SOMOS SIN MANCHAS Y SIN ARRUGAS DELANTE DE ÉL


(PARTE  4)


Sobreedificando sobre el fundamento Cristo


        Bendecidos: cuando alguien, sea quien sea, les señale como que todavía están en pecado y bajo el poder de Satanás, pueden decirle a esa persona que está negando la buena obra de Cristo, que él nos preparó de antemano para que anduviésemos en ellas por medio de la fe ya consumada, como se camina en el nuevo pacto, no mediante obras de justicia propia hechas a través de la carne.

        Esas buenas obras, consisten en confesar con tu boca que ya eres santo, sin manchas, sin arrugas, perfecto y resucitado delante de Jesús Cristo, tu Señor y tu Dios, el Espíritu de vida.  No es delante de los hombres mortales, los que continúan en las obras del antiguo pacto; que te siguen juzgando por las malas obras que son según la ley, tu justicia propia: hacer ayunos para la carne, guardar días, guardar los 10 mandamientos para creerte justo delante de Dios, abstenerte de ciertas cosas y de ciertos alimentos, o cualquier sacrificio que practiques para agradar a Dios.

        Entiéndanlo de una vez y para siempre amados, todas esas obras de justicia propia que son según la ley, son como trapo de inmundicia delante de la presencia de Dios como decía aún desde el antiguo pacto el profeta Isaías en 64:6.

        Primero, el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 1:3 nos reveló que ya fuimos bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales, dándole cumplimiento a lo prometido por Dios a Abraham en su simiente, lo cual podemos verificar en el libro de Génesis 22:18, simiente que muy claramente nos revela el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 3:16 que en la realidad espiritual es Cristo. Aun el apóstol de la circuncisión Pedro al hacer su labor en el ministerio y evangelio de la circuncisión, les dijo a una porción del pueblo de Israel que delante de él estaban, que ellos eran los hijos de los profetas y de los padres a los que se les dio la promesa de ser bendecidos en la simiente de Abraham, como registra lo escrito por el amado Lucas en el libro de los Hechos 3:25.

            En la misma carta a los Efesios, él apóstol continúa revelando cual es la grandeza de esos lugares en los que ya estamos todos aquellos que creemos el evangelio de la gracia. Leamos en la carta a los Efesios 1:18-20 que dice lo siguiente:

        [18] habiendo sido iluminados los ojos del corazón de vosotros, a fin de saber vosotros cuál es la esperanza del llamamiento de él, cuál la riqueza de la gloria de la herencia de él en los santos, [19] y cuál la sobrepujante grandeza del poder de él hacia nosotros los que creemos conforme a la actividad de la soberanía de la fuerza de él, [20] la cuál ejerció en Cristo al levantarlo de los muertos y sentarle a la diestra de él en los lugares celestiales.

        Fíjate que el apóstol les dice a esos hermanos, que es necesario que por medio de su entendimiento reconocieran la esperanza o posición que ya tenían en Cristo porque por medio de esa esperanza ellos habían sido llamados. Esto era así, porque para los días del apóstol, todavía estaban en esperanza o posición de la herencia porque todavía la ley no había pasado, la ley no había llegado a su fin. La riqueza de su gloria y de su poder en nosotros aunque en apariencia estemos en lo relativo de este mundo en una vestidura en una vestidura temporera, ya la estamos disfrutando desde el año 70 en adelante cuando Jesús Cristo vino y le puso fin a la ley, todos aquellos que ya entramos en posesión de la herencia si creemos el evangelio de la gracia que es verdaderamente poder de Dios, pero sólo a los que creemos para salvación, porque ya todos los hijos de Dios estamos reconciliados con él, así lo revela el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 1:16.

        El apóstol Pablo revela que Dios ejerció su soberanía en Cristo al levantarlo y sentarlo a la diestra  en los lugares celestiales. Y yo os pregunto amados, ¿Quién fue el que ascendió y traspasó los cielos? Desde luego que Jesús Cristo por medio de la resurrección de los muertos. ¿Dónde está sentado el Señor? En los días del apóstol, el Señor estaba sentado a la diestra, esperando quitar de los lugares celestiales a su último enemigo, la muerte espiritual que nos separaba de Dios por medio de la ley.

