LOS ÚLTIMOS DÍAS . . .


Sobreedificando sobre el fundamento Cristo


            La mayor parte del sistema religioso de hoy, cree que nosotros estamos viviendo en los últimos días de los que hablaba la profecía de las Sagradas Escrituras, cuando os escribo este estudio en abril del año 2000.

            Ellos creen que esto es así, basado en el avance tecnológico; en el llamado nuevo orden de cosas como lo llamó el pasado presidente de los Estados Unidos, George Bush, durante la pasada guerra que tuvieron con Irak en los comienzos de los años de la década del 90. Por la agitación en medio de las naciones, especialmente en el medio oriente, tomando como pulso el llamado pueblo judío.  Por la majestuosa actividad desarrollada por el sistema católico romano en la persona de su Papa actual, Juan Pablo II, así como también por la reorganización de los estados europeos en una confederación de naciones, la llamada Unión Europea.  Ese es el supuesto mensaje de los reverendos y evangelistas internacionales, nuevos ministerios no anunciados por la revelación de acuerdo al sistema religioso y demás líderes religiosos de este tiempo en que vivimos.

            Pero si en realidad te interesa saber ¿qué en verdad significa la expresión: los últimos días? Te invito a que escudriñemos en las Escrituras que dan testimonio por si mismas de lo que en realidad eso significa. Antes de continuar debemos hacernos las siguientes preguntas o comentarios sabios como prefiero llamarlos: ¿Quién fue el primero en utilizar esa expresión de acuerdo a las Escrituras y con qué fin? ¿Cómo fue esta expresión utilizada desde su origen? ¿Con qué propósito? ¿A quién fue dirigida desde el principio? ¿A quién y con qué propósito se le siguió dirigiendo esta expresión por todas las Sagradas Escrituras?

            Este pequeño pero importante análisis, nos dará la clave para conocer sin ningún lugar a dudas, qué uso, por qué y con qué finalidad fue entonces esta expresión utilizada por los que vivieron en el período de la promesa; el período de la ley, los profetas; por Cristo en los días de su carne; por el ministerio de la circuncisión administrado por los apóstoles de Jesús llamados en los días de su carne; y finalmente, por el ministerio de la incircuncisión administrado por el apóstol Pablo, nuestro apóstol  y único apóstol para esta dispensación eterna del nuevo pacto llamado por Jesús Cristo mismo.

            Primero consideremos el primer uso de esta expresión: los últimos días y observemos con atención quién fue el primero que la utilizó y sobre todo a quién fue que se la dirigió. Esto nos dará la contestación y con qué propósito fue dicha. También conoceremos por qué tenía que ser así y todo lo que eso implicaría espiritualmente, no en forma natural como supone el sistema religioso.

            Leamos Génesis 49:1 Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los últimos días. Antes de proseguir es importante indicar, que la Versión Reina Valera traduce la expresión los últimos días como en los días venideros. Si leemos directamente en la versión Hebrea veremos que la expresión dice: los últimos días.

            Jacob en este cántico profético, pronunció básicamente el mal general que vendría sobre las doce tribus al final de los días de su razón de existir como nación especial aquí en la tierra para con Dios. Esta profecía es la terminación de la vida de Ismael, en la casa de Abraham, ya que era el representante del pueblo natural de Israel como nos revela el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 4:21-26.  Al sacar al hijo de la esclava, se daría paso al heredero de todas las cosas, a Isaac, que nos representó como el pueblo espiritual en casa de Abraham, para entrar en la herencia para siempre. Por tanto, el Israel natural que tendría su fin en los últimos días, es el tema o asunto de esta expresión por todas las Escrituras, por lo que los últimos días y el día último o postrero sólo concernían a Israel natural y ya están totalmente cumplidos.

            La segunda ocasión la encontramos en el libro de Número 24:13-14. En esta ocasión, Balaam profetizó sobre Israel conforme a lo mandado por el Señor, veamos: [1] Si Balac me diese su casa llena de plata y oro, yo no podré traspasar el dicho del Señor para hacer cosa buena ni mala de mi arbitrio (la palabra arbitrio significa literalmente albedrío), mas lo que hable el Señor diré yo. [14] He aquí, yo me voy ahora a mi pueblo; por tanto, ven te indicaré lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los postreros días. De nuevo, la visión relacionada con los postreros días está relacionada directa y únicamente con el pueblo de Israel natural.

