EL LENGUAJE DEL REINO . . .


Sobreedificando sobre el fundamento Cristo


Es menester que: todos los santos, todos los reyes y señores del nuevo pacto, conforme revela el apóstol Pablo en la  1ra. carta a Timoteo 6:15, que vivimos en la tierra, pero que somos ciudadanos de los cielos, carta a los Filipenses 3:20; que ya estamos trasladados al reino de su amado Hijo de Dios o cuerpo Espíritu que en realidad somos nosotros ahora, carta a los Colosenses 1:13, por lo que en los lugares celestiales ya estamos bendecidos con toda bendición espiritual en Cristo, carta a los Efesios 1:3; que todos nosotros como ministros competentes de este nuevo pacto, 2da. carta a los Corintios 3:6; que todos nosotros como embajadores en nombre de Cristo del reino celestial, 2da. carta a los Corintios 5:20; que todos nosotros como dioses hijos del Altísimo, Salmos 82:6 y Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 10:34, que somos espíritus perfectos como miembros del cuerpo Espíritu de Cristo, carta a los Hebreos 12:23, que estuvimos escondidos con Cristo en Dios hasta el año 70 cuando la ley o antiguo pacto llegó a su fin, carta a los Colosenses 3:3, cuando Cristo completó una vez y para siempre por medio de una sola ofrenda nuestra reconciliación consigo mismo como revela la carta a los Hebreos 10:14; hablemos una misma cosa, que hablemos un mismo lenguaje, como nos ordena y revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 1:10.

El Señor nos dio un pacto o gracia que es desde antes de los tiempos de los siglos como revela el apóstol Pablo en la 2da. carta a Timoteo 1:9, el cual le confirmó a nuestro padre Abraham.  En ese pacto, él estableció que seríamos bendecidos en Cristo le prometió a Abraham, según registra el libro de Génesis 12:3 y que confirma cumplido Cristo el Consolador a través del apóstol Pablo en las cartas a los Gálatas 3:17 y a los Efesios 1:3.  Este pacto fue hecho con todos nosotros antes de la creación del mundo en Cristo, es decir, que este pacto nos fue enseñado por el Padre antes que fuéramos destituidos de la gloria de Dios, que es revelado en la carta a los Romanos 3:23 que ocurrió con nosotros.  Es la razón por lo que Cristo en los días de su carne dijo: ... todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí, como registra la biografía de Jesús escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 6:45.

Dado que somos ciudadanos de un reino diferente, pues somos de una familia diferente, la familia de la fe, somos de un mundo diferente.  Amados, es menester que entiendan amados, que somos embajadores de un reino diferente. Por eso es que andamos en el espíritu, es decir, andamos como dioses, como miembros del cuerpo de la nueva creación en este orden.

Todo este conocimiento, solamente lo podemos recibir por la revelación del único apóstol que Dios llamó para nosotros, los que éramos llamados en el otro siglo o viejo mundo de la ley o antiguo pacto como gentiles en cuanto a la carne.  Al final de ese siglo malo o viejo mundo ya terminado, nuestro apostolado o ministerio era reconocido al principio por los once apóstoles de Jesús en los días de su carne, como el apostolado de la incircuncisión, administrado por el apóstol Pablo, según es revelado en la carta a los Gálatas 1:15-16; 2:7-8.  El apostolado de la circuncisión fue dado para el cierre de la ley, razón por la que los once se quedaron predicando y guardando la ley de Moisés mezclada con las doctrina de Cristo del principio, llamada la leche espiritual de la Iglesia, pues los once no recibieron la revelación de los misterios por parte de Jesús Cristo, lo cual hizo a través del apóstol Pablo, a quien llamó conforme a lo profetizado por el profeta Isaías 49:1-6..

Es por tanto menester que hablemos una sola doctrina como nos insta el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 1:10. Para eso es necesario que escuchemos atentamente todo lo que él apóstol Pablo nos dejó revelado por medio de sus 15 epístolas a las diferentes iglesias que ministró y a diferentes  ministros del nuevo pacto que trabajaron con él.