        Nosotros fuimos levantados en Cristo y sentados en los lugares celestiales, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 2:6, porque toda la obra realizada por Cristo a nuestro favor la hizo representándonos a nosotros, él se hizo nuestro nuestro sustituto. Por eso revela el apóstol Pablo en la carta a los Colosenses 1:13 que Dios nos rescató de la potestad de las tinieblas (la ignorancia de su revelación, desconocimiento de sus misterios) y nos trasladó al reino del Hijo del amor de él.

        Aunque durante nuestra peregrinación en este orden o dimensión relativa hemos sido manifestados en este orden visible y aparente por medio de estos tabernáculos de barro en que todos los santos moramos, aun así estamos trasladados a los lugares celestiales o en el Espíritu. Esto es así desde que se cumplió la segunda aparición o venida del Señor, día en el que quitó al último enemigo, la muerte espiritual, lo que nos ha sido dado a conocer por medio del nuevo pacto.  El Señor mora por medio del Espíritu en cada uno de nosotros, esto significa que ya nosotros somos sin pecado delante de él, estamos resucitados y en vida Espíritu perfectamente en él y en reposo al igual que el Señor.

        Los lugares celestiales en los que mora Dios, Cristo en nosotros, somos nosotros en el hombre nuevo interior creado según Dios. Nosotros somos las moradas o mansiones espirituales preparadas por el Padre Eterno que indicó Jesús en los días de su carne como registra su biografía escrita por 14:2 Por eso en el verso 14:23 de más alante Jesús dijo: Si alguno me ama, (en griego agapâ) la palabra de mí guardará, y el Padre de mí le amará, y a él vendremos y morada con él nos haremos. La palabra griega "monaì" traduce en realidad literalmente al español: "mansiones", mientras que la palabra griega "oikía" traduce al español como: "casa". Por tanto amados: En la "oikía" del Padre muchas "monaì" hay, y esas "monaì" somos nosotros.

        Amados, ¿Qué mayor bendición puede haber, que ser tenido sin pecado, sin manchas y sin arrugas delante del Señor, aunque andemos en este tabernáculo de barro, aunque tengamos una carne o alma que no pudo sujetarse a la ley espiritual de Dios y esté muerta delante de Dios para siempre aunque la carguemos temporalmente por causa de su propósito, como lo vio por el Espíritu el profeta David. Nos profetizó David según registra el Salmos 32:1-2 que: [1] Bienaventurado (que es lo mismo que bendecido, lo cual ya somos en Cristo) aquel cuya trasgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. [2]  Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad. Amados, eso es lo que el Señor prometió a través del nuevo pacto de su gracia para todos los hijos. Déjame escribirte lo que revela el apóstol Pablo sobre este asunto para que lo leas:

[12] Pues propicio seré a las injusticias de ellos, y de los pecados de ellos de ningún modo me acordaré ya más, carta a los Hebreos 8:12.

        De nuevo leamos lo revelado por el apóstol Pablo en la misma carta a los Hebreos 10:17-18

[17] Y de los pecados de ellos y de las iniquidades de ellos de ningún modo me acordaré ya más. [18] Y donde hay remisión de estas cosas, ya no más ofrenda hay por el pecado.

        Estos versos citados creo que son bien claros y de ningún modo como dice el Señor necesitan más explicación. La cita de David que os di anteriormente es revelada por el apóstol Pablo en el evangelio de la gracia en la carta a los Romanos 4:6-12 de lo que citaré especialmente los versos 6 al 8 que dicen:

[6] Como también David dice la bendición del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras: [7] Dichosos (lo mismo que bendecidos) de quienes fueron perdonadas las iniquidades y de los que fueron cubiertos los pecados; [8] dichoso el varón de quien de ningún modo imputará  el Señor pecado.

        Amados entiendes ahora la gloria de tu bendición en Cristo viviendo en esta manifestación temporera. Aprecias ahora la grandeza de la obra de Cristo a tu favor, que te permite en este pacto estar manifestado en carne y sangre que no tiene ningún valor delante de Dios por cuanto no heredaron en el reino de Dios como revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:50 y aún así puedes reinar en este orden por medio del Espíritu de Cristo que hace morada en ti y que al salir del tabernáculo de barro, seguimos en el orden absoluto o del Espíritu puramente, perfectos como es el Señor, totalmente en el Espíritu. y sin ninguna relación con este orden relativo.

