EL PERÍODO DE TRANSICIÓN ENTRE LOS DOS PACTOS

Filipenses 3:12-16

 


Sobreedificando sobre el fundamento Cristo


 

Para hablar de la transición entre los dos pactos, es menester que tengas bien claro lo que ellos representan.  Antes de la lectura sugerida del estudio, echemos un vistazo a lo que Pablo nuestro apóstol venía declarando en Filipenses 3:4-11, porción que es el tema de otro estudio: La Justificación Solamente Por Fe.

            En el verso 8 de Filipenses 3, el apóstol nos dice lo siguiente:  [8] Pero, de cierto, más aún, también estimo que todas las cosas perdidas son a causa de lo excelente del conocimiento de Cristo Jesús el Señor de mí, por causa del cual las cosas todas perdí, y estimo como desperdicios para ganar a Cristo.  En estas palabras poniéndose como ejemplo vivo, el apóstol nos dice que todo lo que él fue en el judaísmo, la ley o antiguo pacto, lo dio por desperdicio literalmente estiércol o excremento como debe traducir del original la palabra griega skúbala. El apóstol quitó su confianza de la justicia por la ley para ganar a Cristo.

            Continuemos leyendo haciendo énfasis en el verso 9 que dice:  [9] y ser hallado en él, no teniendo mi justicia, la de la ley, sino la que es mediante la fe de Cristo, la justicia procedente de Dios basada en la fe.  En esta porción el apóstol nos revela de manera clara y absoluta, que solamente existían para los días de su ministerio dos clases de justicias:

 

v     La primera clase de justicia y en la cual nadie pudo ser justificado, la justicia propia, la cual era por la ley, la que fue para muerte, porque como nos enseña aún desde el antiguo pacto el profeta Isaías 64:6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia. Muy claramente nos revela el apóstol que por las obras de la ley ningún hombre sería justificado, Romano 3:20 y  Gálatas 2:16.

v     La segunda, la verdadera justicia, la justicia de Dios que nos es dada por medio de la fe y que es para salvación. El apóstol Pablo decía que quería ser hallado en la justicia de Dios que es por Gracia, la justicia de Cristo que solamente puede ser por fe, la justicia que es por el nuevo pacto.  Este es el punto central de la justificación solamente por la fe.

 

            La primera clase de justicia, la que es por la ley establece su confianza en las obras; mientras que la segunda descansa en la sola justicia de Dios obrada en Cristo y dada por gracia, siendo creída solamente por medio de la fe, la cual nos fue dada también por Dios. El problema que tiene el hombre religioso con la revelación del nuevo pacto, es que su teología errónea llena de obras para la carne y su llamado libre albedrío, no cuadran con el evangelio de la gracia. Por eso no pueden entender que la segunda venida de Cristo sin relación con el pecado y la resurrección de todos los santos ya ocurrió; así como no pueden entender las otras enseñanzas.

            El apóstol Pablo le había enseñado a los hermanos de ese período, que era menester que el Señor viniera primero para que el nuevo pacto entrara en vigor, pues mientras la ley o antiguo pacto estuviera sin cumplirse totalmente, las demás cosas tenían que esperar. Todo eso fue anunciado por el mismo Señor a cumplirse en esa generación, a la cual sentenció: no pasará ésta generación sin que todas éstas cosas sean cumplidas, biografía según Mateo 23:32-36; 24:14-22 y biografía según Lucas 21:16-24, 31-33. Hermanos todo eso es historia cumplida en el año 70 en la gran tribulación y destrucción de Jerusalén y su templo.

            En los versos 10 y 11 de Filipenses 3, el apóstol Pablo nos revela qué significa la justificación de Dios o ganar a Cristo: recibir la justicia de Cristo en nosotros. Es conocer a Cristo y el poder de su resurrección y ser partícipe de los padecimientos de él, porque para reinar en vida es menester sufrir por causa de Cristo. Es ser conforme a Cristo en su muerte para ser partícipe de su resurrección.

            Es menester creer y confesar que fuimos  justificados ya perfectamente por Cristo.  Como cristianos o cuerpo de Cristo, somos tan justo como lo es él.  Que todos los hijos que vivimos después del año 70 en adelante, estamos completos en él.

            Al comenzar a leer en el verso 12 de Filipenses 3, comienzo de la lectura base de este estudio, el apóstol Pablo revela lo siguiente:  12 No que ya lo obtuve o que ya  he sido perfeccionado, pero prosigo por si ciertamente le agarre, puesto que también fui agarrado por Cristo Jesús.  Por un lado el apóstol les enseñaba a los hermanos en varios lugares que ya ellos eran perfectos, incluyéndose el apóstol mismo, pero por otro lado, también les enseñaba que todavía no lo habían alcanzado.

            Obviamente, viéndolo ahora desde el lado de la revelación en que nosotros vivimos, sabemos que ellos confesaban que eran perfectos en esperanza o posición en Cristo después de la resurrección al tercer día.  Confesar al mismo tiempo que no eran perfectos todavía significaba que todavía estaban viviendo en el período de transición entre los dos pactos, porque faltaba que se cumpliera algo para entrar en posesión de la herencia en Cristo. Entrar en posesión  ocurriría muy pronto en los días del apóstol Pablo como él lo anunció. Pero como sucedió con Moisés y la entrada a la tierra de Canaán, que solamente la vio de lejos, de igual manera el apóstol Pablo no llegó a ver el cumplimiento en los días de su carne. El cumplimiento que ocurrió en el año 70 con la destrucción de Jerusalén y su templo, poniéndole Cristo fin a la ley o antiguo pacto delante de Dios para siempre y el apóstol Pablo fue desvestido de su cuerpo natural en el año 68.

            El apóstol Pablo decía: no que ya lo obtuve o que ya he sido perfeccionado.  Pero ¿a qué se refería el apóstol Pablo? Porque de lo que venía hablando era de alcanzar la justicia de Dios.  Cristo hizo un solo sacrificio para cumplir con toda la ley o antiguo pacto, y el propósito de la Pascua era marcar la salida hacia la tierra prometida, la salvación o justificación obrada por Cristo.  Era necesario que Cristo hiciera primero expiación por el pecado de su pueblo para que el nuevo pacto entrara en vigencia, porque la promesa del nuevo pacto es que Dios ya no se acuerda de ninguna manera de los pecados o naturaleza de pecado de su pueblo, porque esa naturaleza o  viejo Adán fue muerta para siempre en la cruz donde recibió el pago o salario del pecado: la muerte. El propósito de Dios añadir la ley o antiguo pacto fue para que la ley le mostrara al hombre su pecado o naturaleza de pecado del viejo hombre, del viejo Adán; porque la ley se enseñoreaba de todos los hombres.