            El profeta Moisés nos confirma que los últimos o postreros días del Israel natural serían días de devastación y destrucción o desolación total y de ser esparcidos o dispersados finalmente para no ser el pueblo natural de Dios mas. Veamos el libro de Deuteronomio 4:27 Y el Señor os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones a las cuales os llevará el Señor. Continúa diciendo Moisés en el verso 30 más adelante: Cuando estuviere en angustia y te alcanzaran todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres al Señor tu Dios, y oyeres su voz...

            En los postrero días del Israel natural cuando fueron destruidos, ellos cumplieron la profecía al pie de la letra, tampoco se volvieron al Señor. Moisés continúa con su profecía concerniente solamente al Israel natural, al Israel que acababa de sacar de Egipto diciéndole en el libro de Deuteronomio 31:27 lo siguiente: [27] Porque yo conozco tu rebelión, y tu dura cerviz; he aquí que aun viviendo yo con vosotros hoy, sois rebeldes al Señor, ¿cuánto mas después que yo haya muerto? Y de nuevo en 31:29  Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días por haber hecho mal ante los ojos del Señor, enojándole con la obra de vuestras manos.

            Moisés les declaró que gran mal les alcanzaría en los postreros días porque harían mal ante los mismos ojos, la presencia de Dios mismo en medio de ellos, es el porque a ese pueblo le fue profetizado por Isaías 7:14 el nombre con el cual se cumpliría la presencia del Señor en medio de ellos: Emanuel, cuya traducción o significado es Dios con nosotros o en medio de nosotros. Harían gran maldad ante Dios manifestado en carne en medio de ellos en la persona de Jesús de Nazaret.

            Moisés estaba hablándole solamente a los judíos naturales, en ningún momento estaba hablándole a los gentiles.  Tanto el ministerio de Moisés, como el de Jesús en los días de su carne con sus doce apóstoles, fueron estrictamente para los Judíos, como lo fue la ley o antiguo pacto.  El sistema religioso pretende torcer las Escrituras, predicando esas cosas a la Iglesia. El gran mal que hicieron delante de los ojos del Señor indica que le enojarían en gran medida, lo que les trajo como consecuencia su propia destrucción, el juicio que le ocurrió en el año 70.

            El profeta Isaías Predijo esos últimos días según registra el libro de Isaías 2:1-2 de igual manera: [1] Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén. 2 Acontecerá en lo postreros de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Señor como cabecera de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. La visión del profeta fue con relación a Judá y Jerusalén. En ningún lugar de la profecía se está refiriendo a los últimos días del planeta tierra o de los gentiles, pero si a los últimos días de Judá y de la ciudad de Jerusalén y su templo de piedra; a los últimos días del judaísmo, de la ley o el antiguo pacto.  La confirmación del monte de la casa del Señor es el nuevo pacto.  Todo esto ocurrió finalmente en el año 70 y es historia para nosotros los hijos de Dios.

            Leamos otro pasaje que nos habla y confirma sobre el tema que venimos hablando. Leamos ahora en el libro del profeta Jeremías 23:16-20, de cuya porción le haré énfasis especialmente al verso 20 que dice:  No se apartará el furor del Señor hasta que lo haya hecho, y hasta que haya cumplido los pensamientos de su corazón, en los postreros días lo entenderéis cumplidamente.

            El Señor por medio de esta profecía estaba condenando a los falsos profetas judíos. La profecía claramente enseñaba que cuando esos postreros días llegaran, el pueblo espiritual de Dios, el remanente que él preservó, entendería lo que él estaba haciendo contra la nación natural de Israel. Los entendidos entenderían que había llegado el juicio del día postrero de ese pacto antiguo y que lo único que habría sería total destrucción, ese era el día del Señor grande y terrible sobre el Israel natural, como había sido profetizado por medio de la ley y los profetas desde el principio.

            También en el libro del profeta Ezequiel 38:16 se identifica al Israel natural con el juicio que le vendría en los postreros días y que vuelvo a repetir ya ocurrió en el año 70.

            La profecía traída por el profeta Daniel en 10:14, nos dice que el ángel que le trajo la profecía le dijo:  He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo (Israel natural) en los postreros días; porque la visión es para esos días.