        El apóstol Pablo muy claramente enfatiza en la carta a los Efesios 2:4-6, que los lugares celestiales en que Dios mora, son los mismos lugares donde todos los hijos de Dios moramos. El problema del sistema religioso es que ha entendido que los lugares celestiales es algo físico, visible a los sentidos naturales y relativos. No entienden mucho menos disciernen que siendo Dios Espíritu como dijo Jesús a la mujer samaritana, según registra su biografía escrita por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 4:24, estamos en la nueva creación en Cristo en la realidad, estamos en el hombre interior en el orden espiritual aun cuando aparentamos participar el el hombre exterior en esta dimensión relativa y visible para los sentidos naturales.

        Nosotros estamos ya en la vida espiritual siendo que estamos en Cristo y aun desde los días de su carne él dijo Yo Soy la resurrección, para los hermanos que vivieron en fe esperanza, y soy la vida para los que ahora vivimos mediante fe consumada por el Espíritu vivo Cristo que hay en nosotros, por medio de nuestra resurrección en Cristo, así lo registro cuando lo escribió el testigo de la circuncisión Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 11:25.Eso es lo que nos está revelando Pablo, el testigo fiel de Jesús Cristo cuando escribe:  [4] Pero Dios, rico siendo en misericordia, a causa del gran amor de él con que nos amó, [5] y estando nosotros muertos en los  delitos, nos vivificó con Cristo, por gracia habéis sido salvos.

        Nosotros estábamos muertos antes del único sacrificio necesario para ser justificados o vestidos delante del Señor. Fíjense amados, que también todos los hijos fuimos resucitados con Cristo. Primero en esperanza o posición como vivió el apóstol y los demás hermanos de los días de la transición entre los dos pactos. Luego de la segunda aparición o venida de Cristo en el año 70 sin relación con el pecado, sin relación con la ley, entonces todos entramos en posesión de la herencia eternamente.

        Amados, ahora luego de cumplidas todas las cosas, nuestra responsabilidad es verlo por la fe, ya consumada por Cristo, el Espíritu Eterno, pues ya estamos trasladados en el Espíritu en ese orden, aunque tengas que venir a participar en carne y sangre por causa de su propósito, así esta escrito y revelado por el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 2:14. Nunca, pero nunca amados, verán el orden espiritual por carne y sangre, porque ninguna de esas dos partes de la vieja creación que ya cesaron delante de Dios, tuvieron herencia en el reino de Dios. Así lo revela el apóstol Pablo en la 2da. carta a los Corintios 5:17 y en la 1ra carta a los Corintios 15:50.

        Recuerden que nuestro viejo hombre (el primer Adán o alma viviente) fue juntamente crucificado en la cruz con Jesús. La serpiente que en figura levantó Moisés en un asta en el desierto para detener la muerte de los hijos, ver el libro de Números 21:8,  fue levantada  cuando Jesús se hizo maldición por nosotros, por lo que fue crucificado en la cruz para destruir el cuerpo de pecado, así lo testifica el libro escrito por Lázaro, el discípulo amado, cuyo libro es llamado por error Juan 3:14-15 y la carta a los Hebreos Hebreos 2:14. La serpiente o naturaleza de pecado fue declarada maldita al principio del propósito de Dios fuera puesto en marcha en este orden visible, como lo informa Moisés en el libro de Génesis 3:14.

        El apóstol nos revela en la carta a los Efesios 2:8 que por gracia fuimos salvados por medio de la fe. Por fe esperanza los que vivieron antes de la consumación de todas las cosas por Cristo, y por fe consumada para todos los que hemos venido a participar de carne y sangre después de ese cumplimiento o consumación plena de todo lo profetizado. por eso es que nos revela y recuerda el apóstol Pablo en la 2da. carta a los Corintios 5:7 Porque mediante  fe, los ojos de Dios o por el Espíritu, estamos andando, no mediante vista, la obras de la ley o la carne.