            Ahora, en el cumplimiento de todas las cosas, ya todos los hijos de Dios fuimos justificados gratuitamente y resucitados en Cristo Jesús quien vive y reina por toda la eternidad.

            Es menester que recuerde que la justificación es el acto por medio del cual Dios, declaró justo por gracia para siempre para con él, a todos los creyentes en Cristo.  Veamos las tres cosas principales que están envueltas en la justificación por fe, fe que procede de Dios:

 

1.      LA RECONCILIACIÓN CON DIOS PORQUE CRISTO ES LA JUSTICIA NUESTRA

            Leamos en 2 a los Corintios 5:18 lo que nos revela el Consolador a través del apóstol Pablo que precisamente redargüiría al mundo de justicia, porque precisamente el señor regresaba al Padre, a su reposo y no volvería mas a la tierra en forma natural: [18] Y todas las cosas provienen de Dios, el cual nos reconcilió consigo mismo por Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación, [19] a saber, que Dios estaba en cristo al mundo reconciliando consigo mismo, no teniéndoles en cuenta las transgresiones de ellos, y poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación.

            Primero que nada amados bendecidos, fíjense que revela el apóstol Pablo que TODAS LAS COSAS, no algunas, provienen del Señor. Primero fue Dios quien nos destituyó de su gloria por cuanto él nos hizo participar de una naturaleza de pecado, la carne o polvo que es lo mismo que el alma. De igual manera fue Dios quien nos reconcilió a nosotros de nuevo con él; no fue que nosotros nos reconciliamos con Dios porque tenemos la capacidad para hacerlo. Todo lo efectuó nuestro Dios para nuestra gloria, él comenzó la obra en nosotros y la perfeccionó cuando le puso fin a la ley en el año 70, así lo revela Filipenses 1:6 y la destrucción de Jerusalén y su templo lo confirma. Dios nos trajo de nuevo a la familia de él, fuimos llevados a la ciudadanía celestial de nuevo meramente por gracia, sin hacer ni una sola obra de nuestra propia justicia, obras que eran por la ley o antiguo pacto, que se puso viejo y ya desapareció delante de Dios, Hebreos 8:13.

2.      EL PERDÓN DE LOS PECADOS Y LA ANULACIÓN DE ESA NATURALEZA

            También el Consolador en Pablo redarguye de pecado, porque verdaderamente no creen la obra realizada por el Señor. Porque si Cristo murió al pecado para siempre, somos sin pecado delante de él. Así como en un día, con una sola ofensa todos fuimos destruidos por el Destruidor; biografía según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 8:44 y 1 a los Corintios 15:22a, de igual manera, en un día el Cordero de Dios murió para quitar en ese solo acto el pecado del mundo de todos los creyentes, Zacarías 3:9 y 1 a los Corintios 15:22b. Leamos Romanos 6:23 que nos da la respuesta de lo que ambos pactos representan. El primer pacto establecía, en tiempo pasado porque ya ese pacto no está vigente: Porque la paga del pecado era muerte. El segundo pacto establece eternamente y para siempre: Mas el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús el Señor de nosotros. Si decimos que tenemos vida eterna en Cristo y que él vive en nosotros ahora es precisamente porque somos sin pecado delante de Dios, como establece la promesa del nuevo pacto en Hebreos 8:12 y 10:17. Esa es la razón de la revelación dada en Hebreos 10:14 que dice: Porque con una sola ofrenda ha perfeccionado o completado para siempre a los que van siendo santificados.

3.      JUSTICIA POR MUERTE DE LA SERPIENTE ANTIGUA

            Por último, el Consolador redarguye de juicio por cuanto el príncipe de este mundo cuando vino el apóstol Pablo, ya había sido juzgado.  Jesús Cristo por medio de su tabernáculo de carne o Cordero de Dios, que fue el hombre Jesús, fue levantado como serpiente, biografía según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan  3:14-15, para quitar al QUE TENÍA, tiempo pasado, el imperio o poder de la muerte, esto es al diablo, el homicida desde el principio en quien fuimos muertos o destruidos todos los hijos de Dios al principio en un solo día. Leamos Hebreos 2:14 Así pues, por cuanto los hijos han tenido en común sangre y carne (y revela el apóstol en 1 Corintios 15:50 que ninguna de las dos cosas heredó en el reino de Dios que vivimos ahora), él igualmente participó de las mismas, para que por medio de la muerte redujese a la impotencia al que el dominio tenía de la muerte, esto es, al diablo. Cristo en el hombre Jesús se hizo serpiente en la cruz, dándole la muerte al diablo para siempre, es decir, redujo a la impotencia para siempre delante de él, esa naturaleza de la que todos nosotros participamos, Efesios 2:3.

            Revela el apóstol en 2 a los Corintios 5:21 Al que no conoció pecado, en pro de nosotros pecado lo hizo, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él. Cristo participó de una naturaleza terrenal a semejanza de la nuestra en el hombre conocido como Jesús. Ese Jesús fue declarado maldito en la cruz en expiación de todos nosotros, porque escrito está: Maldito todo aquel que es colgado en un madero, Gálatas 3:13. Esa fue la sentencia dada a la serpiente antigua en el principio según registra Génesis 3:14 maldita serás entre todas las bestias del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. La naturaleza del primer Adán era eso mismo, polvo, porque del polvo de la tierra fue creado y esa naturaleza precisamente era el alimento de la serpiente. Las obras muertas son el alimento de todos los que andan en esa naturaleza, revela el apóstol en 1 a los Corintios 15:48 cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

            Fue pues necesario que el segundo Adán se presentara en semejanza de esa naturaleza para representarnos a todos nosotros para reconciliación, para librarnos del primer Adán; de igual manera que el primer Adán nos representó para muerte o destitución de la gloria del Espíritu. el hombre Jesús murió en la cruz para librarnos de la muerte, que era el poder que nos mantenía alejados de la familia de Dios. Fuimos por tanto declarados justos, santos, sin mancha ni arrugas una vez y para siempre mediante un solo sacrificio. Ese acto de Dios no puede ser cambiado o volver atrás, porque como dice la palabra, sea Dios verás y todo hombre mentiroso, Romano 3:4. De la misma manera que fuimos destituidos en el tiempo y el espacio sin que nosotros fuéramos responsables, de igual manera, Dios nos reconcilió de nuevo en el tiempo y el espacio sin que nosotros tuviéramos que hacer nada para alcanzarlo.