            Finalmente veamos lo que nos dice el profeta Miqueas 3:12 sobre lo que le acontecería a Jerusalén en los postreros días, al final del antiguo pacto o la ley y que ocurriría con el comienzo del nuevo pacto: [12] Por tanto, a causa de vosotros Sion (la Iglesia) será arada como campo, y Jerusalén (la natural) vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa (la Iglesia) como cumbre de bosque.

            De nuevo en el libro del profeta Miqueas 4:1 se nos dice: Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa del Señor (el nuevo pacto por medio de la Iglesia o cuerpo espiritual del Señor) será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados y correrán a él los pueblos.

            Es evidente de los profetas, que el Israel natural que menciona el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 4:25 era el objeto de toda la profecía para los últimos días o días postreros del antiguo pacto. Como podrás observar del libro del profeta Miqueas 3:12, mientras Sion sería arada para ser preparada para la siembra del nuevo pacto, la Jerusalén natural o de la ley o antiguo pacto sería hecha ruinas, sería destruida. En el último verso citado de Miqueas también se nos dice que se levantaría otro monte, el monte de Sion ya preparado, ya que el primer monte fue el de Sinaí como asiento de la ley o antiguo pacto. El monte de Sion sería sobre todos los montes, es decir, sería el reino espiritual de Dios, la Iglesia o cuerpo espiritual de Cristo, que está por encima de todos los reinos de la tierra.

            De hecho, se han levantado muchos montes y collados, el sistema religioso, que corren a ese monte más alto.  El problema de todos esos montes y collados en la actualidad es que no conocen la revelación más alta y sublime para reinar aquí en la tierra. Esa revelación solamente puede ser conocida a través del ministerio único del apóstol Pablo, apóstol al que tenemos que sujetarnos en este pacto eterno para conocer la verdad.

            La nación natural de Israel que de acuerdo a la ley y los profetas, existió en los días de los apóstoles de Jesús y de Pablo, el apóstol de Jesus Cristo, no ha existido más por cerca de 1930 años aproximadamente desde su destrucción en el año 70. Esos que viven en el medio oriente que dicen ser Israel, son solamente una nación más de la tierra que adoptó ese nombre, que son producto del juego político de este tiempo. Les recuerdo amados, que desde el cumplimiento pleno de todas las cosas, ya no hay más en este mundo peregrinando como parte del reino de Dios, ni judíos ni gentiles o griegos como traduce el término original griego Ellen, leamos en las cartas a los Gálatas 3:28 y a los Colosenses 3:11.

            Todos los que creemos que la destrucción de Jerusalén natural y su templo fue el juicio de Dios anunciado por la ley y los profetas conforme enseñan las Escrituras, creemos que los postreros días anunciados, fue el cierre de la ley o antiguo pacto. Los últimos días del judaísmo fueron los últimos días de esa nación natural que nos representaba durante el antiguo pacto delante de Dios hasta que todas las cosas fueran restauradas. El mismo Cristo en los días de su carne dijo que cuando vieran a Jerusalén rodeada de ejércitos, entendieran que su fin había llegado, porque esos eran los días anunciados por los profetas en que SE CUMPLIRÍAN TODAS LAS COSAS ESCRITAS, como registra la biografía de Jesús escrita por el amado hermano Lucas 21:20-22.

            El día de Pentecostés, el apóstol de la circuncisión Pedro,  le recordó a la multitud allí presente lo dicho por el profeta Joel.  El libro de los Hechos 2:16-17 registra:  [16] Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:  [17] y en los postreros días dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne...  En el verso 20 mas adelante les dice que todo eso era un poco antes de que viniera el día del Señor, grande y manifiesto, como sucedió en el año 70, cuando el antiguo pacto vino a su fin. Se les dijo sencillamente, que eso que estaba sucediendo, era el cumplimiento de lo dicho por el profeta concerniente a los postreros días.

            Para los que somos hijos de Dios en el conocimiento, eso es historia. Pedro les dijo que ellos estaban viviendo en los días postreros, en los días finales de esa nación con relación al pacto hecho a través de Moisés. La porción del libro de los Hechos 2:18-20 también es una confirmación de las palabras de Cristo en los días de su carne como lo registra la biografía de según Mateo 24:29.  Esta afirmación está tácitamente reafirmada en las biografías de Jesús escritas por Mateo 24:34 y Marcos 10:30 donde les dice:  De cierto os digo que de ningún modo pasará la generación esta hasta que todo suceda.

