SOMOS SIN MANCHAS Y SIN ARRUGAS DELANTE DE ÉL


PARTE 3


 

Ramón Urbáez, Sobre-Edificador por la gracia de Dios, sobre el fundamento puesto por el apóstol Pablo, el cual es Cristo, 1ra. Carta a los Corintios 3:10. Hermano en la común fe, a todos los santos ya bendecidos en el creyente Abraham por medio de su simiente, la cual es Cristo, Carta a los Gálatas 3:8, 9 y 16, con toda bendición espiritual, Carta a los Efesios 1:3, trasladados y sentados en los lugares celestiales, y hechos perfectos con un sólo sacrificio para siempre, Hebreos 10:14.  Gracia y paz a cada uno de vosotros de Dios nuestro Padre y Señor, Jesús Cristo.  El propósito de este estudio, es que los santos, dioses, reyes y señores que están en la tierra,  entiendan y crezcan en todas las cosas espirituales, la sabiduría de Dios en misterios, la sabiduría oculta y predestinada, preparadas para nuestro peregrinar y reinar en vida en este planeta desde antes de los siglos, conforme nos revela el apóstol Pablo en la 1ra. Cara a los Corintios 2:6-9.

Que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo.

 Carta a los Colosenses 4:3


           En la parte 2 de este tema, nos quedamos haciendo un resumen por medio de la lectura de la porción de la carta a los Hebreos 9:6-11, que nos muestra que la ley o antiguo pacto era imperfecto, porque nada podía perfeccionar y que estaba puesto hasta que llegara el tiempo de renovar todas las cosas, las cuales ya fueron sustituidas y renovadas por el tabernáculo perfecto, la Iglesia en el Espíritu, todos los creyentes que somos el cuerpo de Cristo, aún desde aquí en la tierra.

La ley o antiguo pacto era una sombra del nuevo pacto como nos revela el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 10:1 Porque una sombra teniendo la ley de los bienes venideros, no la imagen misma de las realidades, cada año con los mismos sacrificios que ofrecen incesantemente nunca puede a los que se acercan perfeccionar.  En los días del apóstol Pablo, él llamaba “bienes venideros” al nuevo pacto en su plenitud, la imagen real misma que ya tenemos con nosotros; porque los sacrificios de la ley se hacían todavía continuamente como lo indica la palabra “incesantemente” que nunca podía cumplir con el propósito de Dios: reconciliarnos de nuevo consigo mismo en el Espíritu ya que ese culto era para la carne.

            En la carta a los Hebreos 10:14 el apóstol Pablo nos continúa revelando y confirmando que por medio de un “mejor sacrificio” o “mejor pacto”, que es en el que ahora vivimos todos los hijos de Dios desde el año 70 en adelante, fuimos hechos perfectos una vez y para siempre mediante un solo sacrificio.

            Los que se acercaban al culto del antiguo pacto, manifestaban la inhabilidad de esos sacrificios de remover el pecado. El resultado inevitable del pacto de la ley era que nadie podía entrar por el camino nuevo a la presencia de Dios, o lo que es lo mismo, Dios no habitaba en ningún hombre hasta que el camino nuevo fuera preparado, inaugurado y abierto para permitir el paso. Pero gloria sea a nuestro Padre Eterno, Señor y Dios, Jesús Cristo, que en este nuevo y mejor pacto, él mismo preparó todas las cosas y ahora podemos entrar a su presencia, es decir, ahora Dios mora en cada uno de nosotros sus hijos, porque somos sin pecado, sin mancha y sin arruga delante de él, delante de su presencia. Esto es así porque Dios no mora en el pecado; si decimos que Dios mora en nosotros, tenemos que creer por fe que somos sin pecado delante de él, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 8:2-11.

            Leamos ahora en la carta a los Hebreos 10:16-22

[16]  Este es el pacto que pactaré con relación a ellos después de los días aquellos (después de la última generación del antiguo pacto en transición con la primera generación del nuevo pacto, el corto período de tiempo relativo desde la muerte y resurrección de Cristo en el año 30 hasta la destrucción de Jerusalén y el templo en el año 70) dice el Señor: dando leyes de mí sobre los corazones de ellos y sobre las mentes de ellos las inscribiré, [17]  y de los pecados de ellos y de las iniquidades de ellos de ningún modo me acordaré ya más.  [18] Y donde hay remisión (perdón o reconciliación) de estas cosas, ya no más ofrenda hay por el pecado,  [19] Teniendo, pues, hermanos, confianza para la entrada en el lugar Santísimo por la sangre de Jesús,  [20] el cual nos inauguró camino recién abierto y vivo a través del velo, esto es, de la carne de él, [21] y un sacerdote grande sobre la casa de Dios,  [22] acerquémonos con genuino corazón en plena seguridad de fe, habiendo sido rociados en los corazones de conciencia malvada y lavados en el cuerpo con agua pura.