            La justificación precisamente trata de la imputación de la justicia de Cristo a nosotros. Cuando el apóstol Pablo reveló todas estas palabras en sus diferentes cartas, ya todos los creyentes éramos justos en posición o esperanza en Cristo. Solamente faltaba acabar el último punto de la ley, que ella misma se cumpliera totalmente para ser quitada de en medio para siempre. Sí, ser quitada de en medio de Dios y nosotros, pues la ley hacía separación, Efesios 2:14-16. La ley cesó para que todos los hijos de Dios entráramos entonces en posesión de nuestra herencia eternamente o para siempre. Esa posición de los creyentes o hijos de Dios es lo que está revelando el apóstol Pablo en Gálatas 5:5 cuando dice: [5] Porque nosotros en Espíritu por  fe la esperanza de la justicia aguardamos. Eso que dice el apóstol Pablo era para los hermanos de las primicias. Ahora nosotros sobreedificamos en el nuevo pacto diciendo: Porque nosotros en Espíritu por fe la posesión de la justicia tenemos.

            El apóstol Pablo junto a todos los hermanos, esperaba por medio del Espíritu la justificación o resurrección de los muertos, ser unidos a Dios de nuevo en el Espíritu, entrar en posesión de esa realidad en sus vidas ya estando muertos al pecado y muertos a la ley o antiguo pacto. Nosotros en cambio, ahora vivimos la salvación por fe consumada, no tenemos que esperar por lo que ya recibimos, no vivimos por fe esperanza. El problema es que el sistema religioso ha enseñado a los niños en Cristo a vivir en posición o esperanza continuamente. Desconocen que ya la herencia fue repartida porque el testador de la ley o antiguo pacto que fue Jesús,  ya murió para siempre, Hebreos 9:17. Por eso es que nadie puede hacer subir a Cristo de entre los muertos, como tampoco nadie puede bajar a Cristo del cielo, Romanos 10:6.

            Al sistema religioso le ha sido imposible entender, que cuando terminó la ley o antiguo pacto, unos resucitaron para vida y otros, para juicio o vergüenza perpetua como anunció Cristo en los días de su carne, según registrado en la biografía según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 5:28-29. En este nuevo pacto reconocemos en la vergüenza perpetua que quedaron los príncipes del mundo viejo que no conocieron al Señor de la gloria Jesús Cristo, porque se quedaron sin conocer la sabiduría oculta y predestinada, porque si la hubieran conocido nunca hubieran crucificado a Jesús, 1 a los Corintios 2:6-8

          Los hermanos de la primicia vivían en el período de la transición entre los dos pactos, donde como herederos poseían todas las cosas en esperanza o posición en Cristo. Esa es la razón de las palabras del apóstol de este pacto registradas en Romanos 8:24-25 que dicen: Porque en esperanza (posición en Cristo) fuimos salvos; mas la esperanza que se ve no es esperanza; porque lo que ve alguien, ¿por qué también lo espera? 25 Mas si lo que no vemos, esperamos, mediante la paciencia lo aguardamos ansiosamente.

            De acuerdo a lo dicho hasta aquí, el apóstol Pablo, por un lado dice que ya estaban justificados o eran perfectos en Cristo y por otro lado dice que todavía no lo habían alcanzado, sino que eran perfectos en esperanza o posición en Cristo. Podemos interrogar ¿Eran ambas cosas correctas? Y contestamos con un rotundo sí, ambas cosas eran correctas en los días del apóstol Pablo. Ahora solamente una de ellas está vigente: todos los hijos de Dios ya estamos totalmente justificados en posesión de la herencia, porque ya nuestra herencia fue repartida cuando cerraron o liquidaron la ley o antiguo pacto en el año 70, por lo cual somos perfectos y sin pecado delante de Dios.

          El problema de los creyentes que todavía son niños en Cristo en el conocimiento, es que no entienden que nosotros vivimos en una época o siglo diferente al que vivieron Jesús en los días de su carne, los once apóstoles de la circuncisión y el apóstol Pablo. A pesar de Cristo llamar a Saulo como Apóstol, cuyo nombre significaba PEDIDO, a quien le cambió el nombre a Pablo, que significa PEQUEÑO, y darle la revelación de todos los misterios que estaban escondidos todavía, el apóstol Pablo AL IGUAL QUE LOS ONCE Apóstoles de la circuncisión, estaba viviendo en los días finales de lo que él llamó el presente siglo malo, Gálatas 1:4. Eso es lo mismo que Jesús en los días de su carne llamaba este siglo, biografía según Mateo 13:40.

            Mientras el apóstol vivió los últimos días del antiguo pacto, que fue un período de transición, nosotros vivimos ahora en lo que tanto él como Jesús llamaban el siglo venidero o los siglos que estaban llegando. El presente siglo malo o viejos cielos y vieja tierra, fueron los días de muerte bajo la ley o antiguo pacto. La ley o antiguo pacto cesó delante de Dios totalmente en el año 70 con el juicio o destrucción de Jerusalén y su templo, asiento del judaísmo. El siglo venidero o nuevos cielos y nueva tierra, corresponde al nuevo pacto, donde Cristo reina en los lugares espirituales con poder y gloria desde el año 70 en adelante con respecto a este orden. En realidad Cristo siempre ha reinado sobre toda su creación, pero Cristo reina sobre este orden sobre su pueblo que reconcilió para siempre consigo mismo, sin relación con el pecado desde que sacaron a la esclava y su hijo de la casa del padre, Gálatas 4:30. Recuerden amados, el reino de Dios es espiritual. Recuerden también amados bendecidos, que Dios es Espíritu como le dijo Cristo en los días de su carne a la mujer samaritana, como registra la biografía según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 4:24.