        El Espíritu o Cristo mismo, nos da a entender por medio de éstas palabras del apóstol, donde el Consolador se manifestó para recordarnos todas las cosas que é dijo en parábolas o alegorías, que toda la buena obra de salvación es de Dios, nada hemos podido hacer ni añadir para ser salvos o reconciliados para siempre con Dios. Ya todos los hijos de Dios fuimos salvados o reconciliados con Dios por él mismo, mediante un solo sacrificio que hizo a través de su tabernáculo de carne y sangre conocido como Jesús, el Cordero que él mismo se proveyó, como lo vio nuestro padre Abraham cuando en alegoría fue a sacrificar a Isaac, el hijo de la promesa en la figura, como registra el libro de Génesis 22:8.

        Continúa revelando el apóstol Pablo en el verso [6] y nos resucitó con él y nos sentó con él en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Bendecidos, fíjense que ambos verbos "resucitó y sentó"  están en tiempo pasado, fueron acciones que ya ocurrieron, primero en esperanza o posición en Cristo como os dije anteriormente para los que esperaban se cumpliera la última jota y tilde de la ley y luego en posesión como herencia ya adquirida para los que hemos venido después de cumplidas todas las cosas en Cristo. Amados, en quien tenían que ser cumplidas todas las cosas era en Cristo, porque el fue el que realizó todos para nosotros. Nosotros no tuvimos que preparar el alimento, ni poner la mesa, sólo hemos tenido que sentarnos a la mesa a comer lo que para nosotros fue preparado por el Padre Eterno. ABBA CRISTO Padre Eterno.

        La presencia de Dios en su pueblo, las moradas que él preparó de antemano por el Espíritu para morar en ellas y en las cuales ha estado morando desde el año 70 en adelante, son reveladas por el Consolador a través de Pablo nuestro apóstol en la carta a los Efesios 5:25-27. Leamos la porción:  [25] Los maridos amad a las esposas, como también Cristo amó a la Iglesia y a sí mismo entregó en pro de ella, maridos, refiriéndose a los creyentes como figura de Cristo; colocando a las esposas como figura de la Iglesia, la amada del Señor. Los maridos como figura de lo que el apóstol Pablo iba a revelar en ese momento de Cristo y la Iglesia, la cabeza y el cuerpo que forman el nuevo hombre creado según Dios en el Espíritu, deben amar (en griego agape), no en amor filial (en griego fileo), ni en amor erótico (en griego eros) ni en amor fraterno (en griego storgé) porque todo amor fuera del ágape que es sólo para el Espíritu, es lo que puede practicar carne y sangre y sangre. Siendo en la realidad espiritual Cristo el marido o cabeza espiritual y la Iglesia, la esposa o cuerpo espiritual de Cristo o de Dios.

        Continúa la revelación en el verso [26] para él -Cristo- santificarla (palabra que significa en realidad apartarla) purificándola con el lavamiento del agua por la palabra. Fíjense amados, que fue para hacer a la Iglesia pura y perfecta delante de él, no delante del hombre natural y religioso, no fue necesario ninguna obra muerta de la ley, sino simplemente fue limpiada por lo que declara el evangelio de la gracia, somos salvos simplemente por fe sin ninguna obra de la ley.  Continúa el verso [27] para presentar él para sí mismo gloriosa la Iglesia, que no tenga mancha o arruga, o algo de tales cosas, sino para que sea santa y sin tacha.

        Creo que después de leer esta revelación tan clara y contundente dada por el Consolador a través del apóstol Pablo, es innecesario explicar nada más, pues está absolutamente claro, que Cristo realizó ya todo por la Iglesia, para declararla perfectas en el Espíritu o nueva creación delante de él. Desde que fueron consumadas todas las cosas, la Iglesia siendo su cuerpo está siempre unida a él como el cuerpo con la cabeza en un cuerpo vivo. Aunque muchos miembros de la Iglesia  estamos participando de carne y sangre, que es lo mismo que bajar y subir por la escalera o el Hijo de Hombre, estamos en su presencia, la Iglesia está llena de Cristo, está llena del Espíritu que llena el lugar más santo del tabernáculo de Dios; porque la Iglesia es el cuerpo espiritual de Cristo.

