de los viejos cielo y tierra, otra forma alegórica de llamar a la ley o antiguo pacto, y no como refiriéndose al fin del tiempo o del fin del planeta tierra o del universo como erróneamente ha estado enseñando todo el sistema religioso. Hoy comenzaremos esta tercera parte estudiando el segundo punto de las cinco partes en que subdividimos la última semana de la profecía de las 70 semanas de años.

            Es necesario que entiendan mis amados que leen estas líneas, que esa última semana o período de siete años finales de la profecía, es la porción más importante de esa profecía, porque es la semana del Mesías Príncipe, es la semana donde ocurriría el evento más importante para todos los espíritus que hemos participado de un cuerpo de carne y sangre. Esa última semana o siete años es la semana en la cual Jesús, el Mesías Príncipe, confirmó el pacto eterno que es antes de los tiempos de los siglos. A la mitad de esa última semana se efectuaría la obra mas importante jamás realizada, porque a la mitad de esa última semana, lo cual fue cumplido perfectamente, se realizaría la reconciliación de la cabeza Dios con su cuerpo dios. Ese día glorioso Dios sería uno, porque se uniría con su cuerpo, la Iglesia, y ese día uno su nombre, porque la cabeza que es Cristo y su cuerpo que es Cristo, aunque colectivamente nos digamos cristianos, estaría bajo un solo nombre: Cristo, como lo había profetizado y registrado en un libro, el profeta Zacarías 14:9

LA PRIMERA MITAD DE LA ÚLTIMA SEMANA (AÑO 27 al 30)

            Desde el día de su unción como Mesías Príncipe, Jesús comenzó su ministerio con gran poder en el Espíritu. El Padre Eterno que hacía  morada en Jesús en los días de su carne comenzó a hacer su labor conforme había sido profetizado. El Señor, cuyo nombre antiguo en la ley y los profetas se escribía JHWH, que algunos veces hemos visto escrito como YHWH, vino a la tierra al y como había sido profetizado en el libro del profeta Isaías 33:22 y 35:1-6 porciones que os invito a comparar con las porciones de las biografías de Jesús escritas por Mateo 11:4-6 y por Marcos 7:37 que nos dan testimonio de ese cumplimiento. También debemos leer en el libro del profeta Isaías 40:9-11 lo cual podemos verificar cumplido al leer la porción de lo escrito en la biografía de Jesús según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 10:11. También leamos la porción escrita en el libro del profeta Isaías 43:10-11 y verifiquemos con el testimonio de la porción escrita en la biografía de Jesús según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 14:8-11. Finalmente, leamos las porciones escritas en el libro del profeta Isaías 43 24-25; 51:12 y 52:6 donde el Señor a la para que indica cual sería su obra profetiza que su pueblo sabría su nuevo nombre: Jesús Cristo..

            Durante los primeros tres años y medio que duró el ministerio de Jesús en los viejos cielo y tierra o viejo mundo de la ley, Jesús enseñó y demostró el acercamiento del poderoso reino de Dios anunciado en el libro del profeta Daniel 2:44 y 7:14 y versos 18, 22, y  27. Jesús estableció el  modelo de en que consistía el poder del evangelio de Dios para lo que en esos días el apóstol Pablo llamó los siglos venideros o siglos que estaban llegando, que es lo mismo que los nuevos cielo y tierra o nuevo mundo o nuevo pacto, conforme es revelado en la carta a los Hebreos 6:5. Esos nuevos cielo y tierra en los cuales mora la justicia y santidad de Dios ya lo estamos viviendo en el nuevo hombre Espíritu creado según Dios desde el año 70 en adelante, cuando la ley o viejo cielo y tierra llegó a su fin.

            Jesús comenzó su ministerio por Galilea como estaba escrito y registra su biografía escrita por Marcos 1:14-15, indicando que el tiempo se había cumplido. Os pregunto mis amados, ¿De qué cumplimiento del tiempo estaba hablando Jesús? ¿Con referencia a qué tiempo son dichas estas  palabras? Solo hay una respuesta porque solamente había una única profecía que establecía cuando exactamente se le iba a poner fin a la ley o pacto añadido en el pueblo de Israel natural. Esa profecía única fue la profecía del profeta Daniel de las 70 semanas de años, donde se estableció un período de 70 semanas de años equivalentes a 490 años desde una señal específica: el decreto del rey Ciro para restaurar de nuevo a la nación de Israel terrenal y su pacto, para completar lo señalado para la casa de Ismael o pacto añadido en la casa de Abraham para ser echado fuera para siempre.

Esos años que comenzaron con el decreto del rey Ciro de Persia, fueron cumplidos consecutivamente, tal y como decretados por Dios, por eso es que revela el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 4:4 lo siguiente: Pero cuando vino la plenitud del tiempo, despachó Dios a l Hijo de él nacido procedente de mujer, nacido bajo ley.

            Veamos que cosas sucederían en esa primera mitad de la semana del Mesías Príncipe, que era la última de la profecía; semana que ocurrió después que se cumplieron los primeros dos períodos de 7 y 62 semanas que sumaban 69 semanas. Para comenzar, leamos primero en el libro del profeta Daniel 9;24 que nos dice a que específicamente vino el Mesías Príncipe y luego en el verso 26 de ese mismo capítulo 9, que nos dice que le sucedería al Mesías Príncipe al hacer su trabajo, que es lo mismo que profetizó y registró en un libro el  profeta Isaías 53:1-12.

            Lo escrito en el libro del profeta Daniel 9:26 a la vez de decirnos lo que le ocurriría al Mesías Príncipe a la mitad de la última semana de la profecía, nos introduce también a la secuencia de lo que le sucedería al pueblo natural en donde se manifestó el Mesías Príncipe. El mismo Jesús Cristo, durante su manifestación en carne enseñó esas cosas restantes, que culminaron con la destrucción de la ciudad de Jerusalén y su templo de piedra levantado a mano; del cual dijo que sería precisamente totalmente destruido piedra sobre piedra.