            El período de 40 años entre el año 30 de la resurrección de Cristo y el año 70 del juicio sobre Jerusalén y su templo de piedras, fue la última generación del antiguo pacto como fue anunciado por Cristo en los días de su carne. Fueron los postreros días anunciados por la ley y los profetas, fue ese período de transición desde el año 30 hasta el año 70, porque en el año 70 ocurrió la resurrección del cuerpo de Jesús Cristo, ese día entramos en posesión de nuestra herencia eterna.

            Veamos una serie de versos donde el apóstol nos revela o explica el significado de todas estas cosas. Leamos en el evangelio de la gracia o revelación de los misterios por el apóstol Pablo en Gálatas 3:1-3 que dice: [1] Oh insensatos Gálatas, ¿quién os hechizó, a los que ante los ojos Jesús Cristo fue presentado claramente como crucificado? [2] Esto sólo quiero averiguar de vosotros, ¿por obras de la ley el Espíritu recibisteis, o por el oír de fe? [3] ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora por la carne sois perfeccionados?

            Como puedes ver de lo antes citado, era la lucha entre la ley y la fe, porque la ley no es de fe, Gálatas 3:12 y sólo producía ira, Romanos 4:15; era la lucha entre lo perfecto y lo imperfecto, porque la ley nada perfeccionó, Hebreos 7:19; era la lucha entra la ley o antiguo pacto y el nuevo pacto, porque el antiguo pacto estaba envejecido y próximo a desaparecer, Hebreos 8:13. Bendecidos, fíjense bien en la última oración del verso 3 de Gálatas 3. El apóstol Pablo les preguntó a los hermanos lo siguiente: ¿habiendo comenzado por el Espíritu, lo perfecto, porque así ya eran todos en esperanza o posición en Cristo, era posible perfeccionarse o terminar el proceso, por medio de la ley? Porque como te cité anteriormente: la ley nada perfeccionó.

            Los hermanos de Galacia habían comenzado la vida cristiana viviendo todo por fe. Toda la  revelación que el apóstol le había enseñado, el evangelio o buenas noticias de la gracia de Dios le había sido suministrado solamente por fe, lo cual creyeron. Pero los hermanos fueron hechizados o embrujados por el evangelio de la circuncisión predicado por el apóstol de la circuncisión Pedro y sus compañeros. Este evangelio enseñó o contaminó a los hermanos con las obras de la ley o antiguo pacto, los hechizó con las enseñanzas del ministerio de muerte:  los contaminó con las enseñanzas de hacerse la circuncisión de la carne; de guardar un día de la semana como si eso fuera el reposo de Dios; a abstenerse de ciertos alimentos, etc. Esto fue evidenciado por el apóstol Pablo cuando tuvo que corregir precisamente a Pedro y su compañero de ministerio Bernabé en medio de los Gálatas. A ambos hermanos los llamó hipócritas, por cuanto no estaban andando conforme a la verdad del evangelio de la gracia que él les enseñó a ambos, Gálatas 2:13-14.  Recuerden amados, que Pablo fue quien recibió la revelación del Señor Jesús Cristo mismo en el tercer cielo, 2 a los corintios 12:2.

            Hermanos, es menester que siempre recordemos las palabras o revelación de Pablo, el apóstol del nuevo pacto registradas en Efesios 2:8-9 Porque por gracia  habéis sido salvados (tiempo pasado perfecto, ya había ocurrido) mediante la fe; y esto no proviene de vosotros, de Dios es el don, 9 no de obras, para que nadie se jacte. Fíjense que aún a aquellos hermanos que vivían durante la transición entre los dos pactos, fue necesario que el apóstol les dijera que ya estaban salvados, que ya todo había sido realizado por el Señor, solamente tenían que creerlo por fe. Las obras estaban excluidas totalmente para que nadie se jacte, para que nadie pueda decir que decidió por sí mismo ser salvo o aceptar ser salvo como enseña el falso evangelio que se predica hoy. A los hermanos siendo herederos solamente les faltaba entrar en posesión de su herencia. Solamente tenían que esperar que sacaran a la esclava y su hijo de la casa del Padre, lo que consistía en el cierre para siempre de la ley o antiguo pacto, para entrar a heredar todas las cosas.

            Un poco mas adelante el apóstol Pablo revela en Efesios 2:19-22 lo siguiente: [19] Así, pues, ya no sois extranjeros y forasteros, sino que sois conciudadanos de los santos y familiares de Dios, [20] sobreedificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular el mismo Cristo Jesús, [21] en quien todo el edificio bien conjuntado crece hasta ser santuario santo en el Señor, [22] en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en Espíritu.

            Con estas palabras, Pablo nuestro apóstol, les dice a los hermanos durante el período de transición entre los pactos, que todo estaba en proceso de finalizarse, porque todos ya eran salvos en esperanza o posición en Cristo. Era necesario para poder entrar en posesión de la herencia que se cumpliera la última jota o tilde de la ley como dijo Jesús, biografía según Mateo 5:17-18.

El sistema religioso cree que el propósito de anunciar el evangelio de la gracia o dar las buenas nuevas, es invitar a las personas a ser salvos. Eso es erróneo, el propósito es decirle a todos los hijos que ya están reconciliados con su Padre que es Dios. Todos los creyentes responderán al mensaje porque como revela el apóstol Pablo en Romanos 11:29, los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. Primero el Señor nos dio el don de la fe por su pura gracia y nos llamó porque antes nos conoció y nos predestinó. Por eso también nos justificó y nos glorificó, Romanos 8:29-30. Esa es la razón por lo que ninguna cosa creada nos puede separar de su amor que es en Cristo Jesús el Señor nuestro, Romanos 8:35-39.

            La bendición total con la que hemos sido bendecidos todos los hijos es que Dios mora en nosotros por el Espíritu.  Eso era lo que esperaba nuestro padre Abraham. Recuerden bendecidos, Dios es Espíritu y todas las cosas con él son en el Espíritu y por fe.

            El discípulo de la circuncisión Juan marcos escribió las profecías de estas cosas en el Rollo Profético llamado Apocalipsis 21:1-3. El escrito del libro del Apocalipsis al igual que los demás apóstoles de la circuncisión que escribieron sobre éstas cosas, sus escritos fueron en profecías, las cuales al día de hoy están todas cumplidas. Dice la cita anterior: [1] Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar no existe ya más. [2] Y la ciudad santa Jerusalén nueva vi que descendía del cielo, desde Dios, habiendo sido preparada como una novia que había sido adornada para el esposo de ella. [3] Y oí una voz grande del trono que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos, y ellos pueblos de él serán, y él el Dios con ellos será.