En este estudio, instamos a los hermanos a hablar con propiedad. Por ejemplo, los hijos de Dios nos referimos a las Escrituras o Sagradas Escrituras para referirnos a los libros que contienen las promesas que están desde el libro de Génesis hasta el libro de Malaquías que contienen todo lo dicho por los profetas y la ley de Moisés. Cuando hablamos de los libros escritos por Mateo, Marcos, Lucas y Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan, nos referimos a las biografías de Cristo en los días de su carne, a quien generalmente llamaban despectivamente Jesús de Nazaret, también se le identifica como el Hijo del Hombre, el Hijo de David  o el Hijo de Dios.

El libro llamado Hechos de los Apóstoles por su parte, es la biografía o historia de ambos apostolados, o ministerios, empezando los primeros capítulos con el apostolado o ministerio de la circuncisión desde los días después de la resurrección de Jesús con los once apóstoles, que es lo primero o natural y luego hasta el final con el apostolado o ministerio de Pablo. Las 15 epístolas de Pablo son la revelación todos los misterios de Dios que estuvieron cubiertos por las edades y dado a conocer para la Iglesia, también conocida como el evangelio de la gracia o buenas noticias. Las 2 cartas de Pedro, las 3 cartas que le adjudican a Juan, quien nada escribió, la carta de Santiago y la carta de Judas, son cartas dirigidas al ministerio de la circuncisión, a la iglesia niña que estaba en Jerusalén y fue esparcida por todo el mundo de entonces.  Por eso están basadas en las obras de la ley y nada tienen que ver con los que éramos llamados gentiles en cuanto a la carne. A nosotros nos competen las promesas dadas a Abraham, que eran para nosotros. Fíjense amados,  que Abraham fue llamado siendo incircunciso, y luego se le dio la circuncisión para que fuera padre de todos los creyentes, circuncisos e incircuncisos, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 4:9-11.

Por último, el Rollo Profético llamado Apocalipsis, que es el libro del cierre del antiguo pacto o del ministerio de la circuncisión en cuanto a los profetas se refiere. Este libro como lo llamamos en forma moderna contiene el mensaje de Jesús Cristo enviado por medio de su ángel o mensajero y testigo fiel (creo que deben saber quién es ese ángel, de lo cual hablaré en otra conferencia) para que le revelara a sus siervos de la circuncisión todas las cosas, (espero aprecies el por qué del comentario del apóstol de la circuncisión Pedro en su 2da carta de Pedro 3:15-16) y recoge todo lo profetizado finalmente por Cristo en los días de su carne, muchas de las cuales podemos también encontrar especialmente en las secciones que registraron las biografías de Jesús escritas por Mateo 24; Lucas 21 y Marcos 13.

Por tanto nunca hablamos del término La Biblia, porque ese nombre fue inventado por los religiosos y ha desvirtuado el propósito de los escritos: los libros de la ley, los profetas y los salmos o las Escrituras del antiguo pacto; los libros del ministerio de la circuncisión dado a los once apóstoles de Jesús en los días de su carne que he descrito anteriormente, y los libros del ministerio de la reconciliación dado al apóstol Pablo por Jesús Cristo el Consolador.

Tampoco decimos Jesucristo, como si fuera un solo nombre, porque ese nombre no aparece así en ninguno de los libros antes mencionados, porque el nombre del Señor en los días de su carne era simplemente Jesús con los apodos antes señalados de: Jesús de Nazaret, Hijo del Hombre, el Hijo de David o el Hijo de Dios.  En los escritos de los once y el nuevo pacto escrito por Pablo, se habla de Jesús Cristo, Cristo Jesús, o Jesús el Cristo, porque Cristo es la Unción o Espíritu o Dios que estaba en Jesús, de hecho, el nombre Cristo traducido del Griego al Español, sería Mesías y a nadie se le ha ocurrido decir Jesúsmesías.  ¿Estamos claro?

Tampoco usamos el nombre antiguo YHWH forma correcta en las Escrituras Hebreas, que unos pronuncian como Jehová y otros como Yahvé, el cual si lo habrás notado no aparece tan siquiera una sola vez en los escritos desde Jesús en adelante, salvo en la traducción incorrecta de la secta que se hace llamar Testigos de Jehová.