Enseñó además, que esas cosas ocurrirían a esa última generación de la ley o antiguo pacto delante de Dios. La descripción de todos esos acontecimientos de boca del mismo Mesías Príncipe las puede leer en las biografías de Jesús escrita por Mateo en el capítulo 24, en el capítulo 21 de la escrita por Lucas y en el capítulo 13 de la escrita Juan Marcos. Una narración profética de todo eso lo puedes leer como confirmación, en el Rollo Profético llaman el libro de Apocalipsis, ver el verso 22:18 para que veas por qué lo llamo Rollo Profético.

            La profecía dada a Daniel establecía que el Mesías Príncipe sería cortado, es decir, asesinado o matado violentamente y no tendría ningún beneficio terrenal de su obra. Cristo en la carne a diferencia de David no tuvo descendencia natural para perpetuar su nombre en la tierra, ni fue un rey natural de la casa de David en medio de Israel, tal y como leímos anteriormente por lo profetizado en el libro del profeta Isaías 53:1-12. Así sucedió, porque Jesús fue muerto violentamente por crucifixión como también ya estaba profetizado, a la mitad de esa última semana, cuando confirmó el pacto con muchos.

Te recuerdo de nuevo que el ministerio de Jesús Cristo en los días de su carne duró exactamente tres años y medio. Comenzó su ministerio a los 30 años aproximadamente a finales de septiembre o comienzo de octubre del año 27 para la Fiesta de los Tabernáculos y murió para la última Fiesta de la Pascua delante del Señor en el año 30, aproximadamente para el fin del mes de marzo o principio de abril.

Es necesario que todos entiendan que el reino y la gloria del reino de Cristo son de orden o dimensión espiritual. Recuerden de nuevo las palabras de Jesús: Dios es Espíritu, así le dijo Jesús a la Samaritana cuando le enseñaba frente al pozo de Jacob y lo informa la biografía de Jesús según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 4:24. Lo más resaltante aquí, es recordar lo dicho por Jesús y registrado en lo escrito por Lucas 19:41-44, cuando indicó que Israel teniendo toda la información, no reconoció el tiempo de su visitación por el Mesías.

El apóstol Pablo hablando sobre este asunto en la 1ra.carta a los Corintios 2:6 lo siguiente: [6] Sabiduría (revelación) empero hablamos entre los perfectos; (los hijos de Dios reconciliados) sabiduría empero no del siglo este, (el presente siglo malo o período de la ley o antiguo pacto) ni de los jefes del siglo este, (los líderes religiosos de Israel tales como sumo sacerdote, sacerdotes, escribas, fariseos, saduceos, etc) los que van desapareciendo. Si amados, tal y como revela el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 8:13, ese siglo que estaba desapareciendo o poniéndose viejo y estaba a punto de desaparecer era la era de la ley o antiguo pacto.

EL PUNTO  MEDIO DE LA ÚLTIMA SEMANA (AÑO 30)

             Veamos que continúa diciendo la profecía dada al profeta Daniel con relación a la última semana, la más importante de la profecía, porque fue la semana del ministerio de Cristo en los días de su carne. Fue la semana en la que hizo la obra más importante, la obra más grande y maravillosa jamás realizada para todo los hijos de Dios en el planeta tierra, porque Dios mismo se vistió de carne y sangre para reconciliarnos una vez y para siempre consigo mismo, quitando la muerte o separación, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 2:14.

            Leamos en el libro del profeta Daniel 9:27 de nuevo para que tengamos fresca la información que vamos a escudriñar. El evento principal del punto medio de la última semana de la profecía era la crucifixión del Mesías Príncipe. En esa última semana anunciada por la profecía se realizó el único sacrificio por el pecado para salvación o reconciliación, que tuvo valor delante de Dios. Muy correctamente, el profeta Juan el Bautista, señaló a Jesús como el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo de los hijos de Dios en este planeta, como nos informa muy claramente la biografía de Jesús escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 1:29, 36. El Mesías, que traducido es el Cristo, como lo declara directamente también el libro escrito por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 1:41, quitó el pecado de la tierra en un día tal y como lo profetizó el profeta Zacarías 3:9.

Esa última generación de la ley o antiguo pacto que ya estaba poniéndose viejo y en proceso de desaparecer como nos reveló el apóstol en la carta a los Hebreos 8:13, todavía después de la muerte y resurrección del Mesías continuó celebrando todos los ritos de la ley que ya estaban siendo sustituidos o renovados  por el cumplimiento del nuevo pacto. Sólo faltaban por cumplirse las cosas que desembocaron en el juicio final sobre Jerusalén y su templo, juicio que el Señor hizo en el año 70, cuando aproximadamente unos 40 años más tarde después de su resurrección, le puso fin a la ley o antiguo pacto delante de él al final de esa generación tal y como había prometido haría. El Señor Jesús le profetizó a esa última generación de la ley, que esa generación no pasaría sin que todas las cosas dichas por la ley y los profetas se cumplieran sobre ellos, así lo informa su biografía escrita por Mateo 24:34-35.

            La muerte de Jesús y su resurrección como el Cristo, como el Dios de dioses, como el Rey de Reyes y Señor de señores, trajo de una vez y para siempre el fin del antiguo pacto. Ese fin que fue consumado cuando se cumplió delante del Señor la Fiesta de los Tabernáculos en el año 70, fue la destrucción de Jerusalén y su templo de piedras, para darle paso a la verdadera Jerusalén y al verdadero Tabernáculo de Dios no hecho a mano.  Desde ese día del año 70 en adelante, ninguna cosa perteneciente a la ley de Moisés o antiguo pacto, tiene vigencia en el reino de Dios. Ahora, en el reino de Dios, todas las cosas se rigen por el nuevo pacto, donde se le puso fin al pecado una vez y para siempre, lo cual podemos verificar leyendo en la 1ra. carta de Pedro 3:18 y en la carta a los Hebreos 9:26 y 10:10.