            Escribe el discípulo Juan Marcos que vio un nuevo cielo y una nueva tierra por medio de la visión que le fue dada por medio del apóstol Pablo, el ángel o mensajero de Cristo, la cual escribió en un rollo como profecía de los días finales que ellos estaban viviendo y que culminó en el año 70 con el juicio de Dios sobre el Israel natural, tal y como fue profetizado. Ese juicio se cumplió en la destrucción de Jerusalén y su templo, cuando Cristo vino a ponerle fin a la ley o antiguo pacto. El apóstol Pablo nos revela que los nuevos cielos y la nueva tierra es el nuevo pacto que nos traslada en el Espíritu a los lugares celestiales, donde vivimos ahora los creyentes del evangelio de la gracia de Dios.

            Juan Marcos como correspondía a su ministerio, nos informa que los primeros cielos y la primera tierra, la ley o antiguo pacto junto con la vieja ciudad de Jerusalén, así como el mar o naciones, formado por judíos y gentiles en cuanto a la carne, fueron quitados y no se halló más lugar para ellos. Eso es lo que el apóstol Pablo nos da en revelación en la carta a los Hebreos 8:13 que la ley o antiguo pacto se estaba poniendo vieja en los días que él vivió y que estaba próxima a desaparecer.

Cristo no le dio a ninguna revelación al apóstol de la circuncisión Juan que nada escribió, sino que la revelación de esos misterios, se los dio a escribir al discípulo Juan Marcos, quien a su vez los recibió por medio del ángel o mensajero Pablo que fue arrebatado al tercer cielo, para que lo escribiera como una profecía para los días finales que le quedaban a la ley o antiguo pacto. Parte del significado de esa visión está revelada  por el apóstol Pablo en Gálatas 4:24-26 y por todas sus cartas.

            Continuemos por un momento con la visión profética del libro de Apocalipsis. Él vio la Nueva Jerusalén descender del cielo de Dios. El apóstol Pablo en la cita anterior de Gálatas la llama la Jerusalén de Arriba. Para que se mostrara la verdadera Jerusalén era menester quitar la vieja Jerusalén que estaba en esclavitud, era menester quitar la ley o antiguo pacto que sólo daba hijos para esclavitud. Nosotros ahora conociendo la verdad de la revelación somos libres como también nos revela el apóstol Pablo en la misma cita. Ese fue el momento de entrar a heredar en el nuevo pacto.

            Hermanos, era menester cielos nuevos y tierra nueva para el nuevo pacto, porque ahora hay una nueva creación. Lees las palabras de Pablo nuestro apóstol en 2 a los Corintios 5:17 que dicen: De modo que si alguien está en Cristo, es nueva creación; las cosas viejas, (la ley o antiguo pacto) pasaron, he aquí que han sido hechas nuevas. Somos una nueva creación en el segundo Adán que es Cristo, que es un Espíritu vivificante o de vida. Hermanos, el Señor es nuestra paz, nos juntó a los dos pueblos en uno cuando derribó en la carne de él, la pared intermedia que nos separaba, la ley de los mandamientos en decretos aboliendo, a fin de crear un nuevo hombre, lees Efesios 2:14-15.

            Los odres viejos de la ley o antiguo pacto estaban imposibilitados de contener el vino nuevo de la revelación del nuevo pacto como enseñó Cristo en los días de su carne, biografía según Mateo 9:16; Marcos 2:22 y Lucas 5:37. La nueva Jerusalén o Jerusalén de arriba como la reveló nuestro apóstol, tenía que bajar del paraíso de Dios a los nuevos cielos y la nueva tierra. Fue allí donde precisamente el apóstol fue llevado por el Señor para darle la revelación de todos los misterios para este nuevo orden o pacto, 2 a los Corintios 12:4.

Continúa profetizando el libro de Apocalipsis que se oyó una voz que decía que el tabernáculo o morada de Dios estaba con los hombres. Que Dios moraría con ellos, que ellos serían su pueblo y Dios mismo estaría con ellos como su Dios. También dijo proféticamente que ya no había mas mar, lo cual te lo revela el apóstol Pablo cuando te dice que no hay nacionalidades en el Espíritu, porque no hay judíos ni griegos o gentiles, verifícalo tu mismo leyendo Romanos 10:12 y Gálatas 3:28.

En Efesios 2:19-22 el apóstol Pablo nos muestra que la Iglesia estaba pasando por un período de transición. Estaban en progreso de pasar de tener todas las cosas en Cristo en esperanza o posición, para pasar a poseer todas las cosas. El edificio estaba en desarrollo pleno, la morada de Dios estaba en plena edificación. Pero para completar el proceso era necesario darle fin a la ley  o antiguo pacto.

Muchos creyentes niños en el sistema religioso, por causa de la apostasía anunciada y comenzada en los días de Pablo, siguen viviendo todavía en el pasado. Muchos de ellos enseñan que supuestamente el reloj de Dios se paró; pero eso es precisamente lo que les ha acontecido a ellos en término de la revelación de Dios. A ellos les decimos todavía en este tiempo como nuestro apóstol les dijo a un grupo de creyentes que estaban en la misma situación en los días de su peregrinaje: Porque todo lo que es manifestado, luz es. Por lo cual dice: Levántate el que duerme, y ponte en pie de entre los muertos, y resplandecerá sobre ti Cristo, Efesios 5:14. En otras palabras, sal de la ignorancia que es la oscuridad o tinieblas del mundo fuera del nuevo pacto, sal del viejo sol y la vieja luna con sus viejas estrellas ya extintas, la ley o antiguo pacto, y entra en el nuevo sol y la nueva luna con sus nuevas estrellas, porque Cristo el sol de justicia es el sol de la nueva creación.

En efesios 4:11-13 el apóstol Pablo nos revela el orden ministerial puesto por Dios en su Iglesia para su sobre-edificación. Los ministerios son funciones o regalos de Dios para su Iglesia. Una de las responsabilidades del ministerio del apóstol Pablo, era sacar a la Iglesia de la infancia, de la leche que le dio a beber el ministerio o apostolado de la circuncisión y darle a comer el alimento sólido de la madurez espiritual por medio de la revelación de los misterios. En la cita se dice que debemos crecer a la estatura de un varón perfecto. La palabra que ha sido traducida perfecto es la palabra griega "telios". Esa es la misma palabra utilizada por el apóstol en Filipenses 3:12 que nos habla de alcanzar la medida completa de la plenitud de Cristo. En otras palabras ser exactamente como es Cristo en el Espíritu.

