LA ESCALERA DEL SUEÑO DE JACOB O ÁNGELES DE DIOS QUE SUBEN Y BAJAN A TRAVÉS DEL HIJO DEL HOMBRE

PARTE 2


Sobreedificando sobre el fundamento Cristo


En la porción de Génesis 28:17-19 se nos informa primero que Jacob dijo: [17] ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que Casa de Dios y Puerta del Cielo! Jacob entendió como os dije en la primera parte del estudio, que el cielo, es la dimensión u orden espiritual de Dios, porque como enseñó Cristo en los días de su carne: Dios es Espíritu, biografía de Jesús según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 4:24.

También Jacob entendió, que la escalera era la única forma de llegar a la presencia de Dios. Por eso llamó al lugar dónde estaba la escalera: Puerta del Cielo. Como os dije en la primera parte del estudio, Cristo es la Puerta de las ovejas o hijos de Dios. Cristo es la puerta de entrada a la vida, biografía de Jesús según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 10:9.

Nos dijo Cristo en los días de su carne según registra la biografía de Jesús según Mateo 7:14 Porque estrecha es la Puerta, y angosto es el Camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo hallan. Recuerden amados, Cristo es el Camino, biografía de Jesús según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 14:6; por lo que ahora [19] tenemos confianza para la entrada en el lugar santo por la sangre de Jesús, [20] el cual nos inauguró camino recién abierto en los días que el apóstol Pablo escribió éstas líneas, y vivo a través del velo, esto es, de la carne de él, que fue su imagen terrenal llamada Jesús, Hebreos 10:19-20. La puerta es estrecha que es lo mismo que el camino angosto, porque el evangelio de la gracia a pesar de ser poder de Dios, es locura para los que se pierden esta revelación. Es que esta palabra tiene que ser discernida espiritualmente, 1 a los Corintios 2:6-16.

Cristo es el camino profetizado por el profeta Isaías 35:8-10 que dice: Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea no se extraviará. [9] No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos. [10] Y los redimidos del Señor volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre su cabeza; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.

No hay otra forma para entrar a la vida eterna mis amados, porque nuestra vida o creación Espíritu estaba guardada con Cristo en Dios, Job 10:12 y Colosenses 3:3, hasta el año 70, cuando Cristo nuestra vida, fue manifestada sin relación al pecado, cuando le puso fin a la ley o antiguo pacto. Recuerden amados, Cristo es el fin de la ley, Romanos 10:4. Por eso ahora, nosotros los hijos o Cristo cuerpo, vivimos en el Espíritu, por el Espíritu y para el Espíritu por el poder del evangelio de la gracia. En el nuevo pacto nosotros estamos manifestados con él, por lo que reinamos en vida, Colosenses 3:4, lo cual les citaré pero sobre-edificando: Cuando Cristo, la vida de nosotros fue manifestada al final de la ley, entonces nosotros también con él ya estamos manifestados en gloria si creemos por fe consumada el poder del evangelio.

Vuelvo y les recuerdo mis amados, eso sucedió cuando Cristo le puso fin a la ley, Romanos 10:4. Esa fue la gran señal del Hijo del Hombre: la destrucción del año 70 de Jerusalén y su templo de piedra edificado a mano, otra forma de decir que Cristo le puso fin a la ley o antiguo pacto que había añadido hasta que llegara el tiempo de reformar todas las cosas. Esa fue la llamada segunda venida del Señor revelada por el apóstol Pablo en Hebreos 9:28.

Cristo le puso fin a la ley que era lo que le daba poder al pecado, ya que el pecado era el aguijón de la muerte, como revela el apóstol Pablo en 1 a los Corintios 15:56. Pero a partir de del fin de la ley o antiguo pacto, se cumplió la palabra que fue profetizada en Isaías 25:8-9 que dice: [8] Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque el Señor lo ha dicho. [9] Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es el Señor a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.

Es a esa cita de Isaías que el apóstol Pablo se refiere cuando dice en 1 a los Corintios 15:54 Entonces se cumplirá la palabra que ha sido escrita: Fue sorbida la muerte para victoria. Por eso ahora podemos cantar con alegría y regocijo grande el cántico de victoria revelado en 1 a los Corintios 15:55 que dice: ¿Dónde de ti, muerte, la victoria? ¿Dónde de ti, muerte el aguijón? Por eso es que en Cristo somos más que vencedores, Romanos 8:37.