            Dios decretó ese pequeño período de tiempo de su manifestación en carne y sangre, para él mismo venir al tiempo y al espacio, a cumplir con las seis promesas que resumían el propósito de Dios. El resumen podemos decirlo en una corta oración: nuestra redención o reconciliación con él de nuevo. Esas seis cosas que fueron señaladas en la profecía dada al profeta y registradas en el libro de Daniel 9:24 son:

1.      Ponerle fin a la prevaricación.

2.      Poner fin al pecado.

3.      Poner fin a la iniquidad.

4.      Traer la justicia perdurable o eterna.

5.      Sellar la visión y la profecía.

6.      Ungir al Santo de los santos.

           Este lenguaje profético nos habla del propósito de Dios: restaurar o reconciliar a todos sus hijos por todo el mundo consigo mismo. Con su muerte, Jesús consumó todas las cosas, como él mismo dijo en la cruz antes de morir cuando gritó: "tetelestai" que traducido del griego significa: Consumado o completado o perfeccionado es, según lo registró el testigo Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 19:30. Jesús quitó el pecado para siempre, como revela y atestigua el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 9:26 y destruyó al diablo o naturaleza alma del primer Adán para siempre, que tenía el imperio o poder de la muerte espiritual, carta a los Hebreos 2:14; porque en Adán todos fuimos muertos, como también revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:22. Recuerden amados, que el diablo fue el homicida desde el principio, como lo reveló Cristo en los días de su carne según es informado en su biografía escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 8:44. Adán fue en esa naturaleza natural, el alma o existencia en este orden relativo, donde todos los hijos de Dios fuimos muertos o separados espiritualmente de Dios. Adán fue el 'Destruidor" creado por Dios para destruir, como lo declara el libro del profeta Isaías 54:16.

   Fíjense que como revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:21, la muerte entró por un hombre, el primer Adán natural o animal, el homicida donde todos los hijos de Dios fuimos colocados en el principio.  De igual manera, la resurrección o vuelta a la vida espiritual fue realizada por otro hombre, el postrer Adán que es el primer hombre Espíritu quien es Jesús Cristo. Continúa el Consolador revelando a través del apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:22, verso mencionado en el párrafo anterior, que de la misma manera que todos fuimos muertos espiritualmente en el primer Adán, también todos fuimos vivificados o resucitados o reconciliados espiritualmente en el postrer o último Adán que es Cristo.

            Recuerden amados que el primer Adán, el homicida desde el principio, el espíritu o más bien alma viviente que operaba antes en los hermanos, era terrenal, era simplemente un alma viviente, no tenía la vida de Dios en él. El postrer o último Adán que ahora está operando en nosotros los hijos de Dios es del cielo o espiritual, es la vida de Dios en nosotros. Por eso declara el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:47-48 que todos los que son según el primer hombre son terrenales o animales naturales; pero todos los que somos según el segundo hombre que es el Señor Jesús Cristo, somos celestiales o espirituales en nuestro nuevo hombre interior, el nuevo hombre creado según Dios, como también revela el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 4:24.

            El apóstol Pablo muy clara y certeramente revela en la 1ra. carta a los Corintios 15:46 que primero fue necesario que se manifestara lo natural, lo animal o terrenal, refiriéndose al alma viviente que primero operó en nosotros aquí en la tierra, el diablo, o primera imagen mostrada por los hombres en esta creación. De ese espíritu, nos revela el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 2:3, que todos nosotros por naturaleza en otro tiempo fuimos contados como hijos de ira igual que los demás vasos que pertenecen a ese orden. Luego se mostró lo último, la verdadera creación ordenada por Dios desde el principio para este orden relativo, lo espiritual en Cristo Jesús. Por eso también revela el apóstol Pablo que así como fuimos portadores de la imagen del alma viviente en el primer Adán, ahora somos portadores de la imagen del celestial, del Espíritu que es Cristo en nosotros, el segundo Adán, 1ra carta a los Corintios 15:49.

Amados hermanos, todas estas cosas realizadas por Dios a nuestro favor, tenemos que creerlas y vivirlas por el Espíritu por medio de la fe ya consumada por Cristo para nosotros. Esa es precisamente la razón por la que el apóstol Pablo amonesta a andar en el Espíritu y no satisfacer las obras muertas de la carne del primer Adán, a no satisfacer las obras de la naturaleza diablo que ya está muerto y sepultado en nosotros en el tabernáculo de barro mediante una sola ofrenda de Jesús Cristo. Definitivamente, Cristo le puso fin al pecado y a la iniquidad para siempre. ABBA CRISTO.

Al hablar de la justicia perdurable o eterna, es posible hacer varios libros de ese solo tema. Pero quiero para el propósito de estudio, solamente resaltar las siguientes porciones dadas por el apóstol Pablo en la carta a los   Romanos 1:17; 3:21; 3:25; 5:21; en la 2da. carta a los Corintios 5:21 y en la carta a los Efesios 4:24, las cales os invito a leer y examinar con mayor atención, lo cual os doy como un ejercicio. De todas estas citas para que os sirva de ejemplo, resaltaré solamente la de la carta a los Romanos 5:21 que dice:  Para que así como reinó el pecado en la muerte, así también (o de la misma manera) la gracia reine mediante la justicia para vida eterna mediante Jesús Cristo el Señor de nosotros.