La realidad es que nadie sabe siquiera como se pronuncia o traduce el nombre YHWH. En todos los libros, desde las biografías de Jesús, empezando por el libro escrito por Mateo, cuando se cita algo de las escrituras antiguas, siempre se usa el título de: Señor. El nombre antiguo de YHWH, conforme al profeta Isaías, estaba profetizado que iba a ser quitado, para darle paso al nuevo nombre que Dios mismo profetizó que en persona daría a conocer y fue cumplido cuando Jesús nos dio a conocer el nuevo nombre: Jesús Cristo,  como registra la biografía de Jesús escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 17:3 y 26.

Ese es el único nombre del Señor dado a los hombres en que fuimos salvados, único nombre usado por los testigos fieles, los apóstoles después de la resurrección, leamos en el libro de los Hechos 4:12; y en las cartas a los Hebreos 2:12, Filipenses 2:9 y Colosenses 3:17. También os invito amados a leer Isaías 52:5, donde se nos dice que el nombre del Señor era blasfemado todo el día, lo cual es citado por el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 2:24. En Isaías 52:6 el Señor profetiza que su pueblo conocería su nombre, porque él mismo estaría presente, diciendo en el verso 7 como lo sabríamos, porque él se aparecería introduciendo las buenas nuevas o buenas noticias de salvación, lo cual fue cumplido en su ministerio en lo visible para completar la ley por medio de su participación carne y sangre en Jesús.

            Nosotros hablamos de la ley o antiguo pacto y del nuevo pacto, nunca de antiguo testamento y nuevo testamento. Lo que hubo en los días de Jesús y de ambos apostolados fue dos pactos: la ley o antiguo pacto añadido en Moisés al pacto de la gracia que es desde antes de las edades. La ley o antiguo pacto fue añadido por causa de las transgresiones, para que el pecado abundase y se mostrase como lo que es, pues la ley fue dada para los injustos y nada perfeccionó, así es revelado por medio del apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 3:19, en la 1ra. carta a Timoteo 1:9 y en la carta a los Hebreos 7:19.

            Es menester amados que entiendan de una vez y para siempre que todos los hijos de Dios estamos justificados en Cristo Jesús por medio de una sola ofrenda para siempre. El Señor, Dios y Padre Eterno de nosotros, la Iglesia nos reconcilió consigo mismo en un día, porque así había profetizado por el profeta Zacarías 3:9 que él haría y lo cumplió al pie de la letra. Cuando hablamos de la ley de Moisés conforme nos muestra el apóstol Pablo, creemos que se refiere a toda la ley, desde los 10 mandamientos escrita en tablas de piedra en el monte Sinaí, incluyendo el resto de los 613 mandamientos y ordenanzas adicionales, con todas las ceremonias que Moisés le dio al pueblo de Israel, que conforme revela el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 3:14-16 fue el muro o pared intermedia que separaba a su pueblo divido en judíos y gentiles en cuanto a la carne, muro o pacto expresado en ordenanzas o mandamientos, que al ser derribado o llegar a su fin permitió que de ambos pueblos u hombres creara un solo y nuevo hombre en un solo cuerpo: Cristo.

            Finalmente amados, nos identificamos como cristianos solamente, porque así fue que se identificaron los hermanos en Antioquia, bajo las enseñanzas y primeras revelaciones dada por el apóstol Pablo como nos informa el libro de los Hechos 11:26, para cumplimiento de lo que el Señor prometió por profecía, que le cambiaría el nombre a su pueblo, Isaías 65:15. En otras palabras, podemos decir que Cristo es el apellido único de la familia de la fe, por los que todos, aunque nos identifiquemos con un nombre en la vestidura por causa de que el cuerpo de Cristo fue partido en muchos miembros para participar en lo visible, somos un solo cuerpo en el Espíritu: Cristo. Gracia y paz a cada uno de los amados Cristo de su siempre servidor que les ama en el Espíritu o ágape, Ramón Cristo como sois cada uno de vosotros.  

 

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