        La Iglesia está sin mancha y sin arruga. Esto puedo declararlo en dos palabras: sin pecado, porque si así no fuera, nadie en este tiempo del nuevo pacto que comenzó con poder en el año 70 y que el apóstol Pablo llamó en los días de su peregrinación el siglo o edad venidera, puede decir entonces que Cristo mora en él, o que se acerca a la presencia de Dios.

        Si Cristo no ha venido, entonces no hemos resucitado todavía, entonces estamos muertos y todavía en nuestra naturaleza de pecado imputada en el primer Adán y estaríamos confesando que tampoco Cristo resucitó y por tanto que no salvó a su pueblo, como nos revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:16-22. Eso es lo que declara toda persona que dice creer en el Señor y no puede confesar por fe la resurrección en que vive ya la Iglesia en los lugares celestiales, sin manchas y sin arrugas delante de Dios desde que Cristo vino en el año 70.

        Os pido amado que escudriñemos la cita anterior para lo cual leeré solamente el verso 17. Los amados del sistema religioso dicen que todavía hay pecado y que la resurrección no ha ocurrido todavía, ¿es eso correcto? Pues veamos lo que eso implica, leamos primero el verso  [17] Y si Cristo no ha sido resucitado, inútil la fe de vosotros es; aún estáis en los pecados de vosotros. Pues si como enseña todo el sistema todavía hay pecado fijaos lo que enseña el sistema religioso en su ignorancia: [17] aún estáis en los pecados de vosotros, si eso es así que todavía están en pecado, entonces inútil la fe de vosotros es; y si la fe es inútil no pueden ver la salvación o reconciliación ya realizada porque es mediante fe. Por tanto eso implica entonces que siendo la fe inútil no pueden creer en verdad y estarían declarando que Cristo no ha sido resucitado.

        Eso los lleva al verso 18 donde el apóstol está corrigiendo el mismo error que declara y cree el sistema religioso. Dice el apóstol Pablo [18] Entonces (en otras palabras, la consecuencia o resultado es que) también los que se durmieron en Cristo, perecieron. En otras palabras, nadie ha sido salvado. El verso 19 nos revela el tipo de falsa resurrección que cree el sistema religioso que sólo siembra para la carne y eso produce muerte o verse separado de Dios. el apóstol declara: [19] Si en la vida ésta (este orden visible y relativo) en Cristo habiendo esperado estamos sólo, más dignos de lástima que todos los hombres somos.

        Ven amados, el apóstol declara que si en este orden temporero habiendo recibido promesa para esperar a Cristo, y Cristo habiendo venido, cumplir lo establecido y estaban "solo", fíjense que la frase que he colocado en rojo dice: "estamos sólo", donde el verbo está en plural y la palabra que le sigue en singular, porque nos quiere decir que si estaba sin el Espíritu Cristo, verdaderamente como dice el apóstol Pablo, TODOS SOMOS DIGNOS DE LÁSTIMA. Pero gracias a Dios que Cristo resucitó como primicia o cabeza del cuerpo dormido que tenía que salir a la luz y salió.

        Si amados, porque como revela el apóstol en los versos 21-22 todo esto ha sido de la misma manera. Leamos esa joya que nos revela esa grandiosa alegoría o misterio escondido; [21] Porque ya que mediante un hombre (el primer Adán o naturaleza de pecado donde todos los hijos fuimos imputados en la muerte o separación, fuimos separados o desconciliados o desglorificados de Dios) también mediante un hombre (el nuevo hombre Espíritu Cristo creado según Dios) resurrección de muertos, fuimos de igual manera imputados para ser unidos, reconciliados o glorificados de nuevo con Dios.