Sí amados hermanos, el pecado reinó en la muerte o separación para con Dios, en el primer Adán, en quien todos morimos o fuimos separados de Dios al principio. Fíjense que ese misterio que os acabo de citar estuvo hasta ese momento guardado. El misterio no era que reinó el pecado en la muerte. Fíjense que no dice 'reina" en tiempo presente sino "reinó" en tiempo pasado, porque cuando el apóstol Pablo estaba revelando lo profetizado, ya Cristo había vencido al pecado y a la muerte. El apóstol Pablo puso el tiempo del verbo en pasado, porque aunque ellos estaban en esperanza o posición en Cristo, ya la muerte estaba vencida en la resurrección de Cristo. La muerte espiritual tuvo poder como aguijón desde el homicidio del principio en el primer Adán hasta la abolición de la ley o antiguo pacto en el año 70. El misterio revelado es que la gracia tiene que reinar de igual manera morando el hombre nuevo Espíritu o naturaleza Cristo en nosotros, participando de carne y sangre.

La muerte fue quitada primero en esperanza o posición en Cristo en la cruz, cuando Jesús fue levantado como serpiente para destruir al que tenía el imperio o poder de la muerte espiritual, esto es al diablo.  La muerte o destrucción de la serpiente en la cruz fue simbolizada en lo que hizo Moisés en el desierto, luego de salir de la esclavitud de Egipto y antes de entrar a la tierra prometida, ver el libro de Números 21:4-9. el cumplimiento de esa alegoría hecha por Moisés la vemos anunciada a ser cumplida por Jesús en los días de su carne, según registrado en su biografía escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 3:14.

Finalmente, la muerte espiritual fue quitada de nosotros los hijos de Dios para siempre, cuando entramos en posesión de nuestra herencia; cuando la ley o antiguo pacto fue quitado en el año 70 en la segunda venida de Cristo. Recuerden lo revelado por el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:56 que dice: el aguijón o poder de la muerte era el pecado y el poder del pecado era la ley. Es menester que entiendan la alegoría de lo que significa que sucedió luego de entrada la nación a la tierra prometida. Ninguno de los hijos nacidos luego de entrar a la tierra tuvieron nada que ver con la esclavitud de Egipto, eran libres. así nosotros de la misma manera, los que hemos nacido luego del año 70 hemos nacido libre de la ley, del pecado y de la muerte, por eso es que Dios nos se acuerda más de ningún modo de nuestras iniquidades y de nuestro pecados o naturaleza carne, por eso es que vive en nosotros o es nuestro Dios como revela el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 8:10-12 y 10:16-18.

Es menester indicar, que lo último, el nuevo pacto, sustituyó a lo primero, la ley o antiguo pacto. Pero con la muerte de Jesús en la cruz, todavía el nuevo pacto no había sustituido a la ley o antiguo pacto en los días de transición o período de tiempo entre la resurrección y la destrucción de Jerusalén y el templo como señal de que Cristo había dado fin a la ley. Recuerden que era menester que el antiguo pacto fuera cumplido totalmente para ser quitado delante de Dios, que se cumpliera la última jota y tilde de la ley. Era necesario que el Señor Jesús Cristo mostrara una señal a su pueblo en la tierra de que así había ocurrido. Ese fue el propósito de la señal del Hijo del Hombre indicada por Jesús, que registra su biografía escrita por Mateo 24:30, la destrucción de la Jerusalén terrenal  y su templo de piedra hecho a mano.

El pequeño período de tiempo entre la muerte del Mesías Príncipe y la destrucción de Jerusalén, también fue anunciado por la profecía de las 70 Semanas. Los detalles de ese período fueron dados por otra profecía dada al mismo profeta Daniel como veremos más adelante. Ese es el mismo período profetizado por el Rollo Profético llamado Apocalipsis. Todas esas cosas fueron reservadas para esa misma generación, cosas que no tardaron mucho en suceder como también vimos lo había profetizado el profeta Habacuc.

LA SEGUNDA MITAD DE LA ÚLTIMA SEMANA (AÑO 30 AL 34)

            Ese período de tres años y medio ocurrió entre el año 30 y 34 del primer siglo del primer milenio. Después que Jesús fue muerto como también fue profetizado en el libro del profeta Isaías 53:8, sus discípulos y seguidores permanecieron en Jerusalén como se lo había ordenado el Señor Jesús. Allí a los 50 días de la Pascua, se cumplió espiritualmente la segunda gran fiesta de la alegoría que representó la ley, me refiero a la Fiesta de Pentecostés. La palabra Pentecostés significa 50 y el cumplimiento espiritual de esta fiesta es la recogida de los primeros frutos o primicia de la Iglesia. Eso fue lo que sucedió ese día, se recogieron los primeros frutos o primicia de la Iglesia, que nació a la luz de este mundo en el vientre judío para que se cumpliera la Escritura dada por los profetas.

            Los 12 apóstoles del ministerio de la circuncisión permanecieron los próximos tres años y medio que quedaban de la profecía estrictamente en medio de Israel, específicamente viviendo en Jerusalén como les instruyó Jesús. Es menester amados hermanos, que lean de nuevo en el libro del profeta Daniel 9:24 que comienza diciendo: Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para... Fíjense bien en la palabra "determinadas" que muy claramente señala que el tiempo que Dios fijo para Israel terrenal y su ciudad fue para que se cumplieran las seis cosas que describe el mismo verso. El tiempo determinado o fijado por Dios de 70 semanas de años equivalente a 490 años no fue para destruir a Jerusalén y su templo, sino para cumplir la obra del Mesías Príncipe. La destrucción vendría después, pero fuera del tiempo establecido en esa profecía.

            Vuelvo y les repito, esos últimos 7 años de la profecía fueron exclusivamente en medio de Israel terrenal, especialmente para Jesús, Mesías Príncipe, cumplir en la primera mitad o tiempo de 3 1/2 años, todo lo profetizado sobre él. Después del Mesías Príncipe cumplir su trabajo, entonces vendría el cumplimiento total de todo lo profetizado sobre Israel para esos últimos o postreros días. Todo lo profetizado terminaba en el juicio o salida de la casa del Padre  para siempre, de la esclava y su hijo, símbolo de la ley o antiguo pacto y del pueblo natural con base en la ciudad de Jerusalén.