            La cita de Joel al igual que la de Mateo habla muy claramente de algo que sucedería con el sol, la luna y las estrellas. El sistema religioso se empeña en enseñar erróneamente que eso se refiere a una catástrofe cósmica o del universo natural, pero las mismas Escrituras enseñan todo lo contrario y en ellas mismas está el significado de todas las cosas que dice en figuras.

            Leamos en el libro de Génesis 37:9-10 que nos informa del segundo sueño que tuvo José el hijo preferido de Jacob: [9] Soñó aún otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban a mí.  [10] Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo (figura del sol) y tu madre (figura de la luna) y tus hermanos (figura de las once estrellas) a postrarnos en tierra ante ti?

            Esta descripción de la nación de Israel desde su principio era un símbolo bien conocido de todo israelita, porque era la identificación de la nación por medio de la interpretación directa que hizo Jacob del sueño de José. Recuerden amados, que Jacob a quien le fue cambiado el nombre a Israel era el padre de la nación. Esta interpretación, hacía a los israelitas naturales creer que ellos tenían asegurado un lugar eterno en el reino de Dios, que eran salvos por ser simplemente israelita en la carne.

            Por tanto, cuando Cristo en los días de su carne habló del sol ser oscurecido, la luna no dar mas su resplandor y las estrellas caer de los cielos, él se estaba refiriendo a la disolución total y final del estado judío en su relación con Dios por medio del antiguo pacto a través de Moisés, conforme a la promesa hecha a Abraham, eso es parte de lo revelado por el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 4:21-31.

            Pablo nuestro apóstol nos dice en la carta a los Hebreos 1:1-2 lo siguiente:  [1]  En muchos fragmentos y de muchas maneras antiguamente Dios habiendo hablado a los padres por los profetas, [2] al final  de los días estos  (los postreros días) nos habló en el Hijo, al que puso como heredero de todo, por medio del cual también hizo los siglos., la palabra traducida siglos es la palabra griega aiônas que en realidad literalmente traduce edades.

            Esto fue así, porque como dice el mismo apóstol en la carta a los Hebreos 8:13, refiriéndose al antiguo pacto con relación al nuevo pacto: Al decir nuevo, ha hecho anticuado al primero (el primero se refiere al antiguo pacto o ley de Moisés); y lo que está siendo hecho anticuado y volviéndose viejo está cerca de la desaparición.

            Todavía el antiguo pacto estaba parcialmente en pie cuando se escribieron éstas palabras por el apóstol Pablo en el año 65 aproximadamente y el antiguo pacto estaba cerca de desaparecer, le quedaban unos cinco años solamente, porque eso ocurrió en el año 70. Fíjense amados, que el apóstol dice en forma absoluta y tajante  al final de los días estos nos habló en el Hijo.

            Tanto el ministerio de la circuncisión que administraban los once apóstoles de Jesús, como el apostolado o ministerio de la incircuncisión administrado por Pablo, el apóstol de Jesús Cristo, estaban de acuerdo en una cosa común: estaban viviendo en los postreros días, siendo el día postrero, el día que el Señor se manifestó en juicio contra la nación en el año 70. Pablo le llamaba a esa porción de tiempo el presente siglo malo.

            Leamos ahora en la carta a los Hebreos 9:26 Puesto que debería  él (refiriéndose a Cristo) muchas veces haber padecido desde la fundación del mundo; mas ahora una sola vez en la consumación de los siglos para anulación del pecado mediante el sacrificio de él ha sido manifestado.

            Este parecer también lo manifestó el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios 10:11 que dice:  Estas cosas empero en tipos (figuras) les sucedieron, escritas fueron empero para amonestación nuestra (los hermanos de las primicias de los días del apóstol), para quienes el fin de los siglos ha llegado.

            El apóstol estaba describiendo la historia de los judíos y su rebelión contra Dios en el desierto. Era la descripción de la rebelión de una generación que estuvo en el desierto 40 años y que no entró a la tierra de Canaán, figura de lo que ocurriría cuando Dios mismo se manifestara en carne en medio de Israel. Esa generación de los días de Jesús en quien se cumplió la verdadera Fiesta de la Pascua fue rebelde, tal y como sucedió con la generación que celebró la Fiesta de la Pascua en la sombra con Moisés.