Nos revela el apóstol Pablo que dónde no hay ley tampoco se inculpa de pecado, Romanos 5:13. Nosotros ya fuimos libertados del pecado para siempre por medio de una sola ofrenda mediante Cristo, Romanos 6:18. Si somos maduros  debemos entender que nuestro viejo hombre era la naturaleza de pecado del primer Adán, el polvo o sepulcro que fue crucificado juntamente con Jesús nuestro sustituto, para que el cuerpo de pecado o diablo fuera destruido, Hebreos 2:14. Si somos maduros ya no le servimos a la naturaleza de pecado, Romanos 6:6. Recuerden amados bendecidos, el que murió en Jesús, ya está muerto para siempre al primer Adán o viejo hombre, ya está justificado del pecado con una sola ofrenda y es perfecto para siempre, Romanos 6:7 y Hebreos 10:14.

Esa Puerta del Cielo por dónde hemos entrado todos los creyentes o hijos de Dios, que bajamos y subimos por la escalera, que hemos entrado por el camino nuevo, es lo que vio Jacob en la visión de su sueño. Eso fue lo que vio en visión profética el discípulo de la circuncisión Juan Marcos y escribió en el Rollo Profético llamado Apocalipsis 22:14 que ahora les escribo en sobre-edificación: Bienaventurados aquellos cuyas ropas fueron lavadas y se les dio potestad de comer del fruto del árbol de la vida y han entrado por la Puerta de la Ciudad de Jerusalén de Arriba. Esa ciudad es la misma que el discípulo de la circuncisión Juan Marcos describió en la visión en el capítulo 21 verso 2 bajando de los cielos o lugares celestiales y llamó la Nueva Jerusalén, las mansiones celestiales.

Pero veamos ahora como el apóstol Pablo nos las describe cuando nos revela este misterio que Cristo en los días de su carne nos introdujo según nos registra su biografía según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 14:1-4. Leamos citando primero 2 a los Corintios 5:1-2 que dice: Porque sabemos, que si la casa terrestre de nosotros de la tienda de campaña es desecha, edificio de Dios tenemos, una casa eterna en los cielos no hecha con manos. [2] Porque también en esta tienda gemimos, de la habitación de nosotros que es del cielo ser revestidos anhelando, [3] si es que vestidos, no desnudos seremos hallados.

Esas mansiones de la Casa del Padre, que solo pueden ser alcanzadas a través del Camino Nuevo, es lo mismo que el edificio de Dios, es lo mismo que la casa eterna no hecha con manos. Esas casas o mansiones somos nosotros lo creyentes en el Espíritu, porque la casa terrestre de nuestro tabernáculo, era el primer Adán. Por eso los hermanos de las primicias durante el período de la transición entre los dos  pactos, gemían deseando ser vestidos de la casa celestial, el Espíritu o vida que estaba guardada en Cristo. Por esa razón, cuando el apóstol Pablo le escribió a la iglesia que estaba en Éfeso, los exhorta a vestirse del hombre nuevo, el hombre Espíritu en Cristo de la nueva creación, creado según Dios, Efesios 4:24.

Leamos ahora la cita de Hebreos 3:6. Mas Cristo como un Hijo sobre la casa  de él; cuya casa (casa en griego oîs) somos nosotros, si la confianza y la ufana de la esperanza hasta el fin firme retenemos.

Si amados, Cristo como hijo sobre su propia casa, la cual casa somos nosotros, es su cuerpo, porque  nosotros la Iglesia somos Cristo cuerpo. Somos los hijos de Dios que bajamos y subimos por la escalera: El Hijo del Hombre. Subimos y bajamos conforme al propósito de Dios conforme a la obra perfecta realizada por Cristo la Cabeza por medio de una sola ofrenda por medio de su tabernáculo terrestre de la tienda de campaña que fue Jesús. Si amados, no hay otro camino, no hay otra puerta, no hay otra escalera que no sea a través de la justicia de perfecta de Cristo, que por medio de una sola ofrenda completó perfectamente todas las cosas para siempre.