            Recuerden lo que Cristo en los días de su carne le dijo a los religiosos fariseos: el hijo si permanece en la casa para siempre, pero el esclavo no permanece. La ley (figurada por Agar) dada por medio de Moisés o antiguo pacto en la que se jactaban incorrectamente los fariseos y demás líderes, ni el pueblo natural de ese pacto (el Israel natural) no permanecería delante de Dios. En cambio, la palabra de Cristo dada a través de Pablo, su único apóstol para el nuevo pacto de su gracia, pacto que Dios estaba colocando en lugar de la ley a la que estaba dándole fin; pues esa palabra dada por medio de ese apóstol a quien ellos persiguieron hasta la muerte, permanecería para siempre, esas son las palabras de Jesús, de acuerdo a lo registrado por su biografía escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 8:35.

            El propósito de la última semana de la profecía fue para ser confirmación del pacto eterno. El pacto prometido a ser confirmado a la mitad de la última semana en la profecía dada a Daniel, fue el mismo pacto prometido por medio de la profecía prometida por Dios y que está registrada en el libro del profeta Jeremías 32:32-33. Es el mismo pacto confirmado y cumplido por Jesús la noche antes de su muerte, cuando levantó la copa de vino y dijo simbólicamente que esa era la sangre del nuevo pacto, lo cual pueden leer en las biografías de Jesús según Mateo 26:27-28; según Marcos 14:23-24 y según Lucas 22:20. Por tanto amados, en la primera mitad de tres años y medio de esa profecía fueron cumplidas perfectamente todas las cosas anunciadas por la ley y los profetas en el ministerio terrenal de Cristo.

            La segunda mitad de esa semana tenía que cumplirse en medio de Israel de igual manera, antes de cerrar la ley o antiguo pacto, para llevar el evangelio a los gentiles. Esa es la razón por la que al leer los capítulos iniciales de biografía apostólica de ambos ministerios, registrada en el libro de los Hechos, solamente encontrarás a los once apóstoles de la circuncisión moviéndose en medio de Jerusalén, como le fue ordenado por el Señor. Los apóstoles del ministerio y evangelio de la circuncisión estaban dedicados a darle solamente leche o doctrina de Cristo del principio ligada con las enseñanzas de la ley a la Iglesia recién nacida en Jerusalén el día de Pentecostés. Los once apóstoles de la circuncision no recibieron la revelación del evangelio de la gracia para la Iglesia, esa función Dios se la reservó y se la dio a Pablo, único apóstol que él mismo llamó para el nuevo pacto.

            Para llevarle el evangelio de la gracia a las naciones gentiles, el Señor tenía apartado aún desde el vientre de su madre a un hombre: que era conocido hasta ese momento como Saulo, judío nacido en la ciudad de Tarso, a quien llamó como apóstol de este nuevo pacto. Os invito a leer Isaías 49:1-6 donde el ministerio del apóstol Pablo ya estaba profetizado, así como en el libro de los Hechos 13:46-47 y la carta a los Gálatas 1:15-16, donde podemos verificar el cumplimiento de esa profecía. Te recuerdo que Jesús dijo muy enfáticamente que él había venido solamente para ministrar en medio de la casa de Israel, como registra su biografía escrita por Mateo 15:24. Dado que los once eran el ministerio de la circuncisión llamados por Jesús en los días de su carne, Jesús instruyó a sus 12 apóstoles a no visitar a los gentiles, como está escrito en el libro según Mateo 10:5-6.  Pero del único apóstol que el Señor Jesús Cristo llamó después que resucitó dijo que a ese apóstol le sería necesario padecer mucho por su nombre y que lo había apartado para que llevara el evangelio a los gentiles, como informó el amado Ananías a Lucas para escribirlo en el libro de los Hechos 9:15-16.

            Fue por tanto a Pablo al único a quien Cristo resucitado escogió y llamó como apóstol, tanto para los gentiles, como para que uniera en un solo pueblo a los dos pueblos de Dios que estaban dispersos y separados por la pared de la ley: judíos y gentiles. Eso es lo que está revelando el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 2:14-18. Fue en el apóstol Pablo en quien se manifestó el Consolador prometido por Jesús para enseñarnos todas las cosas, para revelarnos todos los misterios del reino de Dios que todavía permanecían escondidos. A los once apóstoles de la circuncisión no le fue dado dar a conocer esos misterios. Jesús mismo les dijo a esos once apóstoles que ellos no estaban todavía preparados para recibir esas cosas, lo cual puedes verificar leyendo en lo escrito en el libro según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 16:12-15. Esa es la causa del ministerio de los once durante y antes del final de  la ley, como ministerio o apostolado de la circuncisión. Pero aún así, Cristo les había prometido que ellos también darían testimonio de él, porque habían estado con él desde el principio, como también está registrado en la biografía de Jesús escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 15:27.

            El Consolador en Pablo pasó quince días con Pedro explicándole los misterios hasta ese momento revelados, al igual que a Jacobo (Santiago) el hermano natural de Jesús, carta a los Gálatas 1:18-19.  Más tarde vemos a Pedro en Antioquía junto a Pablo, quien tuvo que llamar hipócrita y tuvo que regañarlo por andar conforme a la ley y no conforme a la verdad del evangelio, carta a los Gálatas 2:11-16.  Aún así, el apóstol de la circuncisión Pedro estaba sin entender muchas de las cosas que el Consolador a través del apóstol Pablo le había enseñado, como lo expresa en su epístola en la 2da. carta Pedro 3:15-16.  Fíjense al leer en las cartas de Pedro, que es el único del ministerio de la circuncisión que menciona en forma general la gracia un par de veces, especialmente cuando dijo: Creced en la gracia de Dios, 2da. carta de Pedro 3:18. El apóstol Pedro es el que más a tono escribió con lo revelado por el apóstol Pablo.