            Fíjense que nos recuerda el apóstol Pablo que el Señor puso ya su ley del Espíritu en nuestros corazones, en nuestras mentes, lo que es sinónimo de nuestro hombre espiritual nuevo creado según Dios; siendo la revelación más bella, gloriosa y grandiosa, que no se acordaría ya más de nuestros pecados e iniquidades. Esto es así porque donde hay remisión o perdón de los pecados, ya no hay mas ofrecimiento que hacer. Es la razón por la que Jesús murió una sola vez y con ese sacrificio único y perfecto, nos hizo a nosotros perfectos para siempre, pero esto es en el hombre espiritual o interior.  Esa es precisamente la gloria del cielo y el poder del evangelio, porque el sistema religioso sigue enseñando a los creyentes niños a verse en pecado. La gloria es que Dios es el que no se recuerda ya de nuestros pecados e iniquidades, por eso somos sin pecado delante de él. El poder del evangelio es que te hace vivir reinando en vida esa realidad aunque estés en un vaso de barro aparentemente débil y frágil. Es ante la vista de Dios que somos santos, sin mancha, sin arruga y perfectos como revela y enseña el apóstol Pablo en la carta a los Colosenses 1:20-22.

            En ningún lugar de la revelación o evangelio de la gracia del nuevo pacto dice que Dios salvó al hombre de afuera o carnal y el cuerpo de barro, los cuales nos dejó para cargar durante nuestra peregrinación, para que seamos para su gloria. Recuerden que el tesoro es el evangelio de poder que el Espíritu de Dios ha guardado en estas vasijas de barro, como revela el apóstol Pablo en la 2da. carta a los Corintios 4:7.  Precisamente el apóstol nos amonesta a hacer morir todo lo terrenal que hay en nosotros, que se manifiesta por medio de las obras muertas de la ley, como revela el apóstol Pablo en la carta  los Colosenses 3:5.  Esperar por algo mejor que tener a Dios morando en nosotros como ya es una realidad, por lo que somos perfectos, cosa que se vive por el Espíritu y por fe, es declarar que la justicia obrada por Cristo es insuficiente.

            El hombre carnal o niño en Cristo no tiene ningún problema en creer que fue muerto en el primer Adán, lo que quizás desconozca es que eso es equivalente a haber sido puesto bajo la potestad del diablo, de quien por ignorancia cree que todavía tiene poder sobre él. Pero precisamente, todo eso fue lo que vino a deshacer Cristo, lo cual tenemos que creer ahora mediante fe consumada de igual manera. Por eso es que nos dice el apóstol Pablo que ahora tenemos confianza de entrar por el camino nuevo que estaba recién inaugurado en esos días, por lo que el Señor entró una vez y para siempre en los santos, como nos revela de igual manera en la carta a los Hebreos 9:12, por lo que somos sin mancha y sin arruga delante de él.

            Esta entrada sólo puede hacerse a través del velo de la carne de Jesús. ¿Te has hecho alguna vez el siguiente comentario sabio? ¿Qué en realidad significan las palabras: a través del velo, esto es de su carne?  Has escudriñado en la revelación del apóstol que significan esas palabras, ¿qué fue lo que en realidad sucedió con el cuerpo de carne que fue Jesús de Nazaret? De acuerdo a la revelación sólo hay una explicación, como lo figuró el cuerpo de Moisés cuando murió. Jesús de Nazaret fue quitado de este orden pero sin ver corrupción. Recuerden que en una ocasión Cristo en los días de su carne dijo: ¿quién me acusa de pecado?  En él no hubo nunca corrupción y su cuerpo después de la muerte por el pecado resucitó y no vería corrupción, ¡despierten bendecidos!  El cuerpo de Cristo que no vería corrupción somos los creyentes, porque somos perfectos y sin manchas ni arrugas desde ahí en adelante luego de reconciliados delante de él.