Para tu consuelo sobreedificaré diciéndote que eso ocurría estrictamente a partir de la venida o aparición de Cristo. Eso fue lo que ocurrió en el año 70, cuando Cristo vino por segunda vez sin relación con el pecado, en juicio sobre Jerusalén y su templo, el asiento del judaísmo que fue terminado por Dios para con él.

Lázaro, el discípulo amado, cuyos dos libros son identificados por error con el nombre el apóstol de la circuncisión Juan, le escribió a los hermanos que vivían bajo el evangelio de la circuncisión las siguientes palabras: Amados, ahora hijos de Dios somos, y aún no fue manifestado qué seremos. Sabemos que si es manifestado, semejantes a él seremos, pues le veremos tal como es, lo cual puedes leer en la 1a carta llamada Juan 3:2. El apóstol Pablo nos revela el significado de esas palabras anteriores en Romanos 8:29 cuando nos dice: Pues a los que de antemano conoció también los predestinó (a ser hechos) conforme (de la misma forma) a la imagen del Hijo del él, para que sea él primogénito entre muchos hermanos.

Todo esto tuvo su cumplimiento a partir del año 70 como os dije anteriormente, cuando el Señor vino por segunda vez sin relación con el pecado, para darle cumplimiento a la última jota o tilde de la ley profetizado por la ley y los profetas y confirmado por Cristo en los días de su carne. Fue el día cuando comenzaron en plenitud los nuevos cielos y la nueva tierra: el nuevo pacto en Cristo. El Señor trajo la justicia perfecta y eterna al cierre de la ley o antiguo pacto. Desde ese día en que Cristo le puso fin a la ley, Romanos 10:4, vivir en perfección espiritual es tener la justicia de Cristo en nosotros por la fe, Gálatas 5:5 Porque nosotros en Espíritu por fe la esperanza de la justicia aguardamos ansiosamente.

En el verso anterior subrayamos las palabras aguardamos ansiosamente, traducción exacta de la palabra griega apekdekhómetha o apekdekhetai. Esta palabra es usada solamente siete veces en los escritos del apóstol Pablo, y todas las veces relacionadas con la segunda venida ya ocurrida de Cristo sin relación con el pecado. Tres de las ocasiones fueron en la carta a los Romanos, una en la primera carta a los Corintios, una en la carta a los Gálatas, una en la carta a los Filipenses y la última ocasión en su última carta, la que le escribió a los Hebreos.  En la cita anterior lo que aguardaban ansiosamente era la justicia plena de Cristo que solo podía ocurrir con la venida de Cristo y solo es por fe.

Ese era el único evento que faltaba por ocurrir para que la Iglesia entrara en posesión de su herencia, entrar en posesión de la justicia perfecta de Cristo. De acuerdo a esta revelación del apóstol, ellos estaban aguardando ansiosamente la llegada del Señor para entrar en posesión de la herencia, la resurrección de entre los muertos, ser restaurados a la comunión o presencia de Dios.  Eso era lo mismo que la resurrección de entre los muertos, porque estábamos muertos en la primera creación que fue en Adán. Estábamos separados de Dios por causa de la naturaleza de pecado recibida en Adán. Por eso es que revela el apóstol que: en Adán todos murieron, 1 a los Corintios 15:22.

Antes de que veamos las seis citas restantes relacionadas con la palabra aguardando ansiosamente, veamos primero una cita de la biografía según Lucas 21:27-28 de Cristo en los días de su carne. En estas palabras, Jesús nos muestra que su segunda venida o aparición estaba totalmente atada a la salvación o redención nuestra. Estaba atada al día cuando ocurriría nuestra resurrección. Esto significa, que si Cristo no ha venido todavía como enseña el sistema religioso, entonces nadie puede decir que es salvo. Nadie puede decir que Cristo vive en él, porque la salvación se completaba con la resurrección, la cual ocurriría en la segunda venida o aparición del Señor sin relación con el pecado, lo cual sólo podía ocurrir al ser cumplida y quitada la ley o antiguo pacto.

Leamos ahora en la biografía según Lucas 21:27-28 lo siguiente: [27] Y entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en la nube con poder y gloria grande. [28] Cuando estén comenzando estas cosas a suceder, erguios y levantad las cabezas vuestras, porque llega la redención (en griego "apolútrosis" que significa literalmente la liberación completa) vuestra.

Pasemos ahora a leer las citas restantes donde aparece la expresión aguardando ansiosamente. Comencemos leyendo Romanos 8:19 que dice: Porque el anhelo profundo de la creación la revelación de los hijos de Dios aguarda ansiosamente (en griego "apekdekhetai").

La creación o hijos de Dios que aguardaba el regreso del Señor, somos todos los santos ya redimidos y reconciliados para siempre. La señal de la revelación de los hijos de Dios era la señal del Hijo del Hombre o destrucción de la ciudad de Jerusalén y su templo natural, figura de la ley  o antiguo pacto delante de Dios.

Leamos ahora Romanos 8:23 y no solo eso, sino que también nosotros mismos las primicias del Espíritu teniendo, también nosotros mismos en nosotros mismos, gemimos la adopción de hijos aguardando ansiosamente (en griego "apekdekhómenoi") la redención del cuerpo de nosotros.

Cristo Jesús el Consolador, a través de Pablo nuestro apóstol, señaló que aún los hermanos que vivieron en la transición entre los dos pactos y que tenían las primicias del Espíritu, porque conocían por fe solamente que eran salvos en esperanza o posición en Cristo, aguardaban ansiosamente la redención del cuerpo de ellos: pasar del cuerpo del viejo  Adán que solamente era un ser viviente, al cuerpo de la gloria del segundo Adán que es un Espíritu de vida. Esto sólo podía ocurrir en la segunda venida o aparición de Cristo, que es lo mismo que el fin de la ley delante de Dios, porque Cristo es el fin de la ley, Romanos 10:4. Recuerden bendecidos: sin la ley el pecado está muerto, Romanos 5:13. Esa es la razón por la que donde no hay ley tampoco hay transgresión, Romanos 4:15.