            Cristo en los días de su carne les dijo a esos once apóstoles que quedaron, que era necesario que él se fuera para que viniera el otro, el cual no hablaría por su propia cuenta, sino que sólo hablaría lo que le fuera ordenado hablar, así está registrado en la biografía de Jesús escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 14:25-26; 15:26 y 16:7-11.

            Recuerden como les dije anteriormente, que a esos once apóstoles de la circuncisión ya Jesús les había ordenado no ir a los gentiles, libro según Mateo 10:5-6, así como él mismo no anduvo por camino de gentiles, libro según Mateo 15:24. Esa es la razón por la cual los once apóstoles del ministerio y evangelio de la circuncisión mantuvieron su ministerio, en medio de los judíos. Sus cartas fueron dirigidas a los judíos y reconocieron al principio que al apóstol Pablo le había sido encomendado el ministerio de la incircuncisión en medio de los gentiles, como es informado en la carta a los Gálatas 2:7-9. El problema de los once apóstoles del principio y de los ancianos Santiago y Judas, los dos hermanos naturales de Jesús, fue que finalmente querían hacer a los gentiles judaizar, una lectura de las llamadas tres cartas de Juan, que en realidad nada escribió, ya que la primera carta es continuación de la biografía escrita por Lázaro, y de las otras dos cartas en realidad nadie sabe quien las escribió,  y la carta de Santiago especialmente así lo confirma, libros de los Hechos 15:1-2 y carta a los Gálatas 2:14.  

EL PUNTO FINAL DE LA ÚLTIMA SEMANA (AÑO 34)

            El tiempo final de esta profecía llegó a su fin en el año 34 dJ (dJ = después del nacimiento de Jesús). Al final del año 33, los judíos desataron una terrible persecución contra los discípulos del Camino, como llamaban a los seguidores de Jesús en Jerusalén. El punto culminante de esta persecución ocurrió con la muerte por apedreamiento del diácono de la iglesia de Jerusalén que se llamaba Esteban, como registra el libro de los Hechos 7:54-60. Esta persecución tuvo como resultado que la mayor parte de los discípulos que vivían en Jerusalén fueran esparcidos por toda Judea y Samaria, excepto los once apóstoles, que todavía permanecieron en Jerusalén según se les había instruido, libro de los Hechos 8:1.

            Oto evento importante que marcó el punto culminante al cumplimiento de la última semana profetizada en la profecía dada a Daniel, ocurrió cuando Felipe bajó a la ciudad de Samaria. Los samaritanos eran medios hermanos de los judíos en cuanto a la carne pero eran como aceite y vinagre, allí pues, llegó Felipe y proclamó a Cristo en medio de ellos, según informa Lucas en el libro de los Hechos 8:5. ¿Acaso violaron los apóstoles de Jesús y los demás discípulos la instrucción de Jesús de predicar solamente en Israel? La respuesta es un rotundo NO.  Primero porque los Samaritanos eran parientes de los Israelitas y no eran gentiles. En segundo lugar, porque el tiempo determinado para Israel de acuerdo a la profecía dada a Daniel, se había completado. Sólo restaba cumplir lo relacionado al tiempo del fin anunciado en otra profecía y comenzar durante ese período la predicación del evangelio en medio de los gentiles.Todavía el otro, el escogido desde el vientre de su madre para morada el Consolador, Cristo el Espíritu Eterno manifestarse en su trabajo final, no había sido llamado.

            El  Señor preparó el escenario para llevarle el evangelio a los gentiles y para eso escogió un apóstol, a Saulo de Tarso, cuyo nombre significa “Pedido” y se lo cambió a Pablo que significa “El más pequeño. Ese más pequeño es el que te dice cuando revela en la carta a los Gálatas 2:20 quien era que estaba actuando en él, las siguientes palabras: [20] Con Cristo he sido con-crucificado; y ya no vivo yo, sino que vive en mí Cristo... De nuevo en la carta a los Colosenses 1:24-25 cuando escribe: [24] Ahora me gozo en los padecimientos en pro de vosotros, y estoy completando lo que falta de las aflicciones de Cristo en la carne de mí en pro del cuerpo de él, que es la Iglesia, [25] de la que fui hecho yo ministro conforme a la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para cumplir la palabra de Dios.

            En cuanto a Samaria es bueno que entiendas, que cuando digo que los samaritanos y los judíos eran parientes, es porque así lo establecía la profecía. De acuerdo a la profecía, Samaria era la hermana mayor de Israel natural representada por Jerusalén. Israel natural fue la Gran Ramera señalada por la profecía del Rollo Profético llamado libro de Apocalipsis. Leamos en el libro del profeta Ezequiel capítulo 16 la historia de lo que fue Israel natural delante de Dios y como la compara el Señor desde su origen, para lo cual he de citar solamente los versos 2-3, 24-35 y 46, que dicen lo siguiente:

[2] Hijo de hombre, notifica a Jerusalén sus abominaciones, [3] y di así ha dicho el Señor sobre Jerusalén: Tu origen, tu nacimiento, es de la tierra de Canaán; tu padre fue amorreo, y tu madre hetea. Es necesario recordar que el origen de Jerusalén se traza en la tierra de Canaán, quien en la profecía de Noé registrada en el libro de Génesis 9;25-27. Cam, cuyo nombre significa Caliente o Tostado, fue declarado siervo o esclavo de Sem, que significa Reconocido, y es la figura del origen del pueblo de Israel. El nombre Canaán que fue uno de los hijos de Cam significa: Bajo, y en eso se constituyó el pueblo de Israel natural, en un lugar bajo espiritualmente hablando, se dedicó a comercial un sistema religioso adulterado con todos sus ciudadanos distribuidos por las naciones.