Leamos también la cita de Hebreos 10:19-20 Teniendo, pues, hermanos, confianza para la entrada en el lugar Santísimo por la sangre de Jesús, [20] el cual nos inauguró camino recién abierto y vivo a través del velo, esto es de la carne de él. De nuevo mis amados, podemos de la cita anterior que Cristo en el cumplimiento de la realidad que representó la ley o antiguo pacto, sólo podía entrar una sola vez en el lugar santísimo. En la sombra era necesario que el sacerdote grande o sumo sacerdote primero derramara la sangre para expiación por su propio pecado y luego por el pecado del pueblo. Cristo, siendo sin pecado, entró al Lugar Santísimo o lugar mas santo, una sola vez, para expiar el pecado de todos nosotros. Su segunda aparición fue sin relación con el pecado, hebreos 9:28; cuando en año 70 quitó la ley de mandamientos que nos acusaba delante de él: el antiguo pacto. Con una sola ofrenda nos garantizó por toda la eternidad mediante la sangre del cordero que él mismo se proveyó en Jesús para nuestra reconciliación.

Pero ¿saben una cosa mis amados? El lugar Santísimo o más santo es donde Dios habita y reposa. Ese lugar somos nosotros, que somos el edificio ya edificado, ya coordinado, el templo santo en el Señor para morada de Dios en el Espíritu, Efesios 2:21-22.El apóstol nos revela en Hebreos 9:12 que Cristo entró para reposar para siempre, Cristo hizo morada eterna en su cuerpo de gloria que él mismo preparó de antemano, en su Iglesia que limpió con una sola ofrenda para presentársela una Iglesia que no tuviera mancha ni arrugas, Efesios 1:4, 5:27, Filipenses 2:15 y Colosenses 1:22. Ese es el centro de la profecía dada a través del profeta en Daniel 9:24.

Pero fijémonos bien en las palabras de Jesús a Natanael cuando le dijo: Veréis el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre,  porque es menester que leamos y discernamos por el Espíritu, Hebreos 1:5 y 13-14. En el verso 5 se hace la siguiente interrogación sabia: ¿A quién dijo  alguna vez de los ángeles: Hijo de mí ere tú, yo hoy te he engendrado? ¿Y otra vez: Yo ser‑ a él por Padre, y él me será a mí por Hijo? En pocas palabras el apóstol nos está revelando que Dios mismo vino a realizar su obra de reconciliación, no delegó la obra central de su propósito en nadie.

En los versos 13-14  hace las siguientes interrogaciones sabias de nuevo: [13] Más ¿A cuál de los ángeles ha dicho alguna vez: Siéntate a derecha (diestra) de mí hasta que ponga a los enemigos de ti por escabel de los pies de ti? [14] ¿Acaso no todos son espíritus ministradores para servicio enviados a causa de los que van ha heredar la salvación?

Quizás pensarás estarás pensando que la pregunta del verso [13] está indagando sobre a cuál de los ángeles que sirven a Dios, él le está preguntando que ha sido engendrado por él, o ha invitado a sentarse o reposar en su trono de gloria. Pero las interrogaciones sabias anteriores tienen otra intención. Deben recordar lo que revela la epístola a los Hebreos 1:14 anteriormente citada: ¿Acaso no son todos espíritus ministradores siendo enviados para servicio a causa de los que van a heredar salvación? Muy a la ligera sólo se interpreta que el verso se refiere solamente a los ángeles que ejecutan el mandato de Dios en la dimensión pura del Espíritu. Debemos recordar que somos espíritus ministradores o mensajeros de Dios a través de los dones ministeriales dado por Dios a favor de la Iglesia.

En esta revelación, el apóstol Pablo nos recuerda primero que los ángeles son mensajeros y son Espíritu puro, lo que somos en Cristo. También nos está revelando, que para cumplir su propósito, la Cabeza del Cuerpo  misma se manifestó en carne y sangre, el Padre no envió a ninguno de los hijos o miembros de su cuerpo para realizar la obra de reconciliación. Dios mismo se preparó cuerpo para su maravillosa obra, Hebreos 10:5-7.