Recuerden las palabras de Pablo nuestro apóstol, que nos revela en la carta a los Colosenses 2:11-13, que todos fuimos circuncidados en la muerte de Cristo al quitar el cuerpo de carne. En la circuncisión natural como sombra, cuando se quitaba la carne del prepucio del hombre, nunca más fue parte del cuerpo.  Esto simbolizó, que nuestra naturaleza de carne (el alma viviente que era el primer Adán y donde morimos espiritualmente para con Dios) y la sangre (el tabernáculo de barro) no heredaron en el reino de Dios, 1ra. carta a los Corintios 15:50.  Fueron quitados delante de Dios una vez y para siempre, nunca mas tendrían parte en este reino del nuevo pacto, porque como te dije anteriormente, no heredaron en el reino de Dios.

Esa es la razón por la que hubo necesidad de un segundo Adán, que es un Espíritu vivificante o de vida, así como de una nueva creación, a diferencia del primer Adán que era terrenal y era solamente un alma viviente, como revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:45. Digo era, porque ya el primer Adán está muerto para siempre delante de la presencia de Dios. Les recuerdo de nuevo, fue necesario una nueva creación como es revelado en la carta a los Gálatas 6:15 y en la 2da. carta a los Corintios 5:17.

El tabernáculo de barro que el apóstol señala como la sangre, también fue excluido de la presencia eterna, porque la resurrección, es en el Espíritu o  nuevo hombre u hombre interior creado según Dios. Recuerden de nuevo lo que el mismo Cristo en los días de su carne le dijo a la mujer Samaritana: Dios es Espíritu y es en Espíritu en que le serviríamos.  Recuerden también lo que Jesús le dijo a Nicodemo: lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, Espíritu es.  Hermanos, es el Espíritu el que da vida, la carne u hombre viejo que ahora está enterrado en el cuerpo o tabernáculo de barro,  para nada aprovecha como dijo Jesús, porque las palabras de Cristo son Espíritu y son vida, como registra su biografía escrita por Juan 6:63. Es en el Espíritu donde Dios nos resucitó y somos sin manchas y sin arruga delante de él.

El apóstol en su carta a los Efesios 1:3-4 nos revela la santidad que tenemos delante de Dios cuando dice: [3] Bendito sea el Dios y Padre nuestro el Señor Jesús Cristo, quien nos bendijo (fíjense que dice “quien” en singular, porque el Dios y Padre nuestro es Cristo. El verbo “bendijo” está en tiempo pasado y en singular porque Dios y Cristo es la misma cosa; ya estamos bendecidos, es una promesa que ya fue cumplida para todos los creyentes.  Era algo que ya estaban disfrutando en posición los hermanos de las primicias de la Iglesia en los días del apóstol Pablo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales o del Espíritu.

 ¿Con cuánta bendición ya estábamos bendecidos? ¿Con una pequeña porción de la bendición? ¿Se quedó acaso un poco de la bendición afuera? ¿En qué consistió la bendición? ¿En cosas naturales y temporeras, como riquezas, bienestar, posesiones, salud natural, etc.? Por supuesto que no, sino que en toda la obra del nuevo pacto hecha por el Señor Jesús Cristo a nuestro favor.  Que ya somos salvos y perfectos en Cristo, sin mancha, sin arruga y resucitados delante de su presencia, porque Dios no es Dios de muertos sino de vivos.

¿Con qué tipo de bendición nos bendijo el Padre Eterno delante de si mismo? Por supuesto que con toda bendición espiritual. ¿Para quién fue esta bendición? Conforme a las palabras del Señor, no fue para nuestra carne, el primer Adán u hombre viejo y su cuerpo de barro, ni para posesiones naturales, dinero y cosas por el estilo como enseña casi todo el sistema religioso. Fuimos bendecidos con toda bendición espiritual para nuestro Espíritu miembro del cuerpo Cristo, fuimos bendecidos en el nuevo hombre creado según Dios en el segundo Adán que es Cristo, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Efesios 4:24.

Continúa revelando el apóstol Pablo finalmente en esa porción citada: en los lugares celestiales en Cristo. Los lugares celestiales pertenecen al tercer o nuevo cielo y tierra que profetizó el Rollo Profético llamado Apocalipsis. Es el orden del reino de Dios o nuevo pacto, porque el primer cielo y su tierra que ya pasaron mencionado también por Apocalipsis, fue ese mundo que ya terminó, fue el orden del antiguo pacto que terminó con la destrucción de Jerusalén y el templo en el año 70. Creo que más claro no se puede hablar, pero éstas enseñanzas del apóstol Pablo son solamente revelación para todos los hijos de Dios que creen el evangelio de la gracia de Dios para justicia en Cristo que están por todas las naciones del mundo.