            Así como sucedió con la figura, sucedió cuando se cumplió la realidad. La generación que salió de la esclavitud de Egipto con Moisés luego de celebrada la Fiesta de la Pascua, cuyo propósito era marcar la salida hacia la tierra prometida al comienzo del pacto añadido, ver Éxodo 12:2 y 11-14, no entró al reposo de la tierra prometida. De igual manera, cuando se cumplió la verdadera Fiesta de la Pascua espiritualmente, para marcar el comienzo del nuevo pacto y la salida hacia el reposo de la tierra prometida, tampoco la generación de los días de Jesús entró a la verdadera tierra prometida a que nos ha entrado Cristo a todos nosotros a través de los misterios revelados por medio del apóstol Pablo.

            Esa generación, de igual manera lo que vio fue la ira del Señor, que llegó a su máxima expresión en la destrucción de la ciudad de Jerusalén natural y su templo en el año 70.  Los elegidos de Dios, el remanente en medio de la nación , al igual que sucedió en el desierto, fueron los que entraron al reposo de Dios, lo que equivale a los hijos de esa generación, que entraron a la tierra no con Moisés, sino con Josué. Pues en el cumplimiento sucedió lo mismo, no entraron con Jesús de Nazaret, sino que entramos al reposo con Jesús Cristo.

           Todo esto nos lleva a la realidad de que habían dos siglos o edades diferentes, dos mundos distintos, dos cielos y tierra diferentes, figuras de ambos pactos, por lo que el mundo que en ese entonces existía, el antiguo pacto, sería en breve destruido por el Señor. Eso es lo que está profetizando el apóstol de la circuncisión Pedro en su 2da. carta de Pedro 3:7 cuando dice: Y los cielos y la tierra de ahora (la ley o antiguo pacto) por la misma palabra habiendo sido guardados (Jesús dijo que ni una jota ni tilde de la ley dejaría de cumplirse) están reservados para fuego, (el fuego o revelación que prueba todas las cosas como revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 3:12-13)  para día de juicio y de perdición de los hombres impíos, el juicio final ocurrido sobre Jerusalén y su templo en el año 70.

            Y de nuevo en el verso 10 cuando el apóstol de la circuncisión Pedro dice: Mas vendrá el día del Señor (día ya profetizado de antemano) como un ladrón, (de repente)  en el cual los cielos (figura del pacto de la ley de Moisés) con gran estruendo desaparecerán, (la forma violenta como sucedió en el año 70 conforme a la profecía) y elementos,(la palabra griega stoikheîa que también es traducida al español como rudimentos, refiriéndose a la doctrina de la ley y la leche espiritual)  encendidos, (como os dije anteriormente, el fuego de la revelación o evangelio de la gracia de Dios) serán disueltos, (la ley o antiguo pacto llega a su fin porque Cristo lo completó para darle paso al nuevo pacto) y la tierra y las obras en ellas quedarán al descubierto, la ley y sus obras que no justificaban a nadie quedaron descubierto o revelados, se les quitó finalmente el velo a Moisés, el ministerio de muerte y se mostró o quedó al descubierto que esa gloria era pasajera, como revela el apóstol Pablo en la 2da. carta a los Corintios 3:7.

            Leamos las palabras de Cristo en los días de su carne registradas en su biografía escrita por Mateo en 12:32 Y cualquiera que diga una palabra contra el Espíritu Santo, no le será perdonado a él ni en esta época  (el antiguo Pacto o presente siglo malo) ni en la que viene, el nuevo pacto o siglo venidero, época o siglo en el que vivimos por la eternidad ahora.  Vivimos una pequeña cuantificación de tiempo y espacio en peregrinación en este planeta del que no somos en nuestro nuevo hombre  interior creado según Dios, porque ahora somos conforme al segundo Adán, que es un Espíritu vivificante.

            De manera amados, que han habido dos épocas diferentes. La primera, la ley o antiguo pacto, tenía que terminar completamente para darle paso a la segunda, la gracia o nuevo pacto en Cristo, teniendo una pequeña porción de tiempo común entre las dos que llamo el período de transición entre los dos pactos. Eso fue el cumplimiento de la alegoría en la casa de Abraham con las dos mujeres figuras de los dos pactos. Agar la criada y esclava figura de la ley; y Sara la libre figura del nuevo pacto. Los dos hijos figuras de los dos pueblos, Ismael o hijo de la carne en Agar figura de la Jerusalén que vivió en esclavitud bajo la ley, e Isaac o hijo de la promesa en Sara, el hijo que representó la Jerusalén de arriba que somos todos nosotros que ahora hemos bajado del cielo nuevo o nuevo pacto a la nueva tierra o reino de Dios en el Espíritu.