El apóstol Pablo señala muy claramente que ellos en esos días de transición entre los dos pactos tenían solamente la primicia del Espíritu. Reconocían que eran los hijos de Dios todavía en esperanza o posición en Cristo. Esa es la razón por la que ellos estaban aguardando ansiosamente la llegada del Señor para ser redimidos del pecado. Recuerden nuevamente que la ley era el poder del pecado como revela 1 a los Corintios 15:56.

Romanos 8:25 dice: Mas si lo que no vemos, esperamos, mediante la paciencia lo aguardamos ansiosamente (en griego "apekdechómetha"). Fíjense bien amados, el apóstol Pablo indica que ellos aguardaban ansiosamente en esperanza o posición en Cristo. Por esa razón no podían ver físicamente o en la carne como sucedía en la ley o antiguo pacto y en el evangelio de la circuncisión, porque en el evangelio de la gracia todo es por fe. Los once que administraban el apostolado de la circuncisión siempre hablaban de lo que habían visto, oído y palpado con sus manos. El apóstol Pablo nos habla de percibir por fe solamente, no por vista, 2 a los Corintios 5:7. Los hermanos de las primicias tenían que perseverar en esperanza. Ahora estamos resucitados pero de igual manera no podemos verlo por vista, lo creemos por fe, como vivimos todos los hijos del reino del nuevo pacto en este planeta. Sí, amados ahora nosotros vivimos por la fe consumada, porque vivimos en las cosas verdaderas y que permanecen para siempre.

1 a los Corintios 1:7 De tal manera que vosotros no estáis faltos en ningún don, aguardando ansiosamente (en griego "apekdechoménous") la revelación del Señor nuestro Jesús Cristo. De nuevo vemos que los hermanos aguardaban ansiosamente la revelación que es lo mismo que la aparición de nuestro Señor Jesús Cristo.

Filipenses 3:20 Porque la ciudadanía de nosotros está en los cielos, de donde también al Salvador aguardamos ansiosamente (en griego "apekdechometha") al Señor Jesús Cristo. El apóstol  Pablo nos revela que desde el tiempo que él escribió esta revelación, nuestra ciudadanía ya estaba en los cielos; recuerda las palabras de Cristo en los días de su carne ante Pilatos: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los Judíos; ahora, pues, mi reino no es de aquí, biografía según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 18:36. Esto nos revela que nuestra ciudadanía es espiritual, porque en el Espíritu nunca hemos sido de este mundo, ni de esta creación, somos una nueva creación. Esto fue incluso revelado por Cristo en los días de su carne según lo registra su biografía de acuerdo a Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 8:23, 15:18-19 y 17:14.

Leamos ahora Hebreos 9:28 que dice: Así también Cristo, una sola vez ofrecido para llevar sobre sí los pecados de muchos, por segunda vez sin pecado se aparecerá a los que le están aguardando ansiosamente (en griego "apekdechoménois") para salvación. Continúa la revelación de los misterios enseñándonos: Primero, que Cristo fue ofrecido una sola vez en propiciación por nuestros pecados. Esto implica que ya él pagó el precio por el pecado que demandaba la ley, la muerte. Recuerden lo que revela la primera parte de Romanos 3:23 Porque la paga del pecado era la muerte; sí la muerte, pero la muerte espiritual. Segundo, nos revela el apóstol Pablo, que Cristo aparecería por segunda vez sin relación al pecado para salvación. Esa era la razón por la que los hermanos aguardaban ansiosamente su aparición. El problema del sistema religioso es que ha interpretado esas palabras del apóstol Pablo como si fuera una aparición material o física. Desconocen de que manera la ley se tenía que cumplir en todas sus partes.

La salvación no estaba completada en posesión para los santos de los días del apóstol Pablo, mientras la ley no se completara. Por eso es que el apóstol Pablo decía, que durante ese período de transición, ellos eran salvos en esperanza o posición en Cristo. Todavía no la habían alcanzado o completado en posesión como ya estamos todos los que creemos el poder del evangelio de la gracia.

Pero leamos otra revelación del apóstol que abona más a lo que vengo sobreedificando sobre el fundamento. Leamos Romanos 13:11-12 que dice: [11] Y esto, sabiendo el tiempo (kairón), que es hora ya de que vosotros (los hermanos de los días del apóstol Pablo) del sueño seáis levantados; porque ahora más cercana está de nosotros (el apóstol y los hermanos a quienes se dirigía) la salvación que cuando creímos. [12] La noche avanzó  y el día se ha acercado. Desechemos pues, las obras de la oscuridad, y vistámonos las armas de la luz.

Fíjense bien amados bendecidos, el apóstol Pablo les reveló a esos hermanos que ellos conocían el tiempo, que ellos sabían que estaban viviendo en los días postreros por lo que cada día que pasaba los acercaba al cumplimiento total de la ley, la sombra u oscuridad que estaba pasando. Eso ocurrió en el año 70 con la destrucción de Jerusalén y su templo. La palabra griega kairón traducida “tiempo” implica literalmente un período de tiempo corto o limitado como sucedió, unos 40 años desde la resurrección hasta el juicio de Israel; no un período de mas de 2000 años como enseña el sistema religioso.

Aún el apóstol de la circuncisión Pedro en su primera carta a los judíos expatriados a los que les escribió, señala que la salvación estaba cerca de ser revelada en sus días, leamos 1 Pedro 1:4-7 que dice: [4] para una herencia incorruptible e incontaminada e inmarcesible, que ha sido guardada en los cielos para vosotros, [5] los que por el poder de Dios sois guardados mediante la fe para la salvación, presta para ser revelada en el tiempo último. [6] En lo cual os alegráis, por un poco aún si es necesario, siendo afligidos por diversas pruebas, [7] para que la prueba de vuestra fe mucho más valioso que el oro que perece, mas mediante fuego que es probado, sea hallada para alabanza y gloria y honor en la revelación de Jesús Cristo.

Fíjense bien en el lenguaje de las dos partes subrayadas, Pedro conocía que estaba viviendo en los tiempos postreros, ese fue precisamente su primer mensaje el día del cumplimiento de la fiesta de Pentecostés, el día que nació la Iglesia en el seno judío en la ciudad de Jerusalén, por eso dice Pablo nuestro apóstol en Efesios 2: 14 que de ambos grupos, judíos y gentiles hizo uno sólo, cuando quitó la pared intermedia de separación entre ambos grupos, la ley de mandamientos o antiguo pacto.