El nombre del padre de Jerusalén que era el amorreo significa Habitante de la Montaña, de los lugares altos, que fue la forma de Israel prostituirse entre las naciones, levantando lugares altos o culto falso al Dios único. El pueblo amorreo era descendencia de un hijo de Canaán y eran los habitantes originales de Palestina. Esa es la tierra que reclaman los que fueron vueltos a su heredad inicial, a lo natural, como profetizó el profeta Ezequiel en el verso 55 del libro del profeta Ezequiel capítulo 16 que vamos a revisar brevemente más adelante; porque nuestra heredad en la simiente de Abraham que es Cristo es espiritual. El nombre de origen de la madre era el heteo, que era el pueblo de Het, también hijo de Canaán, ya que eran siete hijos, nombre que significa por su parte: Terrible.

Ahora mis amados, podéis ver con mayor claridad la profecía de Noé sobre sus tres hijos: Cam, Sem y Jafet. Cam y su descendencia sería maldito y siervo de siervo, porque Canaán sería siervo de Sem y luego ambos de Jafet. Eso es lo que sucedió en la sombra o figura, Israel poseyó la tierra de Canaán y luego los gentiles con el último reino antes de la manifestación del Mesías Príncipe que fue el imperio o reino de Roma, poseyeron la tierra de Canaán, siendo Israel siervo de Roma. Cuando llegó la plenitud de los gentiles, pues ya no hay ni judíos ni gentiles para con Dios, como revela el apóstol Pablo en la cartas a los Gálatas 3:28 y a los Colosenses 3:11. Todo lo natural volvió a su origen natural.

Recordad las palabras de Cristo en los días de su carne: Dios no es Dios de muertos sino de vivos, biografías de Jesús según Mateo 22:32, según Marcos 12:27 y según Lucas 20:38. Simple y llanamente significa que Dios no es Dios de muertos o de lo natural, no es Dios de carne y sangre que es lo que fuimos en el primer Adán, sino que es Dios de vivos o del Espíritu, que es lo que somos en Cristo. Por eso también Jesús dijo: El Espíritu es el que da vida; porque la carne de nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado Espíritu son y vida son, como registra la biografía de Jesús escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 6:63.

Jesús ya antes le había dicho a Nicodemo que lo nacido de la carne o alma o primer Adán carne es, en otras palabras, es natural o animal, biografía de Jesús escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 3:6. En cambio lo nacido del Espíritu o último Adán o Cristo que es la nueva creación, es Espíritu. Son dos cosas totalmente distintas, no tienen ninguna relación la una con la otra. Lo nacido de la carne y lo nacido del Espíritu no mezclan. Tratar de hacerlo es como tratar de mezclar para hacer una misma y una sola sustancia el aceite y el vinagre, nunca ocurrirá.

Amados, es en Espíritu que somos un solo Espíritu con el Señor, porque como revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 6:17 el que se une al Señor un Espíritu es con él. Es en el Espíritu que somos como es Cristo, porque Cristo es la cabeza del cuerpo que es Iglesia, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Colosenses 1:18. Es en el Espíritu que vivimos en el reino de Dios, pues aunque estemos participando de carne y sangre en este orden relativo y temporero, estamos trasladados en el Espíritu al reino del amado hijo de Dios que somos nosotros ahora en Cristo, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Colosenses 1:12-13. Amados, es en el Espíritu que estamos bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales o espirituales como también revela el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 1:3. 

Luego de describir desde el verso 3 en adelante la fornicación y adulterio de Jerusalén con las demás naciones, le continúa diciendo el Señor a través del profeta Ezequiel en el verso [30] ¡Cuán inconstante es tu corazón, dice el Señor, habiendo hecho todas estas cosas, obras de una ramera desvergonzada. [31] edificando tus lugares altos en toda cabeza de camino, y haciendo tus altares en todas las plazas!

Y continúa al final del verso [31] que añade: ... y no fuiste semejante a ramera, en que menospreciaste la paga, [32] sino como mujer adúltera, que en lugar de su marido recibe a ajenos. [33] A todas las rameras le dan dones; mas tu diste tus dones a todos tus enamorados; y les diste presentes, para que de todas partes se llegasen a ti en tus fornicaciones. [34] Y ha sucedido contigo, en tus fornicaciones, lo contrario de las demás mujeres: porque ninguno te ha solicitado para fornicar, y tú das la paga, en lugar de recibirla; por esto has sido diferente.

En el verso [35] le dice a Jerusalén: Por tanto, ramera, oye palabra del Señor. Entonces pasa el profeta a declararle lo que haría el Señor con ella, lo cual es resumido muy claramente en el verso [38] cuando le dice: Y yo te juzgaré por las leyes de las adúlteras, y de las que derraman sangre; y traeré sobre ti sangre de ira y de celos. Los versos 39 al 43 declaran el juicio de Dios sobre Jerusalén tal y como ocurrió luego en el año 70.

En el verso [46] le recuerda a Jerusalén como figura del hijo de esclavitud o de la carne: Y tu hermana mayor es Samaria, ella y sus hijas, que habitan al norte de ti; y tu hermana menor es Sodoma con sus hijas, la cual habita al sur de ti. El profeta le recuerda a Jerusalén que fue peor que sus hermanas Sodoma y Samaria cuando le dice: [47] Ni aun anduviste en sus caminos, ni hiciste según sus abominaciones; antes, como si esto fuera poco y muy poco, te corrompiste más que ellas en todos tus caminos.