        Continúa revelando el apóstol Pablo: [22] Porque como en Adán todos mueren, (lo cual sucedió en un día al principio de introducir lo primero como creación natural) así también (de la misma manera que ocurrió con el primer Adán) en Cristo (el último Adán, el hombre Espíritu) todos serán vivificados, todos fuimos traídos a la vida Espíritu de nuevo, un grupo mediante resurrección y el resto en vida directamente en Cristo, cuando nos manifestamos en carne y sangre. En estos versos que cito del apóstol Pablo, las cosas eran en esperanza porque faltaba cumplirse el último tilde y jota de la ley, el juicio final de Dios sobre esa nación natural para darle paso a la nación espiritual, para darle paso a la ciudad de Jerusalén espiritual que bajó ya de arriba, para darle paso a los nuevos cielo y tierra que es la gracia o nuevo pacto en Cristo. 

        Cristo vino a ponerle fin al antiguo pacto para darle paso al nuevo pacto. Cuando Cristo vino, sacó tanto a la criada, la ley o antiguo pacto; como a su hijo, el pueblo natural de Israel, cuando le iban a quitar la leche a Isaac, cuando a la Iglesia en su infancia el apóstol le quitó el seno materno y la introdujo en la revelación de todos los misterios que habían estado ocultos. Recuerden que lo revelado por el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 4:21-28, es la revelación de la alegoría que se registró ocurrida en la casa de Abraham, según registra el libro de Génesis 21:8-13. Tanto el esclavo, Ismael, figura del Israel natural; como Agar su madre, figura de la ley o antiguo pacto, fueron echados fuera de la casa de Abraham, eso fue lo que ocurrió en el año 70. En cambio, la Iglesia o Israel Espiritual, estaba figurada en el hijo de la promesa, Isaac, figura del pacto eterno, y en quien sería llamada descendencia a nuestro padre Abraham.

            El apóstol Pablo le dijo a los hermanos de las primicias según registra la 2da. carta a los Corintios 11:2 lo siguiente: [2] os he desposado con un solo esposo.  Esto, el apóstol Pablo se lo dijo a los corintios por dos razones muy importantes:

  1. Porque los corintios siendo gentiles nunca estuvieron unidos a la ley, por lo que tampoco conocieron a Cristo en la carne, es decir bajo la ley. Por eso el apóstol le dijo en la 2da. carta  a los Corintios 5:16 que si a Cristo lo hubieran conocido en la  carne (vivir a Cristo conforme a la ley) ya no le conocían así, es la razón por la que nosotros no conocemos a nadie en la carne o en la ley o antiguo pacto. El apóstol les presentó a los corintios como al resto de los gentiles directamente a Jesús Cristo, el que resucitó de entre los muertos como Espíritu Eterno.

  2. Siendo que en medio de la iglesia entre los gentiles siempre hubo un remanente de Israel que estaba siendo unido a los gentiles como un solo pueblo, esos conocían en promesa al Mesías en la carne o a través de la ley y estuvieron casado por la ley a otro marido, ellos sabían que había un pacto añadido en Moisés hasta que llegara el deseado de las naciones. Por tanto el apóstol les revela y recuerda a ambos grupos que en el Espíritu solamente nos hemos desposados o unidos a un solo marido, Cristo.

Leamos ahora la porción donde el apóstol Pablo le revela y recuerda a los que conocían la ely que estaban en medio de los gentiles, lo siguiente de la carta a los Romanos 7:1-6

        [1] ¿O ignoráis, hermanos, porque a los que conocen la ley hablo, que la ley se enseñorea del hombre por todo el tiempo que vive? 2 Porque la mujer casada al marido que vive está sujeta por la ley; mas si muere el marido, queda desligada de la ley del marido.  [3] Por consiguiente, viviendo el marido adúltera será llamada si se allega a un varón diferente; mas si muere el marido, libre es de la ley, para no ser ella adúltera al haberse allegado a un varón diferente.  [4] Así que, hermanos de mí, también vosotros fuisteis muertos a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que llegaseis a ser vosotros de otro, del que de los muertos fue levantado, para que llevemos frutos para Dios. [5] Porque cuando estábamos en la carne, las pasiones de los pecados que son mediante la ley, actuaban en los miembros de nosotros para llevar fruto para muerte; [6] mas ahora fuimos desligados de la ley, habiendo muerto a aquello en lo cual éramos retenidos, de modo que sirvamos nosotros en novedad de Espíritu y no en antigüedad de letra.