Es necesario que entiendas la alegoría que nos reveló el apóstol Pablo relacionada con los dos hijos que tuvo nuestro padre Abraham. Nos dice el apóstol Pablo, que el hijo con la criada (en griego paidiskis) era el hijo según la carne, representación del Israel natural; mientras que el hijo de la esposa, el hijo según la promesa, es la representación del Israel espiritual. Agar la criada representaba la ley o antiguo pacto recibido en el  monte Sinaí por medio de Moisés y daba hijo para esclavitud; mientras que Sara su esposa representa el nuevo pacto en Cristo y da hijos libres.

Recuerden las palabras de Cristo en los días de su carne: conoceréis la verdad (Cristo por medio de la revelación) y la verdad os liberará. Los judíos le dijeron a Jesús que ellos eran hijos de Abraham, a los que mas tarde él les dijo que él sabía que ellos eran simiente NATURAL  de Abraham, verso 37. Por eso les dijo primero: De cierto, de cierto os digo que todo el que practica el pecado  (refiriéndose a todos los que viven en la carne y estaban bajo la ley) esclavo es del pecado. Pero el esclavo no permanece en la casa para siempre; el hijo si permanece para siempre, biografía según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 8:32-36.

¿Ves ahora lo revelado por el apóstol Pablo en relación a esta alegoría? Al esclavo (en griego douleúei), Ismael, el hijo de Agar o de la ley, lo echaron de la casa, no permaneció para siempre. Por su parte Isaac, el hijo de Sara o Jerusalén de arriba, el hijo de la promesa, permaneció para siempre y entró en posesión de todas las cosas tan pronto estuvo listo para dejar la leche y comenzar a comer alimento sólido.

Precisamente el tiempo en que ambos hijos estuvieron viviendo junto en la casa, es el período de transición entre los dos pactos. Mientras Ismael estuvo en la casa en el período en que Isaac era alimentado con leche solamente, Isaac no podía entrar en posesión de su herencia. Por eso era necesario que el Jesús de la imagen terrenal se fuera, para que el Cristo se manifestara a través de la revelación de Pablo, el único apóstol que él levantó para el nuevo pacto.

Nos revela Pablo nuestro apóstol, que como fue necesario echar afuera de la casa del padre a la esclava y su hijo, figuras de la ley o antiguo pacto y de la Jerusalén de debajo de los días del apóstol. Fue necesario que la ley, representada en la figura del templo, y la ciudad de Jerusalén y sus habitantes fueran destruidos en juicio tal y como fue profetizado por Moisés, los profetas y confirmado por Cristo en los días de su carne, juicio o destrucción que ocurrió en el año 70.

Jesús en los días de su carne, no vino a quitar o ponerle fin a la ley, sino a completarla, lo que incluía cumplirla en su totalidad conforme a todo lo dicho a través de la ley y los profetas. Por eso fue que vino nacido de mujer y bajo la ley, Gálatas 4:4. Pero también nos revela: Porque fin de la ley es Cristo para justicia  a todo el que cree, Romanos 10:4. Esto significa simplemente, que todos los que creemos el evangelio de la gracia de Dios vivimos en el nuevo orden de Dios o nuevo pacto. Para Dios el antiguo pacto ya caducó, se puso viejo y desapareció delante de él a partir del año 70, cuando juzgó al Israel natural como estaba profetizado precisamente por la ley y los profetas, ese fue el último tilde que tenía que ser cumplido fielmente.

Por eso nos revela en Hebreos 6:1 que dejemos los elementos o rudimentos de la doctrina de Cristo del principio, la leche o enseñanzas del evangelio de la circuncisión, tales como: no otra vez echando el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, porque ya el pecado fue quitado delante de Dios en el nuevo pacto, por lo que debemos andar en el Espíritu, nuestro nuevo hombre interior. Dejar el elemento o rudimento de la fe en Dios, porque precisamente la promesa del nuevo pacto dice que no será necesario que ningún creyente le enseñe a su hermano a que conozca o tenga fe en el Señor, porque la fe es un don de Dios dado a nosotros. Recuerden amados, como les dije anteriormente, ahora vivimos en la fe consumada. Dejar también el elemento o rudimento de la enseñanza de abluciones o bautismos, porque eso fue parte de la leche del evangelio de la circuncisión, el bautismo en agua vino de Juan el Bautista, porque nuestro bautismo es en el Espíritu en la muerte del tabernáculo de Cristo.

También nos insta a dejar el elemento o rudimento de la imposición de manos, otra práctica del evangelio de la circuncisión; de la resurrección de los muertos, porque aunque todavía no habían entrado en esos días a la posesión de esa promesa, ocurriría un poquito mas adelante, la epístola se escribió aproximadamente en el año 65 y esa promesa se cumplió finalmente en el año 70 cuando también se cumplió el juicio eterno, porque la ley o antiguo pacto y sus hijos como pueblo natural delante de Dios, fueron juzgados o quitados delante de Dios para siempre, poniéndole fin al período de transición.

Recuerden bendecidos, el apóstol Pablo nos confiesa en 1 a los Corintios 13:11 para nuestra edificación lo siguiente: Cuando yo era niño pequeño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando me he hecho hombre, he abolido las cosas del niño. Si hermanos, el apóstol practicó todas esas cosas como lo puedes comprobar en algunas de sus cartas y en el libro de biografía apostólica escrito por el doctor Lucas, conocido como libro de los Hechos.

Por tanto, el propósito del período de transición tuvo como fin llevar a los hermanos de la primicia del cambio de la ley a la gracia (el fin de la ley o antiguo pacto al establecimiento de lo firme y verdadero: el nuevo pacto). Del fin del evangelio de la circuncisión que era para las ovejas o remanente de Israel, a la revelación del evangelio de la gracia que declaró: el final de judíos y gentiles (fin de razas delante de Dios); el final de esclavos y siervos (fin de clases sociales delante de Dios); fin de hombres y mujeres (fin de sexos o de la carne y la sangre para darle paso a lo nuevo: el Espíritu, en lo que ya estamos resucitados). ABBA PADRE.

            Gracia y paz a todos los bendecidos que ahora vivimos en el nuevo pacto en Cristo, perfectos, sin mancha y sin pecado delante de Dios por su obra de justicia, y resucitados o reconciliados en el Espíritu para siempre.

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