            Eso es lo que nos muestra el apóstol Pablo en la carta a los  Efesios 1:21 cuando nos dice:  Por encima de todo principado y autoridad y poder y señorío (refiriéndose al sumo sacerdote de la ley, los sacerdotes, fariseos, saduceos, sanedrín, etc., de Israel bajo la ley)  y de todo nombre que es nombrado, (el nombre nombrado en esos días era el del dios de ese mundo antiguo que fue Moisés que tenía que ser quitado para darle paso al nombre que es sobre todo nombre: Jesús Cristo) no sólo en el siglo este (recuerden amados, Moisés era el nombre de ese siglo o período final del antiguo pacto), sino también en el venidero, el siglo o edad que esperaban es el nuevo pacto en Cristo, y el nombre sigue siendo el mismo: Jesús Cristo. Por eso revela el apóstol en la carta a los Hebreos 13:8 que: Jesús Cristo, es el mismo ayer, antes de Moisés en el período de las promesas o de los padres - hoy, el período todavía no terminado de la ley de Moisés que estaba llegando a su final - y por la eternidad, el período de la gracia o nuevo pacto que vivimos ahora en Cristo por el conocimiento de la revelación o evangelio de la gracia que es para siempre..

            Cristo se manifestó en las nubes en juicio y cumplió o completó lo que quedaba del antiguo pacto, la Fiesta de los Tabernáculos poniéndole fin a la ley, al templo hecho a mano y a la Jerusalén de abajo, y estableció la ley de vida del Espíritu, el templo del Espíritu que somos todos los hijos y la ciudad de Jerusalén de arriba, la ciudad eterna con fundamento que esperaba nuestro padre Abraham, que somos todos nosotros sus hijos o cuerpo, la Iglesia en el Espíritu. Por eso el apóstol le reveló a los hermanos en la carta a los Hebreos 13:14 lo siguiente:  Porque no tenemos aquí (en el orden del antiguo pacto en el cual todavía estaban) una ciudad permanente, sino que la venidera buscamos.

            Ellos vivían todavía en la Jerusalén de abajo que estaba todavía bajo la esclavitud de la ley. Esa ciudad de Jerusalén era una figura, era una sombra de lo verdadero y por tanto era movible o perecedera. La ciudad con fundamento que esperaban todos era el reino espiritual final de Dios que descansa en la roca o fundamento que es Cristo. Jesús les dijo un día los religioso de Israel destruid este templo y lo levantaré en tres días. El templo del que hablaba Jesús era el templo de su cuerpo que somos todos los creyentes de su nombre, la Iglesia que el levantó para su gloria. En cambio, la ciudad que ellos llamaban venidera, la Jerusalén de arriba, la nueva Jerusalén bajada del cielo de Dios a estos lugares celestiales por el conocimiento de su gracia, somos todos los hijos en el conocimiento por el Espíritu y en la cual ya estamos viviendo mediante fe consumada.

            La ciudad de Jerusalén terrenal de los postreros ó últimos días estaba junto con sus hijos en esclavitud. El antiguo pacto dado en Sinaí, representado en los días postreros por el Israel natural, estaba para ser quitado.  El apóstol vivió parte de esos días finales de la ley o antiguo pacto, porque el apóstol fue matado aproximadamente en el año 68, dos años antes de comenzar en plenitud delante de Dios el nuevo pacto, ese gran acontecimiento, del cual el apóstol Pablo creía sería partícipe.

            Aunque en apariencia, la momia de la ley sigue viviendo delante de los hombres alimentada por la leche espiritual del evangelio de la circuncisión que predicaban los apóstoles llamados por Jesús en los días de su carne, la realidad es que la ley o antiguo pacto fue quitada delante de Dios para siempre en el año 70. La ley o antiguo pacto tenía que darle paso a la plenitud del nuevo pacto en que vivimos los hijos de Dios, que conocemos su palabra, mediante la revelación del evangelio de la gracia traído por Cristo el Consolador o Espíritu Eterno por medio de Pablo, su único apóstol para esta dispensación final de la gracia o nuevo pacto.

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