        En la carta a los Romanos 7:1-6 el apóstol Pablo se dirigió a los que conocían la ley, a los hermanos de la iglesia de Corinto que eran de origen judío, a los cuales estaba uniendo como un solo pueblo conforme a su ministerio ordenado por Dios.  El apóstol Pablo les reveló que la ley se enseñorea del hombre, el primer Adán, mientras éste vive, pasando a hacerle una alegoría al ilustrarle por medio de comparar el matrimonio de un hombre con una mujer.

        Todos nosotros somos comparados con una mujer, la Iglesia. Los hermanos del antiguo pacto fueron comparados con una mujer, Israel, que estaba desposada con el Señor en el antiguo pacto, la ley. Por eso es que el apóstol Pablo declara que la mujer está atada a su marido mientras él vive por la ley, quedando libre de la ley del marido solamente si el marido muere.

        Jesús en los días de su carne representó al primer marido bajo la ley y murió, para que la mujer, la Iglesia, quedara libre de la ley del primer marido y se uniera a un nuevo marido, mediante la gracia del nuevo pacto en Cristo, el que resucitó. Cristo Jesús ya no muere ni se envejece, por eso su pacto es eterno y nada nos puede separar de Dios porque somos sin manchas ni arrugas delante de él, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 8:34-39. Estamos reconciliados con Dios para siempre, como nos revela y garantiza el evangelio de la gracia de Dios en lo revela do por el apóstol Pablo en la 2da. carta a los Corintios 5:18.

        Hermanos amados y bendecidos con toda bendición espiritual en el Espíritu Cristo en que vivimos y nos movemos, es una realidad, Dios mora en cada uno de nosotros, por eso somos sin pecado delante de él.  El Padre Eterno ya hizo morada en su santo templo que somos todos sus hijos primogénitos, una congregación de Espíritus miembros perfectos del cuerpo de Cristo.  Ese templo somos todos los creyentes que él escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo.

        El marido unido en una sola carne con su mujer, era uno de los misterio guardado desde el principio, profecía dada a través del primer Adán, ver el libro de Génesis 2:24. Ese es el misterio que el apóstol Pablo está revelando en la carta a los Efesios 5:31-32, el apóstol Pablo no estaba hablando del matrimonio en la carne y sangre que hacen un hombre y una mujer, sino en el matrimonio o unión eterna de un solo Espíritu perfecto como es Cristo con la Iglesia. Sí amados, eso era solamente una figura de Cristo y la Iglesia, unidos en un solo Espíritu. El apóstol completa la explicación de ese misterio en la 1ra. carta a los Corintios 6:17. Os recuerdo amados que en la gracia o nuevo pacto que es para el Espíritu, no hay judío ni griego; (gentil), ni siervo (esclavo) ni libre, NO HAY VARÓN Y HEMBRA; porque todos vosotros uno sois en Cristo Jesús, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas 3:28.

        Mientras los sacrificios de la ley nunca hicieron santos o perfectos a los que se acercaban a esos ritos, por lo que el pueblo de Israel nunca pudo siquiera acercarse a la fuente del lavacro o palabra revelada que limpia; Cristo con su obra perfecta ya realizada, nos hizo perfectos para siempre y ministros de este nuevo pacto, porque nos lavó en el lavacro en su palabra, así lo declara y revelando la porción que citamos de la carta a los Efesios 5:26.

        Todos ahora podemos acercarnos a Dios directamente, porque somos santos, sin manchas y sin arrugas delante de él, como él mismo nos declaró, perfectos y sin pecado de acuerdo al nuevo pacto, como nos ha sido revela por el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 8:12 y 10:14-18.

        Cristo, el Padre Eterno y Dios Fuerte o Todopoderoso, mora en todos sus escogidos desde que sacrificó una sola vez y para siempre su Cordero que quitó el pecado del mundo de sus hijos en el día de la Pascua en el año 30.  Primero en esperanza o posición como vivía el apóstol y los hermanos de esos días porque vivían en fe esperanza, y ahora en posesión de la herencia desde el año 70 en adelante, cuando por medio de la señal del hijo del hombre, la destrucción de Jerusalén y su templo, Cristo le mostró a la Iglesia que vino por segunda vez para completar la expiación de su pueblo, quitar la ley o antiguo pacto para que su pueblo fuera libre del pecado y de la muerte espiritual.