Fíjense que hemos sido bendecidos en los lugares celestiales, donde Dios mora en cada uno de nosotros, a diferencia del viejo cielo y la vieja tierra de la ley ya finalizada en el año 70, dónde Dios no moraba en ningún hombre, sino en una tienda temporera hecha a mano hasta que llegara el tiempo de renovar todas las cosas como ya sucedió. Ahora en el nuevo pacto los hijos de Dios somos el templo espiritual o morada de Dios en el Espíritu por toda la eternidad, somos conforme al segundo Adán que es Cristo, la verdadera creación. La primera creación en el primer Adán, que era figura del que había de venir, como revela el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 5:14, fue para dar a conocer la gloria y poder de Dios al llevarnos de nuevo a la gloria de la que fuimos destituidos o hallados faltos por causa de haber sido entregados a la serpiente antigua, por haber sido entregados al destruidor que nos destruyó como proféticamente nos enseña el profeta Isaías 54:16.

Fíjense que nos revela el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:47-49 que los que son conforme al primer Adán son terrenales, andan conforme al antiguo pacto. En cambio los que somos como el segundo Adán que es Cristo, somos celestiales o santos así como él es santo y caminamos y actuamos por gracia solamente en el nuevo pacto, sin ninguna obra de la ley.

Continuemos leyendo el verso 4 de la cita de la carta a los Efesios capítulo 1 que veníamos leyendo: [4] Según nos escogió en él desde antes de la fundación del mundo. Bendecidos, fíjense que todos fuimos escogidos por Dios en Cristo aún desde antes de la fundación de todo este orden natural, desde antes de los dos mundos ya terminados, tanto el que culminó en el diluvio de agua en los días de Noé, como el de la ley o antiguo pacto que culminó con fuego en la destrucción de Jerusalén y su templo levantado en piedras, ya nuestra vida o Espíritu estaba en Dios escondida en Cristo, como revela también el apóstol Pablo en la carta a los Colosenses 3:3.

Nosotros éramos partícipes de la gloria de Dios porque nosotros somos el cuerpo espiritual de Cristo, lo podemos comprobar en la revelación del apóstol registrada en la carta a los Romanos 3:23-24.  En esa revelación, el apóstol nos dice que fuimos en un día destituidos o hallados faltos de la gloria de Dios, porque fuimos puestos en el primer Adán, el destruidor para destruir en quien todos fuimos muertos.  Pero gloria sea al Padre Eterno porque fuimos de igual manera en un día justificados gratuitamente por su gracia, para Dios mostrar todos sus atributos: su misericordia, su ira, su poder, su justicia, su sabiduría, su amor, etc., como había profetizado por medio del profeta Zacarías 3:9. Desde ese día, el Señor es Rey sobre toda la tierra, es uno y uno es su nombre: Jesús Cristo, como también había profetizado de antemano por medio del profeta Zacarías 14:9.

Por medio del profeta Oseas 6:2 dijo: Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.  Esto nos es confirmado por el apóstol Pablo en la 1ra. carta a los Corintios 15:4 cuando dice:  y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras.  Fíjate que ese precisamente es el capítulo donde el apóstol Pablo nos revela la mayor porción concerniente a la resurrección.

Todo esto se resume ahora en este tiempo en que vivimos, a que por un solo sacrificio realizado por Cristo, que se vistió de carne en Jesús de Nazaret, como Cordero de Dios perfecto y sin mancha, nos hizo a nosotros perfectos, santos, sin mancha y sin arruga delante de su presencia, porque somos su morada en el Espíritu.

Gracia y paz sea a todos los santos que han alcanzado madurez para entender la revelación y puedan reinar aquí en los lugares celestiales, antes de ser desvestidos de estos trajes temporeros en la relatividad de los visible y seamos manifiestos de nuevo en plenitud en la gloria del tercer cielo en que estábamos..

De igual manera, es nuestra oración a nuestro Padre Eterno Jesús Cristo, para que los niños en Cristo que todavía andan en la carne, es decir, en la ignorancia de la revelación de su gracia y caminan en las obras de justicia del antiguo pacto, sean madurados por la revelación del evangelio.  También oramos para que sus ojos sean alumbrados y entiendan que tienen que reinar en vida por el conocimiento de la revelación. Que entiendan que ya están trasladados en el Espíritu en los lugares celestiales, pero que por ser niños, siguen hablando como niños, juzgando como niños y actuando como niños. Que entiendan que ya son herederos con la herencia ya repartida a cada uno, pero que mientras sean niños en nada difieren de un esclavo, por lo que se comportan como esclavos aquí en las afuera de la casa del Padre, aún cuando son sin manchas y sin arrugas delante de él.

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