El Señor le recuerda a través del profeta que aun el pecado de Sodoma fue más tolerable delante de él que el de Jerusalén. Comparando el pecado de Samaria con el de Jerusalén dice: [51] Y Samaria no cometió ni la mitad de tus pecados; porque tú multiplicaste tus abominaciones más que ellas, y has justificado a tus hermanas con todas las abominaciones que tú hiciste.

Por último amados, os quiero dejar esta pequeña porción con lo dicho por el Señor a través del profeta Ezequiel en el verso [55] cuando le dice a Jerusalén: Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer estado. Como os comenté brevemente anteriormente, todas esa naciones naturales en el oriente volvieron a ser lo que siempre fueron, al igual que el llamado Israel que está en medio oriente, ordenado de nuevo mediante resolución de los hombre desde el 14 de mayo de 1948 y que tanto aclama el sistema religioso.

Esto es así mis amados, porque en el Israel de Dios o pueblo espiritual que es la Iglesia o cuerpo del Señor, formado de judíos y gentiles. Recordad que los llamados gentiles en cuanto a la carne antes estábamos separados por la pared intermedia de la ley. Pues cuando esa pared fue derribada y fuimos llamados en un solo cuerpo como un solo pueblo mediante el evangelio de la gracia predicado por el apóstol Pablo como revela la carta a los Efesios 2:14-16, ya no hay judíos ni gentiles, ni siervos ni esclavos, ni hombre ni mujer, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 3:28.

            Los discípulos del ministerio de la circuncisión que fueron esparcidos, se quedaron predicando solamente los rudimentos de Cristo del principio en medio de los Judíos, excepto Pedro que fue llevado a la casa de Cornelio, un centurión romano. Cuando el Señor trajo al apóstol Pablo, le dio el ministerio de la reconciliación, para que de acuerdo a la profecía dada por medio del profeta Isaías, ver libro de Isaías 49:1-6, le juntara a Israel.  En otras palabras, para que le congregara al Israel espiritual, es decir, para juntar judíos y gentiles en un solo cuerpo o pueblo como les dije anteriormente. Lo del ministerio de la reconciliación lo pueden verificar en la 2da. carta a los Corintios 5:18. Esto fue cumplido perfectamente tal y como lo anunció Cristo en los días de su carne, como registra el libro según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 4:22 y lo confirmó en la revelación el apóstol Pablo, en las cartas a los Efesios 1:26-27; 2:2 y a los Romanos 3:29; 15:26-27.

            En resumen amados bendecidos, 490 años consecutivos fueron decretados contra la nación de Israel natural desde el decreto del rey Ciro de los Medos y Persas que fueron cumplidos en los días de la gran persecución de la iglesia niña de Jerusalén en el año 34, marcado por la muerte de Esteban, para traer a cumplimiento todo el propósito de Dios, el cual fue dado a través de las promesas a los padres y profetizado por los profetas: reunir en un solo cuerpo o pueblo, a todos los hijos de Dios que estaban dispersos.

            Pasemos ahora a la otra fase de la profecía de Daniel 9:26-27, que adelantó lo que sucedería luego del Mesías Príncipe cumplir a la mitad de la última semana su trabajo de confirmar el pacto con muchos, que el sistema religioso incorrectamente ha interpretado, afirmado y señalado que ocurrirá todavía en el futuro con un supuesto anticristo, de lo que ni un solo puntito dice la profecía dada al profeta Daniel. Lamentablemente para el sistema religioso, al así enseñar, llaman anticristo a Jesús, en quien esas palabras de la profecía tuvieron perfecto cumplimiento para nuestra reconciliación.

            Esta parte de la profecía, es un adelanto a la profecía del tiempo del fin de la ley o antiguo pacto que administraba el pueblo de Daniel. Ese pacto, llegaría a su fin como consecuencia de la confirmación de la gracia que es el pacto que es desde antes de los tiempos de los siglos que fue cumplido por el Mesías Príncipe, donde la salvación a diferencia del pacto de la ley, sería realizada mediante un solo sacrificio e imputado a nosotros simplemente por gracia. Por eso, Jesús Cristo mediante una sola ofrenda nos hizo perfectos o completos en Dios para siempre, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 10:14.

            La salvación o reconciliación con Dios mediante esa gracia o pacto que es desde antes de las edades, es la que nos está revelando el apóstol Pablo en la 2da. carta a Timoteo 1:9-11. Mientras la reconciliación con Dios en este orden relativo es el objetivo del evangelio de la gracia en el nuevo pacto; el fin de la ley o antiguo pacto tuvo como propósito ponerle fin a la muerte o separación que había con Dios, porque la ley nada perfeccionó, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 7:19. Pues la otra profecía que recibió Daniel y que aparece escrita separadamente en el libro del profeta Daniel 12:1-13, es la que nos indica lo que finalmente pasaría luego de cumplida la profecía de las 70 semanas de año.

También aprovecharé para indicar otro error sumamente grande del sistema religioso relacionado con el verso 26. El sistema religioso evangélico o protestante, ha interpretado muy a la ligera, que cuando el verso dice: y el pueblo del príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el templo, se está refiriendo al pueblo de Roma y a Tito Vespasiano, que sabemos fue el instrumento usado por Dios para cumplir su juicio.

Como veremos en el desarrollo de la próxima sección más adelante, la parte 4 del estudio, el Príncipe del pueblo que había de venir sigue siendo el mismo, el Mesías; porque es del único príncipe que ha hablado la profecía, el Mesías o Cristo e Israel el pueblo a donde vendría. El Mesías Príncipe vino a su pueblo natural, porque él era de la casa de David en cuanto a la carne y su pueblo no lo recibió, como registra el libro escrito por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 1:11. Sí amados mío, aunque parezca extraño, el pueblo del Mesías trajo sobre sí mismo la destrucción de la ciudad y el santuario o templo, como le dijo Jesús en diferentes ocasiones por medio de varias parábolas. ABBA Padre Eterno.

 

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