Los hijos de Dios somos ángeles en el sentido de que somos espíritus puros y mensajeros de las buenas nuevas o evangelio de la gracia. Somos ministros a favor de los escogidos, ese ejemplo como figura lo hizo el apóstol Pablo, nuestro modelo en el nuevo pacto. Esa es la razón por la que Cristo en los días de su carne le dijo a Natanael que verían ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre. Son los mensajeros que predican las buenas nuevas del evangelio de la gracia.

De hecho, Pablo nuestro apóstol en su carta a la iglesia que estaba en Roma le escribió lo siguiente: [20] Y así ambicionando evangelizar no donde fue nombrado Cristo, para no edificar sobre fundamento ajeno, [21] sino conforme está escrito: Verán aquellos a quienes no fue anunciado acerca de él, y los que no han oído entenderán, Romanos 15:20-21. Pero junto a la cita anterior leamos también Gálatas 4:12-14. Hermanos os pido, haceos como yo, pues también yo me hice como vosotros. En nada me agravasteis; [13] pero sabéis que a causa de una enfermedad de la carne os anuncié el evangelio la primera vez, [14] y la prueba de vosotros en la carne de mí no la despreciasteis ni desdeñasteis, sino que como a un ángel de Dios me acogisteis, como a Cristo Jesús.

Ven mis amados, el evangelio fue llevado a las naciones así como a los hijos de Israel para juntarlos en un solo pueblo, por un ángel o mensajero de Dios: el apóstol Pablo, Efesios 3:11-22, de lo que os pido que leáis especialmente el verso [17] donde se nos revela que Cristo vino a través de su mensajero o apóstol y predicó paz a los que estaban lejos, los gentiles; u paz a los que estaban cerca, los israelitas, a todos los hebreos o hijos de Abraham. Ese es el mismo ángel mostrado en el Rollo Profético llamado Apocalipsis 10:1-2.

Anteriormente les había indicado que Cristo en los días de su carne le dijo al rabino de la ley Nicodemo: En verdad, en verdad te digo, a menos que alguien nazca de lo alto, NO PUEDE VER EL REINO DE DIOS, biografía de Jesús según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 3:3. Par ver el reino de Dios hay que ser partícipe de la nueva creación, 2 a los Corintios 5:17. Para ver el reino de Dios desde el planeta tierra es necesario venir a participar de carne y sangre, Hebreos 2:14. Para ver el reino de Dios es necesario descender y ascender a través de la escalera, hay que ser partícipe del cuerpo de Cristo.

Hemos tenido que descender a la tierra donde fuimos destituidos de la gloria del Padre Eterno en que estábamos antes de la fundación del mundo, para ser conocer su ira, su misericordia, su justicia y su amor y ascender restaurados y reconciliados a su gloria a los lugares celestiales donde estábamos primero, sentados en reposo con Cristo, la cabeza y el cuerpo que es la Iglesia por toda la eternidad, Efesios 2:5-6. Hemos descendido para ser partícipes de su muerte para vida aun desde nuestra vestidura de barro, Colosenses 2:12; con la única diferencia que los hermanos antes de la cruz vivieron en fe esperanza de que viniera el pariente redentor a comprarnos para ser restaurados. Los hermanos de las primicias o del período de transición entre los dos pactos, vivieron en fe esperanza de saber que ya el pariente redentor había ejecutado o cumplido con todas las cosas y vivían esperando pasar plenamente de la ley o antiguo pacto al nuevo pacto. Finalmente, nosotros los que hemos participados de carne y sangre después de Cristo ponerle fin a la ley o antiguo pacto a partir de la destrucción de Jerusalén junto a su templo de piedras, vivimos en fe consumada reinando en vida por el conocimiento pleno de todas las cosas.

Conforme a la promesa de Cristo en los días de su carne registrada en su biografía según Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 14:19 cuando dijo: Aún un poco y el mundo no me verá más, pero vosotros me veis; porque yo vivo también vosotros viviréis. En pocas palabras amados, esto significa que estamos resucitados desde que Cristo le puso fin a la ley o antiguo pacto, lo cual ahora creemos y vivimos mediante la fe consumada, porque si confesamos que no estamos resucitados confesamos que Cristo tampoco ha resucitado y entonces nuestra fe es vana, y estaríamos todavía en nuestra naturaleza de pecado, 1 a los Corintios 15:17.

La gracia sea con todos vosotros, Hebreos 13:25.

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