        Para eso Cristo vino a confirmar el nuevo pacto en su sangre, para perdón de los pecados, salvación y vida eterna de todo su cuerpo. Para que los miembros de su cuerpo manifestados en carne y sangre reinemos en su gloria delante de él, como nos revela el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 8:30  cuando dice: [30] A los que predestinó (Has escudriñado diligentemente ¿qué significa la palabra predestinó?  ¿Quién decide el futuro del predestinado, el que lo predestinó, en este caso Dios, o el predestinado en este caso nosotros los hijos? ¿Puede un hijo acaso traerse a la vida en alguna manera o es el Padre quien engendra?)

        Continúa revelando a esos también los llamó (Si se fijan amados, Dios es el que llamó al mismo grupo que primero predestinó, ni uno más ni uno menos, a todos los hijos que nos hemos tenido en común manifestarnos en carne en este orden relativo. ¿Acaso en algún lugar dice que fueron los hijos los que llamaron a Dios y le reclamaron tener un libre albedrío para decidir ser salvos?) y a quienes él llamó, también justificó, a quienes el justificó, él también glorificó.  Si se fijan amados hermanos, él refiriéndose a Dios, fue quien nos justificó, porque nadie podía ser hallado justo delante de Dios por su propio esfuerzo o trabajo, por sus obras que eran en la carne, según la ley. Recuerden que no es por obras para que nadie se gloríe, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 2:8-10.

        La última oración dice que él también nos glorificó, que es lo mismo que decir nos reconcilió consigo mismo de nuevo. Conforme a la revelación del apóstol Pablo, Dios primero nos tenía en el paraíso en su gloria en el orden absoluto o del Espíritu, luego nos sacó de lo absoluto y no entró en este orden relativo que creó y nos encerró en un cuerpo de pecado en el primer Adán, por lo que fuimos destituidos o como exactamente dice en el texto original griego fuimos hallados faltos de su gloria.

        Desde antes de la fundación del mundo, el Padre Eterno, el Padre de los Espíritus hechos perfectos para siempre, nos dio promesa de redención por medio del pacto eterno que es desde antes de los tiempos de los siglos, carta a los Hebreos 13:20. Para traer ese pacto como lo último en este orden relativo, el mismo Dios se hizo hizo visible y participó de carne y sangre a semejanza de nuestra naturaleza pero sin pecado, sin ser imputado en la naturaleza del primer Adán.  Tomó el pecado o naturaleza de carne de todos nosotros sobre él en la cruz, pagando el pagaré de la ley, porque la paga del pecado era la muerte, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 6:23. Luego nos transfirió su justicia al libertarnos del pagaré de la ley y nos volvió a su gloria, porque como dice la segunda parte del verso citado: mas el don de Dios vida eterna en Cristo Jesús el Señor de nosotros.

        Dios conforme a su propósito, nos dejó al primer Adán u hombre viejo enterrado en el tabernáculo de barro. Ese es nuestro aguijón mientras vivimos en este planeta, para que no nos gloriemos desmedidamente en nosotros mismos.  Esto es así hasta que salgamos de los tabernáculos de barro y seamos manifiestos en el orden o dimensión absoluta en la gloria de Dios de nuevo, donde vivimos en el orden puramente espiritual, en nuestro cuerpo espiritual que ya poseemos, pero que no podemos ver en este orden o dimensión relativa por medio de la nuestros sentidos naturales ni de nuestra alma muerta o separada de Dios para siempre, por lo que tenemos que vivirlo en el Espíritu mediante fe ya consumada por Cristo. Todo esto realizado conforme a su propósito para su gloria. Bendecidos, que grande es la gloria de nuestro Dios y Padre, Jesús Cristo.

Por eso podemos ahora decir, ABBA Padre, bendito es tu nombre por la eternidad, gracias por hacer vigente el nuevo pacto aquí en el nuevo cielo y la nueva tierra, los lugares celestiales en que vivimos por el Espíritu, donde nos hiciste sin manchas y sin arrugas para la gloria de tu nombre. Amén.

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